viernes, 8 de enero de 2021

EL BICHO

                                                                              

                                                                         S/T- R. de Lege

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimiera non si commove all’ira nel generoso cor………………………………………………...........................................................................................................................................................................................................................................................Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira nel generoso cor……………...............................................................................................................................................................................................................................................................................................................Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira nel generoso cor (El león que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve, su corazón generoso no lo incita a la ira). ¿Quién me llama? ¿Quién insiste en despertarme? Dejadme en paz, en esa paz que yo no supe dar, que no supe crear. Hace algún tiempo, sin concretar porque para mí éste carece de medida, oigo una voz que me reclama, que intenta despertarme de este letargo en el que la justicia de los hombres me ha sumido; no reprocho nada, bien merecido lo tengo, han sido demasiado generosos conmigo; la pena capital habría sido lo justo, todo habría terminado y esta perpetua agonía ya no existiría, mi tiempo habría caducado y yo con él, sería un recuerdo, un recuerdo no, una pesadilla cuyo principal mentor fui yo y de la que hice partícipe a parte de la humanidad……………Que nadie me llame, no existo, me niego a existir, no soy merecedor de la existencia, de ésa que convive y armoniza entre los seres humanos; fui, soy y seré una pesadilla, además de las gordas y como tal habita en el sueño, por lo tanto quiero seguir inmerso en él; es el lugar destinado a los tiranos: vivir su propia pesadilla, un espacio irreal en donde tiene cabida toda clase de excesos y arrastradas por las cegueras de éstos las limitaciones humanas son aplastadas, ignoradas……………No quiero seguir hablando, ya hablé demasiado y con mi palabrería engañé a todo ser vivo. Como mejor estaría es callado. Vivo en esta celda desde hace tiempo, es una celda que pertenece a una cárcel de alta seguridad, indudablemente el lugar idóneo para un peligro público como yo; todos los que aquí moramos somos de la misma calaña, de una especie innombrable, seres nefastos que hemos acarreado desgracias por donde hemos pasado; sé que soy el peor de todos ellos, además con mucha diferencia, soy la “joya” que aquí se custodia con más esmero, un ejemplar único e irrepetible digno de estudio, el bicho principal de una fauna que nunca debió haberse originado. Por antonomasia soy “el bicho”. Mi celda está apartada de las demás, en un pabellón distante, alejado de todo contacto con el resto de reclusos; soy observado día y noche por guardianes y cámaras; me da la sensación de que cualquier cosa que hago es reparada, analizada al máximo, pero yo no hago nada, me limito a vegetar, las funciones mínimas de una existencia: comer, dormir…y poco más. Comer, como poco, dormir mucho, duermo en mi pesadilla. A veces, a lo lejos oigo voces imperceptibles; lo normal es permanecer en silencio y en soledad. A decir verdad lo agradezco, después de haber vivido en el tumulto, en la apoteosis y gritos de delirio, en la puesta en escena de mis discursos y todo lo que éstos ocasionaban, un tiempo de paz me lo merezco…No, no, no, hasta ni eso, no me lo merezco, yo no merezco nada y lo que hago al pronunciar la palabra “paz” es mancillarla; no debería existir en mi boca, de por sí representa el logro del que cualquier mandatario podría sentirse orgulloso, éste no es mi caso. Vivo en ese silencio y soledad que me proporciona el sueño o un duermevela o un atontamiento…o…o…o…un alelamiento. Un a-le-la-mente. Un a-le-lo-mente. Un a-le-li-mente. Un a-le-le-mente. Un a-le-lu-mente. Mi mente se alela. Soy demencial, lo sé. No quiero que nadie se compadezca de mí, no lo merezco, ya me basto yo para eso. Llevaba tanto tiempo sin pronunciar palabra. ¿De dónde proviene esa voz que me llama? Nunca nadie se había dirigido a  mí cantando, con tanta dulzura y sosiego. El contacto con seres humanos, por lo que a mí respecta, es nulo; me refiero a una comunicación verbal: intercambiar frases, saludos o alguna fórmula de cortesía…con los guardianes no existe, es un lenguaje de signos, gestos e insinuaciones que adivino; nunca han tratado de hablar conmigo ni yo con ellos, lo deben tener prohibido, soy un proscrito. Del mundo exterior no recibo visitas, mis más allegados reniegan de mí, huyen despavoridos ante mi proximidad; antes en mi apogeo no me dejaban ni a sol ni a sombra, me camelaban, me ensalzaban y casi ni a solas podía mear sin estar rodeado de un séquito de ayudantes y aduladores; no me hacen falta, no nos hacemos falta y entiendo que me repugnen; el tiempo y la cordura me han desenmascarado, han sacado a flote mi política nefasta, mis engaños y con ellos mis crímenes; el pueblo se ha despojado de aquella venda que cubría sus ojos y ha visto con claridad “el bicho” que conducía sus destinos. Nunca quise a mi esposa, nunca quise tener hijos, en el fondo de mi psique sabía que yo no era trigo limpio, disfrazaba mi vileza con la apariencia del triunfo, de ahí la decisión secreta de no procrear, de no transmitir a mis vástagos la maldad que en mí subyacía. Mi esposa fue otra víctima, sometida a mis caprichos formaba parte del delirio, de esa pareja ideal que representábamos porque nuestras apariciones públicas eran auténticas actuaciones, rebosábamos felicidad, deslumbrábamos con nuestra pose, la luminosidad que desprendíamos desde nuestro podio cegaba a las multitudes, pero una vez que el telón  se bajaba y nuestra imagen no se  proyectaba hacia un auditorio sino uno ante otro, esa pareja se enfrentaba a la lasitud, a un rápido distanciamiento, hasta que uno perdía de vista al otro y cada cual volvía a sus andadas, la función había concluido. No sé cómo me aguantó, en realidad yo solamente amaba el poder, esa avidez de querer siempre más y más, el nunca estar satisfecho con lo logrado, pero la avaricia rompe el saco, es verdad. Aquí adentro el tiempo pasa según mis estados de ánimo, a veces lento y otras rápido, impera lo primero; la luz que penetra por la ventana me indica las fases del día, más o menos por su intensidad calculo si puede ser la mañana, el mediodía o la tarde, llegada la noche todo se convierte en boca de lobo, con la madrugada algo en mi interior se reaviva al estar en ciernes el día, pero una vez que soy consciente de mi ser y mis circunstancias la apatía reaparece y me dejo llevar por el tedio. En esta prisión hay un gran patio interior, casi todos los días, si el tiempo lo permite, me conducen a él para caminar y agilizar las extremidades; siempre estoy solo, los otros reclusos salen a otras horas, no puedo contaminarlos. Mi caminar es pausado como si portara sobre los hombros una carga pesada, si bien externamente no se nota ese fardo, mi conciencia sí acarrea el peso de mis crímenes; cabizbajo arrastro los pies, me cuesta levantarlos y cada paso que doy es como si en el intento impulsara el peso de mis víctimas. Soy un hombre cargado de  muerte. Soy un “bisho” cargado de muerte. Soy un “bisho” “cagado” de muerte…Ya está bien, quiero dormir, olvidarme de la realidad, volver a mi pesadilla; no debería haberle hecho caso a esa voz que me despertó, tampoco sé a ciencia cierta si estaba dormido porque a veces y en mi persona la realidad y el sueño se confunden; aparte de la insistencia y la dulzura de la voz al captar la palabra “león” algo en mi interior se sobresaltó, en otro tiempo habría rugido, ahora ni fuerzas tengo y si algunas quedan son para evocar recuerdos. Durante mis años de poder al principio me mostré suave y conciliador, más tarde mostré las garras y me convertí en un fiero león, despiadado, usurpador de almas y bienes, en mis ideas políticas me vi apoyado por una serie de fanáticos que ante cualquiera de mis delirios veían el cielo abierto para llevar a cabo aberraciones que se incubaban en sus mentes enfermas. El poder, la enorme avaricia que éste contiene, hizo borrar de mi mente criterios humanitarios, olvidando éstos, y dejándome llevar por un descontrol que rayaba en la locura……………..quiero dormir, no quiero seguir hablando………………………………………Leon, ch’errando vada  per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira mel generoso cor.( El león que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve, su corazón generoso no lo incita a la ira)…¡otra vez! Esa voz me conmueve, agita mi alma…No merezco usar ese término, yo carezco de alma, soy un desalmado, un “des-almado”, ¿un “des-armado” también?, ¿yo un desarmado? Jamás, siempre estuve rodeado de toda clase de artilugios destructivos, ¡cómo me gustaban!; mi ejército estuvo muy bien provisto de los últimos avances en armas mortíferas; y yo, personalmente, eso era mi debilidad, siempre portaba una. Según las circunstancias la hacía visible o no, me daba seguridad. El temor a un atentado rondaba mi persona constantemente, aparte de mi séquito de guardaespaldas, el llevar conmigo un arma formaba parte de mi ser, podía ser como la extensión de un miembro, en este caso de un brazo, al cual recurrir en situación de peligro. Siempre fui muy belicoso y nada mejor que un arma para manifestar mi agresividad. Recuerdo de pequeño cuando estaba en el colegio y había disputas o peleas, allí estaba yo enzarzado en ellas, sinceramente no sabía cómo, pero allí estaba en pleno fragor de la batalla; era como algo premonitorio de un futuro que se avecinaba. ¡Quién me vio y quién me ve! Los años han pasado, mis fuerzas han mermado y una mirada hacia el pasado hace tremer mi cuerpo y mi conciencia…a veces me he preguntado si la he tenido…Cambiemos de tema, decía que era un “des-almado”, hablar de alma en mi caso me da escalofríos, prefiero emplear el término “psique”, es más científico y no tan humano…La voz que me canta habla de un tal León que al ver a un corderillo, su corazón generoso no lo incita a la ira…  ¡Anda ya! No lo dirá por mí; mi corazón de generoso no tiene nada, ni un pelo, y que no me hable de corderillos porque me he zampado a miles de ellos y me quedo corto en la cantidad…estas últimas frases las he pronunciado con orgullo, aún sigo siendo cruel. Mi celda es cuadrada igual que el cuadrado que proyecta la luz sobre la pared al entrar por la ventana. Me pongo de espaldas a ésta apoyado contra el muro y me siento en el suelo extendiendo la manta de la cama que me aísla del frío de la piedra. Cuando me canso de estar en esa posición me acuesto o me acurruco; el hacer de mí una especie de bola me agrada, oculto el rostro entre mis manos y esto me induce al sueño o a reflexiones sin sentido entremezcladas con angustia y opresión del corazón, me sobresalto y respiro profundamente, la sensación de ahogo, en estos casos, nunca me abandona; mi psique vive en un constante tormento, por muy tranquilo que parezca, continúa trabajando, aunque no sea a pleno rendimiento siempre está maquinando algo. Muchas veces por la noche, cuando creo que es hora de irme a la cama, prefiero quedarme aquí sobre esta manta y me acuesto sobre ella, de repente me despierto sudoroso, angustiado y me doy cuenta de que ya no estoy en el lugar donde había quedado; inconscientemente y en mis pesadillas anduve reptando por este suelo de piedra, arrastrando mi cuerpo y con él todos sus remordimientos. De esta celda han retirado objetos contundentes con los que pudiera hacerme daño, todo está pensado para que yo no me agreda; la idea del suicidio alguna vez ha pululado por mi mente, pero en mi caso no me parece factible; el suicidio es huir de algo o de alguien, yo no tengo que huir de mí mismo: si soy un bicho, fui, soy y seguiré siéndolo; si soy una pesadilla otro tanto de lo  mismo; el suicidio es huir de la realidad y yo ¿qué realidad tengo? ¿En qué realidad vivo? Fui una realidad, ahora soy un mal sueño, para ser más plurilingüe, como demostraba en mis discursos con la facilidad y el dominio que tenía de lenguas extranjeras, pura farsa, diría que soy “un cauchemar”, “ein Alptraum”, “un incubo”, “a nightmare”; ¡qué aliviado me quedo después de pronunciar estas palabras esforzándome en su pronunciación correcta! Esa pronunciación que me trae recuerdos de sus respectivas naciones y la codicia de poseerlas. Poseer, poseer, poseer, poseer, poseer, poseer, poseer, poser, poser, poser, poser poser, pues ser, pues ser, pues ser…¿Qué ser fui yo? Ansiar seres y tierras y todo lo que eso conlleva de muerte y destrucción, ciudades arrasadas y familias aniquiladas…He sido una mancha negra en la historia, cada vez que se pronuncia mi nombre, antes de que éste se manifieste surge un pozo de silencio en donde yacen todos mis horrores y de él surge un nombre, el nombre de un innombrable; para el futuro y después de los años ya pasados de mi mandato continúo siendo la representación del mal, mi figura, mi persona, una foto mía son la presencia del maligno, del bicho…Dentro de mí ¿no habrá ni un ápice de bondad? Sí, así es, si la naturaleza o los dioses no me dotaron con la más mínima porción de esta cualidad, no debería haber nacido, ¡cuántos habrán dicho esto mismo!, mi madre debería haberme abortado, ¡de haberlo sabido!... Pero yo sé que ella no lo haría, no, seguro que no, me adoraba, de todos mis hermanos yo era su niño mimado, sabía distribuir su cariño entre todos nosotros, sin embargo, hacia mí mostraba una atención especial, una protección porque era consciente de mi frágil salud y sin su ayuda no habría salido adelante…Falleció cuando yo había cumplido la mayoría de edad, me alegro de que no conociese mi transcurso de vida; al principio se habría ilusionado con mis éxitos, pero una vez que la verdad aflorara y mis artimañas saliesen a la luz la vergüenza la habría matada, mejor así, descansa en paz…¿Habré querido alguna vez a alguien? Sinceramente no, un no rotundo, tanto de mi padre como de mis hermanos me aparté un vez que mi carrera política había empezado, ni yo ni ellos manifestamos un acercamiento mutuo; mi esposa me abandonó cuando estaba en mi declive político, hizo muy bien, no nos aguantábamos, solamente la utilizaba como florero, como algo bonito para hacerse una foto; carecíamos de vida conyugal, al principio de nuestro matrimonio nos habíamos “tocado” algo, nunca existió pasión entre nosotros, al cabo de poco tiempo nos enfriamos y nos convertimos en dos témpanos de hielo el uno para el otro, es decir, un paripé. De mis colaboradores no confiaba en ninguno, si bien nos mostrábamos como en familia, la sospecha de la traición  se presentaba en mi mente conteniendo mi intimación; mantenía las distancias y mostraba cierta camaradería porque sabía que dependía de ellos, éramos arpías de la misma ralea; no pongo en duda de que algunos me admiraban, lo notaba, pero aun así, mi afecto se contenía…por lo que he llegado a la conclusión que no he sabido querer, algo tan innato en el ser humano y ni siquiera me he enterado a lo largo de mi vida; he comprado y vendido, he traicionado, he engañado, he matado, he experimentado las sensaciones más potentes y más viles y lo más elemental que es el cariño ni me ha sacudido, ¿de qué me ha servido el poder si no he saboreado el pan de cada día? Y todo esto me lo cuestiono al final de mi vida cuando debería haber sido el buque insignia de mi existencia; si hubiera sido así, no habría sembrado tanta destrucción a mi paso…La boca se me ha llenado de amargura, tampoco sé por qué estoy hablando tanto, llevo años sin decir nada; hubo un tiempo en que los medios de comunicación rivalizaban por una entrevista mía; yo nunca abrí la boca para nada, nada tenía que aclarar, lo que había sembrado había germinado y dado sus frutos y éstos se rebelaban contra mí; nunca había aceptado mis errores, nunca tuve la decencia de decir “me he equivocado”, un orgullo rastrero negaba de inmediato la verdad, me regodeaba en el silencio como fuente de duda y así he permanecido parte de mi vida en él. Aunque hablara mis palabras carecerían de valor, estarían impregnadas de falsedad porque estoy acostumbrado a hablar en público, a las  masas… pero ahora me estoy hablando a mí mismo, no tengo que engañar a nadie, ya me conozco, por fin en mis últimos años creo que he logrado tener una idea clara de mí y si no está muy clara me importa un bledo, el silencio de esta celda acepta cualquier declaración de intenciones, ¡qué no habrán oído estos muros!¡ Qué seres y qué conciencias no habrán abrigado! No necesito mucha luz para estar aquí, me basta con la que entra por esa ventana, mi compañero de celda soy yo, mí frente a yo, yo frente a mí, yo mí, mi yo. La ostentación me obsesionaba, vivía rodeado de lujo: las mejores casas, los coches más veloces, la ropa hecha a medida por los sastres más renombrados y como sobre mi persona ya no podía añadir más complementos, las joyas se las regalaba a mi esposa; ella tampoco se quedaba corta derrochando; cuando salía de compras era un peligro, no escatimaba en gastos, llegaba cargada de bolsas, gastaba a ciegas; es posible que esa ceguera ocultara tras de sí su infelicidad. Si me aguantó fue gracias a la vida material que le proporcionaba. En nuestras casas, varias, aparte de la oficial, las paredes estaban cubiertas de cuadros comprados por expertos asesores, pues nosotros no teníamos ni idea de lo que era pintura. Nos asesoraban, bueno, es un decir, ellos decidían y nosotros pagábamos; nunca se me olvidara, tuvimos una época en la que habíamos decidido adquirir obras de artistas de vanguardia: aquellas abstracciones, manchas, rostros torturados procedentes de éstas, colores chillones causaban en mi psique una auténtica tortura, eran la representación plástica de mi interior; había un cuadro con el que siempre me topaba de narices cuando salía de mi dormitorio por las mañanas, ya me amargaba la existencia y en un rapto de cólera mandé todo aquel arte imposible al sótano. De la noche a la mañana sustituimos nuestros gustos modernos por los clásicos y en las paredes se empezaron a colgar pinturas de temas mitológicos y paisajes, sobre todo paisajes crepusculares, que eran del gusto de mi esposa; en ellos había toda clase de “fauna olímpica”, los dioses pululaban por aquellos lienzos a su gusto; yo creo que nunca los contemplamos detenidamente; a decir verdad, no eran tan impactantes como los anteriores, como los de vanguardia. En una palabra, nuestra convivencia con las deidades clásicas “se llevaba”; si comparamos, a fin de cuentas nosotros también pertenecíamos a esa clase superior, el pueblo así nos consideraba; cada vez que estábamos sentados en el salón, nos deleitábamos con estar rodeados por una presencia tan distinguida; había una Venus que a mi mujer le chiflaba, no estaba mal, algo metidita en carnes, eso sí, pero resultona, se veía proyectada en ella, se hinchaba y se pavoneaba; era el único cuadro al que prestábamos cierta atención, el resto creaba ambiente. Visto desde la distancia, me parece una fantochada, una pantomima a la cual nos habíamos habituado, pero sin base alguna, sólo por el mero hecho de disponer de posibles, jamás me había interesado por el arte; para mí fue una afición tan repentina que con la misma rapidez con la que vino así desapareció de mi vida, igual que con tantas otras cosas; el poder me aportaba espejismos a los cuales mi naturaleza no sabía cómo responder. Creo que nunca estuve hecho para la paz sino para la guerra… ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay León cómo te viste y cómo te ves!, ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay León cómo me veo!, ahora estoy apaciguado, ¡qué remedio!, llegaron los años y mi espíritu guerrero se sosegó; desde esta celda el mundo se ve desde otra perspectiva, el tiempo se me entregó para que yo pudiera reflexionar, analizarme y analizar el mundo que creé, al comprobar la estela de destrucción y muerte que dejé, me entraron una ganas súbitas de dormir, de entregarme al sueño, a mi pesadilla; si no llega a ser por esa voz que me despertó, que me cantó suavemente y me sacó de mi letargo, seguiría hibernando…Mis manos están vacías, no tengo posesiones, todo lo perdí en el sentido más amplio de la palabra; me hubiese gustado escribir o dibujar algo en las paredes, los reclusos siempre lo hacen, pero a mí me falta el ánimo, ese ímpetu imprescindible para iniciar algo; como mejor me encuentro es sobre esta manta, en el suelo, arrastrándome o encogiéndome, los bichos es lo que hacen, las alimañas también. Este “bicho” está cansado, está cansado de no hacer nada, pero sí de hablar, todo este monólogo ha supuesto un gran esfuerzo para mí, llevaba tiempo en un completo mutismo, ¿sería la voz que me despertó la que me extrajo de mi sueño? Quizá; quiero echarme otro poco, acostarme sobre el suelo, aunque nunca paro, cambio de posición constantemente, el desasosiego nunca me abandona. Ahora prometo que me callo…¿y si me inventara algunas palabras mágicas para que me indujeran al sueño? Bishito, bishito, bishito, bishi, bishi, bishi, bish, bish, bish, bishshshsh, bishshsh………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Ma se venir si vede orrida tigre in faccia, l’assale e la minaccia, perché sol quella crede degna del suo furor…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………… Ma se venir si vede orrida tigre in faccia, l’assale e la minaccia, perché sol quella crede degna del suo furor…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………… Ma se venir si vede orrida tigre in faccia, l’assale e la minaccia, perché sol quella crede degna del suo furor. (Pero si ve acercarse un terrible tigre, lo agrede y lo amenaza, porque sólo a éste lo considera digno de su ira). ¡Qué sobresalto! Me había cogido el sueño y otra vez esta voz, insiste e insiste, ahora con más ímpetu; yo le agradezco este empeño que pone en despertarme, pero esta vez sí que me asusté, de golpe pensé que pasaba algo…Pues claro que si veo un tigre lo agredo y lo amenazo ¡faltaría más!...y es que sigo siendo agresivo, si bien de hecho ya mis facultades físicas no me lo permiten, mi mente aún  está por esa labor pendenciera, dispuesta a avasallar a alguien, ¿la cabra siempre tira al monte? Me lo he preguntado muchas veces y en mi caso estoy por creérmelo. Mientras estuve en el gobierno y lleve las riendas, nunca dejé a nadie que me pisoteara, de palabra o de hecho. Aquél que contradecía mis decisiones sabía que iba a ser aplastado…No me sé controlar cuando hablo de mi vida pasada. Nunca he asumido la derrota y no ha sido por falta de tiempo. Durante estos años de encarcelamiento he tenido momentos de sobra para reflexionar sobre mi vida y lo que yo supuse para mi pueblo; cuando creía ver ciertos claros en el cielo, oscuros nubarrones ensombrecían mi intelecto, al ver que mis ideas se ofuscaban y no llegaba a nada concluyente opté por el camino más fácil: dormir, dormir en mi pesadilla, el estar despierto suponía estar atontado. Mi vida actual es el atolondramiento…tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón…me suena a repique de campanas; hace tanto tiempo que no las oigo, ese sonido me transporta a la niñez, ¡qué lejana queda mi infancia!; mi vida ha pasado por tantos altibajos que aquella época me parece como borrada de mi mente, como si no fuera mía o yo no tuviera infancia y, sin embargo, sigue presente en mí; su imagen de inocencia, ingenuidad, deslumbramiento del mundo, fragilidad, torpeza…conceptos que me gustaría especificar, pero por el desuso y el pisoteo que pude hacer de ellos me suenan a lenguaje ficticio…y algo de ellos aún tengo, sobre todo de los dos últimos; por mucho León que quiera aparentar, mis rugidos ya no son los que eran, ni apetito para comerme un corderillo ni energía para enfrentarme a un tigre; estoy acostumbrado a la palabrería, a las ínfulas, de eso viví durante parte de mi vida, ahora ya no tengo que convencer a nadie, a no ser a mí y yo soy león viejo, de boca para afuera puedo decir lindezas, pero mi mente me contradice y se rebela contra mi autoengaño…Tampoco hace falta un gran esfuerza para contemplarme, estoy decrépito, me he abandonado a mí mismo, ni ganas tengo de cumplir las normas mínimas de higiene, lo hago porque me obligan, porque estoy sometido a unas reglas que rigen en la prisión, las acato y eso es todo…¡¡¡ay, ay, León, quién te ha visto y quién te ve!!! Tú sometido, tú obligado, tú acatado…tutú, tutú, tutú, tutú y ahora a bailar; hasta mi conciencia se ríe de mí, yo que nunca la tuve y ahora para mofarse se apunta la primera; sé que me lo merezco, sé que el papel de víctima, en mis circunstancias, es el que mejor me va, el de león se lo dejo a la historia. Si paso la mayor parte del día aquí en mi celda, en penumbra, ¿cómo pasaré la noche?...Adivina adivinanza…adivina adivinanza…adivina adivinanza. No sé cómo de vez en cuando me entran estos desvaríos, ahora que me solté a hablar después de tanto tiempo dormido; la soledad también mina los comportamientos; un bicho aislado reacciona de distinta manera ante la sociedad. Mi vida entre estos muros es de completa austeridad: no hago nada, dormir o lo que es lo mismo: olvidar; yo me olvido, tú te olvidas, él se olvida, nosotros nos olvidamos, vosotros os olvidáis y ellos se olvidan, soy un individuo que hay que olvidar; al no conseguir pena de  muerte para mí, la justicia sentenció cadena perpetua. Esta celda me conserva vivo, igual que un atún en aceite; me dejan vestir de calle y como lo que me dan, tiendo a la frugalidad, no tengo mucho apetito, todo lo contrario que en mis años de esplendor, entonces comía como un cerdo hasta reventar, hasta en eso me mostraba como un auténtico bicho. No hay olvido que valga, el mundo no logrará borrar mi recuerdo de la faz de la tierra; las hice muy, pero que muy gordas y sin embargo, sé que hubo y que hay hombres que han aportado al género humano, con su labor en todas las artes, un equilibrio cósmico, un entendimiento entre ellos, creando una armonía de mente y cuerpo…¡¡¡Ay, ay, León, pero qué hiciste!!! ¡¡¡ Arrasaste con todo lo que se te anteponía!!! ¡¡¡ Deberías haber tenido un poco más de sentido común!!! ¡¡¡Fuiste un cabeza loca y ahora te lamentas!!!...Mi conciencia vuelve a la carga; lo sé, lo sé, lo sé y lo reconozco, en parte estoy arrepentido, pero mi orgullo no me deja aceptar esa otra parte de derrota; he subido muy alto para caer tan bajo. Envidio a esos hombres, hubiese querido ser uno de ellos, pero ya es demasiado tarde y mucho el daño para enmendarlo; seguro que colaboré en su destrucción y con mi ejemplo huyeron despavoridos…No hice una cosa al derecho, la única solución es ir a la raíz de la causa: no haber nacido…Quiero quedarme dormido, la cabeza me da vueltas y vueltas, mi mente está llena de caos, hay tanta contradicción en mi ser que necesito huir a mi sueño y quedarme a vivir en mi propia pesadilla; yo quería ser bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, gueno, gueno, gueno, gueno, gueno, geno, geno, geno, geno, que no, que no, que no………………………………………………………………………………………………………………………………………………………bueno, bueno, bueno, gueno, gueno, gueno, geno, geno, geno, que no, que no, que no……………………………………….no, no, no, no, no, no, no, no………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira nel generoso cor ( El león que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve, su corazón generoso no lo incita a la ira). ¿Por qué esa voz tanto insiste en despertarme? ¿Y si le dijera que de corazón generoso nada de nada? ¿Se callaría? Bien pensado, me resulta agradable, hay una dulzura en ella que me ayuda a equilibrar mi negatividad; si ésta no me llegase a despertar, yo no hablaría, y el hecho de hablar significa de alguna manera que estoy vivo; los hombres y su justicia me condenaron a cadena perpetua, yo la he aceptado como una muerte en vida, creyendo que con no decir nada me sumía en ese silencio que ésta conlleva y de repente una voz desconocida, con su insistencia me agita y me confirma que en esa voz humana hay algo de generoso, de entrega por un desconocido, me provoca y empiezo a hablar, poco a poco voy soltando esa ponzoña que envenena cada uno de mis pensamientos y que me impide ver el mundo con la suficiente claridad; si yo desprendí y desprendo negatividad, eso no significa de que otros seres puedan desprender positividad, afabilidad, cosa que desconocía o no supe dar. Lo que me canta esa voz amaina las tormentas que turban mi mente y se exteriorizan en la posición de mi cuerpo: unas veces apiñado sobre sí mismo y otras extendido en el suelo, arrastrándome inconscientemente. En lo mucho o poco de vida que me quede me gustaría conocer algo de paz; soy el menos indicado para desear tal bien, sé que no lo merezco, como también sé que esa paz que anhelo sólo puede provenir del prójimo, de otro semejante que me demuestre esa generosidad que yo no supe dar, alguien desconocido que con su voz haga surgir en mí esa envidia sana, ese reconocimiento hacia una cualidad humana que supere a todos mis errores; entonces sabré que mi guerra ha sido inútil, que el mundo no sucumbió ante mi engaño y que por mucho que intentara ahogar al ser humano con mis artimañas siempre surge  un hálito de aire limpio, una voz que con su melodía, suaviza la mente. Tuve pasado, carezco de presente y futuro, ya no poseo nada y la vida que llevo se mantiene en unas normas oficiales impuestas que simplemente hay que cumplir, cualquier otra debilidad humana hacia mi persona, como puede ser compasión, generosidad…está fuera de lugar; lo único gratuito y que me reconforta es esa voz; no sé la causa, no sé los motivos que pueda tener, me da lo mismo, pero me da serenidad, amaina al bicho, el bicho ya no brama, el bicho habla, el bicho se expresa y dice lo que siente, el bicho reconoce las animaladas cometidas por él y en su nombre, el bicho se descompone: bicho, bicho, bicho, bizco, bizco, bizco, bizcocho, bizcocho, bizcocho, biz-cocho, biz-cocho, biz-cocho…bisho, bisho, bisho, biso, biso, biso…beso, beso, beso…¡¡¡Ay, ay, León, León!!! ¿Supiste alguna vez dar un beso? ¿Alguna vez valoraste lo que éste significa?...Otra vez mi conciencia, siempre regodeándose con mi desgracia. Ya estoy harto, no espero nada de nadie, a ver si mi conciencia se calla de una vez, no he pedido nada, esa voz surgió por su propia iniciativa, no porque yo haya solicitado su colaboración…A veces cuando despierto en el suelo aparezco en posición fetal, entonces recuerdo a mi madre, evocarla significa perder esa tensión, distiendo mi cuerpo que durante el sueño se había contraído y un alivio inunda mi ser; sé que ella me entendería, o al menos lo intentaría, me juzgaría y aunque llegase a ser severa conmigo, sus juicios de valor estarían impregnados de esa cándida compasión que una madre transmite a su hijo; me regañaría, pero en la modulación de sus palabras se inmiscuiría el perdón; lo aceptaría en silencio porque venía de ella, pero sería consciente de que no lo merecía; sé que la capacidad de perdonar de una madre es inmensa, pero la maldad que yo he sembrado no puede ser absuelta por nadie aunque sea un colmado de virtudes. Hablaría con ella, sé que le haría mucho daño, pero le reprocharía el hecho de haberme traído al mundo; aquel feto que ella llevaba en su vientre nunca debió ver la luz, esa luz del día que él ensombreció con su presencia…ella lloraría, lloraría a mares y yo me ahogaría en una líquida verdad. A pesar de la crudeza de mis palabras, es el único punto de referencia que me queda y al cual puedo agarrarme. Cualquier otro ser humano está fuera del alcance de mis sentimientos, no sé si los tengo, hacia ella sí. Llevo tantos años aquí adentro sin saber qué ha sido del mundo exterior; no recibo noticias, si algo capto es por comentarios lejanos que oigo a los guardianes, es como si estuviera enterrado en vida, ellos cumplen unas órdenes y mi condena  es como vivir medio muerto; mi otra vida, en caso de que la haya, va a ser como una prolongación de ésta, es decir, no me va a pillar de sorpresa. Mi cadena perpetua también ha servido de ejemplo para mis congéneres, en el fondo soy un espécimen raro, la historia tiene que saber que se me ha castigado, que soy un punto de referencia de lo que nunca se debe hacer; lo reconozco, pero les falta algo: deberían exhibirme en una feria, en una feria de los horrores y de los errores también……………..No puedo ser tan malo cuando una voz que canta ha sabido conmoverme y sacarme de mi propio pozo, quizá algo bueno aún conserve, ¿y si esa voz en vez de venir del exterior morara en mi interior y proviniese de los primeros instantes de mi vida, de los arrullos de una madre para poner en consonancia a su bebé entre el mundo uterino abandonado con la realidad del nuevo? No sé qué decir, algo en mí ha cambiado, eso es cierto; también me alegro de haber descubierto, aunque parezca una nimiedad, una voz y su canción, debe pertenecer a alguien y alguien debe haber compuesto su música y letra; hubiese dado parte de mi vida por haber sido yo el autor; no obstante me reconforta el saber la mansedumbre que puede aportar una melodía; creo que el mundo está en buenas manos, a través de esa música todo se ve con otros ojos; el bicho ahora está más manso, ¡ojalá la hubiese descubierto en mis años de furor! Ahora creo que al ser humano se le brindan una serie de herramientas para trabajar durante su existencia, yo escogí las armas y con ellas la muerte, otros escogen una pluma y un papel y con ellos la vida, en fin, ya no hay nada que hacer, no puedo retroceder y enmendar mis errores, pero estoy contento por haber experimentado un poco de sosiego y saber que mi “psique”…voy a cambiarle el nombre…que  mi alma conoce algo de paz; creo que no tengo nada más que decir, si me quedo en silencio esa voz volverá y me cantará; antes la rechazaba porque me sacaba de mi sueño, ahora la invoco para que me conduzca de nuevo a él; mis últimas palabras confesarán que fui, soy y seguiré siendo una pesadilla, por lo tanto errante volveré a ella porque le pertenezco, pero ya sin sobresaltos, una ligera luz de sosiego iluminó sus tinieblas…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commonve all’ira nel generoso cor……………………………………………………………………………………………………………(499) Valer Barna-Sabadus, Hasse, Leon ch'errando vada - YouTube

 

Leon, ch’errando vada            Ma se venir si vede

per la natia contrada,              orrida tigre in faccia,

se un agnellin rimira               l’assale e la minaccia,

non si commove all’ira           perché sol quelle crede

nel generoso cor.                    degna del suor furor.

 

                                      Didone abbandonata( Drama per música,1742). Aria:”Leon che’errando vada” J. A. Hasse.

León que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve su corazón generoso no lo incita a la ira.

Pero si se acercase un terrible tigre, lo agrede y lo amenaza, porque sólo a éste lo considera digno de su ira.

 

miércoles, 9 de septiembre de 2020

EL HOMBRE DESLUMBRADO

                                                                          


                                                                          S/T-KFK

   Esta ventana me da la vida.  Desde ella expando la mirada hasta el límite del horizonte, hacia el cielo y sin llegar tan lejos, en primer plano, hasta la tierra, hasta estos campos yermos que rodean el sanatorio psiquiátrico; están tan abandonados como nosotros; estamos en el mundo por estar; no sé quién nos ha puesto aquí ni con qué finalidad; quizá somos la otra cara de la moneda, es decir la cruz, es decir lo que se oculta, lo que da vergüenza, por lo tanto hay que alejarlo de la vista, apartarlo de la ciudad en donde reina la “cordura”; son como niños, se lo creen todo, se autoengañan y se tragan que son perfectos; hay que dejarlos: cada loco con su tema y yo con el mío y nunca mejor dicho en mi caso. Allá, en la lontananza se encuentra la ciudad, la gran ciudad; desde esta ventana se captan sus perfiles cuando la atmósfera está limpia, que casi nunca lo está, hay que hacer auténticos esfuerzos mentales para darle un toque poético y convencerse de que el aire que allí se respira es impoluto, pues como que no; además mis esfuerzos mentales tengo que encaminarlos hacia la búsqueda de mi cordura y dejar de creer en bulos. Desde mi ventana se distingue un paisaje que podría dividirse en varios planos: uno al fondo, el horizonte, tomado por la ciudad y otro más próximo sembrado de campos en donde la aridez lo cubre todo la mayor parte del año, aunque una naturaleza imprevisible los tinte de verde durante la primavera y el verano; y envolviéndolo todo el cielo: con días radiantes de sol, nieblas, lluvias y tormentas, me da lo mismo, me sigue deslumbrando y en los días soleados, sobre todo en verano, esa luz cegadora del astro solar quema mis ojos y en ella busco un rayo salvador para mi razón, una iluminación que me conduzca hacia el juicio y es entonces cuando bajo los párpados y los cierro firmemente con la intención de conservar esa vitalidad deslumbradora captada del universo, pues del hombre ya no puedo esperar remedios para mi locura. Siempre procuro que esta ventana esté abierta, me da lo mismo el tiempo que haga, para mí nunca hará ni frío ni calor suficientemente extremos para que me obliguen a cerrarla; con ella abierta y máxime de par en par tengo la sensación de que alguien me escucha más allá y eso me tranquiliza; puede que desde la gran ciudad me escuche algún oído agudo o también algún campesino que ande merodeando por los alrededores del sanatorio, pero todas estas suposiciones ni yo mismo me las creo; el caso es que insisto en mantener la ventana abierta, sea la época del año que sea; las cuidadoras o las señoras de la limpieza se empeñan en que una vez aireada la habitación, ésta debe estar cerrada; ni caso, hago lo que me da la gana, para eso es mi habitación y estoy loco y a un loco se le permiten ciertas manías y excentricidades siempre y cuando no se extralimiten e incordien a los demás. De ventana para adentro poco puedo contar de mi habitación, todas son parecidas, los internos aquí solemos estar en habitaciones individuales, con idéntico mobiliario y qué decir de él: una cama, una mesita de noche, una mesa y una silla, un armario empotrado y un servicio completo de ducha, retrete y pileta de aseo, todo esto muy pequeño, todo es suficiente. Me atrevería a decir que ninguna de estas habitaciones que están situadas en el ala izquierda del edificio posee una característica personal del que las habita, una especie de manifestación externa de nuestra personalidad: no hay fotos de familiares, ni libros, ni objetos queridos…Nuestra personalidad estriba en nuestra mente y ésta anda revuelta, desbocada. Impera el blanco, la desnudez de las paredes destaca en este color; yo también me visto de blanco, casi todas mis prendas de ropa poseen el color de la nieve; yo creo que es el tono ideal para absorber la claridad; cuando me siento delante de la ventana noto cómo lo que llevo puesto retiene esa intensidad del sol y eso reconforta tanto a mi cuerpo como a mi mente, sobre todo a ésta última; en el fondo creo que soy como una planta, como esa planta que está sobre la mesa; es lo único vivo por lo que realmente me intereso, la observo con atención, contemplo cómo crece y al llegar la primavera empieza a echar brotes; algo tan simple llena mi curiosidad. Lazos de amistad entre estos muros no existen, ni entre el personal ni los internos; cada uno de nosotros, mejor dicho, cada uno de los locos vive en su propio mundo, en su propia mente; también es conveniente aclarar que hay muchas clases de locos, por ejemplo, los que moramos en el ala izquierda somos los menos locos por decirlo de alguna forma más delicada; los que se encuentran en el ala derecha, ésos son los auténticos locos de remate…¡me resulta tan violenta esa locución: de remate! Yo no debería pronunciarla porque soy uno de ellos, aunque no tanto, eso sí; encuentro una expresión más fina: estar como una regadera; pues lo que decía, los de la otra zona, ésos sí que están perdidos, “loquitos” de atar…aunque no se debería de atar a nadie, no señor; sin embargo, lo de la regadera me parece mejor, más refrescante. En resumen, que hay locos que poseen “cierta” lucidez, entre los que me incluyo, por eso trato de recobrar la otra cantidad de lucidez que me falta  por medio del sol y de su luz y queda el otro grupo que ésos son “impossible cases” ni enloqueciendo el sol rayarían la más mínima luz de la razón…En minirresumen: que hay locos que están al sol y otros a la sombra. Tenemos zonas comunes, pero es como si no existieran; entiendo por común algo compartido, pero cada uno tiene su propio mundo y está a su bola, ¡qué importa que nos sentemos unos frente a otros si ni siquiera nos miramos ya que nuestras miradas vagan en el vacío y si algunas veces se topan nos quedamos pasmados ante nuestro propio reflejo!; por eso prefiero quedarme en mi habitación contemplando el paisaje o el cielo con sus nubes, de tanto mirarlas puedo adivinar el tiempo que va a hacer; no soy una ciencia exacta, pero si me pongo acierto la mayoría de las veces, aunque de nada me vale, como no salgo ¿qué me importa si va a llover o a hacer sol? Sin embargo, me resulta reconfortante ese conocimiento mío sobre el mundo de las nubes, otro mundo más a mi mundo; nunca se lo he dicho a nadie, ni pienso, no me harían caso y viniendo de mí menos, dirían algo parecido a: “está  chiflado”, cosa que no me molestaría mucho, pues considero la expresión una grado inferior a: “está loco”. No, seguro, no se lo diré a nadie. ¿La ciudad? Siempre me atrajo, en algún momento de mi vida viví y pertenecí a ella, pero de eso hace tanto tiempo que apenas me quedan recuerdos y los que permanecen están confusos, mi mente no puede organizarlos; desde aquel entonces hasta ahora mi juicio se ha tambaleado, ha sufrido muchos altibajos y la medicación ha hecho mella en todo mi ser tanto física como mentalmente; toda mi vida pasada es una pura nebulosa, me daría pavor tenerme que incorporar de nuevo a ella ya que me siento como paralizado, incapaz de pertenecer a una vida activa, rendir y cumplir las exigencias que me demandara; sigo  mirando la ciudad desde la lejanía, desde esta ventana; puedo parecer inútil y de hecho algunas veces así lo he creído, un parásito que no sirve para nada, porque soy improductivo y en el fondo hay algo dentro de mí que me anima y me empuja a encontrar un hueco entre los seres humanos; se me puede considerar como una ampliación más del hombre; admito que soy su lado oscuro, amplío su aspecto quebradizo y pongo en tela de juicio su prepotencia, soy un tipo molesto que por lo que soy: un loco, causo zozobra, por eso a los individuos como yo, a los de mi estirpe, se los recluye en sanatorios psiquiátricos, es decir, en manicomios; y nunca más lejos de todo esto, yo no lo he buscado, yo no he buscado mi locura; la enfermedad no se busca, simplemente aparece; nunca he querido representar al malo de mi especie, quizá el destino me haya conducido por sendas indebidas, no lo sé, lo que sí sé es que no soy malo, en mi interior la sinrazón y la fascinación por la vida siempre se han llevado muy bien; desde hace tiempo estoy convencido de que para fascinarse por algo hay que estar un poco loco, entonces ¡bendita locura!. A pesar de estar aquí sentado delante de esta ventana y no ser partícipe, la vida me fascina, el sol me deslumbra y su luz penetra por mis ojos e ilumina mi mente deteriorada, en su interior se recomponen deseos que poco a poco se manifiestan con la ordenación de palabras impregnadas de musicalidad y es entonces cuando en mi garganta surge el milagro y me da por cantar. ¿Me estará escuchando alguien? La ventana está abierta. Hoy hace una tarde preciosa, hay una temperatura media que invita a salir, pero yo, como de costumbre, no cumpliré mi deseo, tengo miedo a que me pase algo, a perderme; estas cuatro paredes me protegen y al mismo tiempo refrenan mis deseos y no es por ganas; voy a acercar la silla para estar más próximo a la ventana, el sol calienta y baña todo mi cuerpo, lo ilumina y deslumbra mis ojos; no creo que sea verano, quizá primavera; en la época estival quema, ahora calienta; estoy vestido de blanco y las paredes también lo están, intentamos atraer esa claridad natural, exterior que aquí adentro tanto escasea; no es por falta de limpieza, pero el edificio conserva un olor característico igual que su contenido: el primer componente, claro está, es la locura, el segundo: el ambiente cerrado, la falta de aireación y un tercero, la mezcla de desinfectantes; los tres crean un perfume anodino y, guste o no guste, sufrible. Cuando estoy sereno y mi mente goza de cierta lucidez para el recuerdo, trato de rememorar mi vida pasada, busco familiares, amigos, profesión o algún vínculo que me retrotraiga  a aquel entonces y no lo consigo; es algo difícil de definir, a veces siento curiosidad y otras carezco de ella, me pasa como a las mareas, pueden darme subidones o bajones; otras veces lo achaco a la medicación que tomo, está claro que nubla las entendederas; en lo que sí me gusta creer es en el periodo de deslumbramiento que estoy pasando, me encuentro a gusto, happy? Tampoco, hippy? Un poquito, hippo? No, no soy un hipopótamo; lo calificaría que, según el momento, los recuerdos me importan un pito. Aquí no estoy ni bien ni mal, sencillamente estoy; me han internado en este sanatorio porque mi razón no funciona bien; tampoco sé quién me ha ingresado, me gustaría saberlo, pero el personal que dirige este centro es hermético, tan hermético como nuestras mentes, por lo tanto dicho hermetismo es una fuerza imperante tanto para los que aquí vivimos como para aquéllos que nos contemplan desde el exterior, la imagen que el edificio y el contenido proyectan es de un auténtico misterio. A veces quiero ahondar en este concepto como en muchos otros relacionados con mi situación y persona y siempre me enfrento a una barrera infranqueable, me veo muy limitado, como atado y ya no doy más, me quedo callado y me sumo en la resignación porque para la desesperación me faltan fuerzas, ese impulso vital que nace del ser humano para resurgir, pero todo mi ser está dominado por la medicación que se me suministra, ésta me aplaca, me amansa y me convierte en un animalillo dócil y fácil de manejar. Tenemos un patio interior por el que paseamos o el que lo prefiera puede sentarse en unas sillas; yo camino casi siempre en círculo, se me ha metido en la cabeza que al andar me incorporo al ritmo de la vida y a la aceleración del tiempo, y así a éste lo agoto y llego antes a una meta imaginable en donde encontraré una panacea que me ayude a recobrar el juicio perdido. Camino mirando hacia el suelo y de vez en cuando cuento los pasos, el sentido de la marcha es, podría decirse, en espiral, al llegar a su centro me paro y miro a mi alrededor, el horizonte que se me presenta es el mismo: los internos, la mayoría sentados, alguno de pie y algún otro que ha intentado imitarme, pero se ha quedado parado, sin fuerzas, me observa y me asusto ya que he llegado a una meta en donde todo permanece igual y yo sin haber hallado mi panacea. El concepto de encontrarme bien o mal no lo tengo muy claro, mis males no radican en partes determinadas del cuerpo en donde un dolor manifiesta una alteración y la medicina convencional trata de hallar un remedio, digamos que es algo tangible; en ese aspecto siempre he gozado de buena salud física, pero mi gran mal es mi mente, mi espíritu, que es muy variable; hay momentos del día que creo que mi razón está apaciguada, pero hay otros que se agita y se descontrola y no sé lo que hago, entonces no soy yo quien quería ser; me pierdo y me hundo en unas simas tan abisales que necesito la ayuda de una mano generosa que me extraiga de tales profundidades. El estar aquí me proporciona una seguridad, saber que puedo recurrir a un médico o a una pastilla milagrosa, eso me alivia momentáneamente, aunque la alteración siga existiendo y quede irresuelta. Soy un espía, sin querer me he buscado una profesión ficticia, mi interés por ser útil ha ido en aumento, al no poderme incorporar a esa sociedad que me exige unas cualidades personales y de rendimiento y de las cuales carezco debido a mis desequilibrios físicos, he decidido dedicarme al espionaje, no a un espionaje de acción, el mío sería un espionaje sedente; desde esta silla observo el mundo, la gran ciudad distante, si bien no puedo entrar en detalle a causa de la lejanía, una idea global sí puedo tener: está contaminada, produce muchos gases tóxicos, sin querer se están envenenando… y si miro hacia aquí adentro todos nosotros somos un resultado de esa sociedad que pulula por esa urbe, algunos de nuestros males son congénitos, pero la mayoría fueron adquiridos en ella, nuestros trastornos encontraron allí un auténtico caldo de cultivo. ¿Me estará escuchando alguien? La ventana está abierta. No me importa si alguien está prestando oídos, para eso hablo, y si se molesta, lo siento, yo fiel al refrán: el que dice las verdades pierde las amistades; primero y aclaro, me gusta decir las verdades como templos, para eso soy un espía y uno bueno tiene que ser fiable y segundo, no tengo nada que perder, mis amistades son mínimas y a veces me cuestiono si tengo alguna. Mi trastorno no sé si es congénito o adquirido, tampoco lo he preguntado, he pensado en él y al ver que no doy más me importa un bledo; lo que me vuelve un poco más loco de lo que estoy es la palabrita en sí: trastorno; he intentado derivarla, descomponerla, hallar alguna clave que me llevara a un secreto críptico, críptico, críptico, críptico, críptico, críptico, críptico, críptica, críptica, críptica, críptica…cripta, que me llevara a una cripta en donde pudiera hallar una panacea para mi trastorno…los espías son muy dados a trabajar con el hermetismo y volviendo a mi trastorno…tras-torno…trast-horno…trastornar…trast-ornar…trast-hornear…trasto-nar…trasto-anea…por más vueltas que le doy nunca logro nada, siempre regreso al punto de partida. En este mismo instante me encuentro bien, optimista, ese sol que entra por mi ventana me tonifica, me llena de vida; además, hoy la ropa blanca que llevo puesta parece como si estuviera más reluciente, soy como una paloma blanca, claro está, sin la libertad de movimientos que experimenta en el espacio; aunque yo también me las he ingeniado: la silla en la que estoy sentado es de oficina y tiene ruedas, eso quiere decir que de vez en cuando me doy alguna carrerilla por la habitación; para darle mayor realismo al empeño hago como si pusiera un motor en marcha y así me creo mi propio automóvil, me desplazo a distintas velocidades dependiendo de mi estado de ánimo, indudablemente que si estoy muy eufórico la velocidad puede alcanzar límites insospechados, esta habitación se convierte en una auténtica pista de carreras…Mon Dieu! ¡hasta qué punto la euforia se adueña de la exageración!...y como recompensa a mi triunfo termino acercándome a esa mesa y cojo entre mis manos la planta que en ella hay y la alzo como si fuera un trofeo, me creo el campeón del mundo, pero muy pronto en mi mente la realidad se antepone a la ficción y me sumo en la tristeza; las mieles del éxito poco tiempo conservan su dulzura en mi paladar y la amargura toma el relevo. Siempre me han gustado mucho los animales domésticos, aquí no los permiten, lo entiendo; me consta que si de lo contrario se tratase cada uno traería su mascota de turno; no quiero ni pensar el jolgorio que se formaría y no quiero entrar en detalles porque todo terminaría en caos…¿caos se escribe con ce o con ka? No sé qué decir, le queda tan bien la ka de kaka…o ¿de caca?... No sé qué decir, allá kada kual, el kaso es que todos andaríamos de la Ceka a la Meka…o ¿de la Ceca a la Meca? El embrollo sería supino… ¿el bollo sería su pino? No lo entiendo, mi mente se ha colapsado… ¿se ha  cola p(e)sado?...¡huy! mira que estoy sonado…Reconozco que los sonidos me vuelven “loco”. ¿Dónde estaba? ¡Ah! Con la planta; como decía, al no permitir mascotas aquí adentro, pues me conformo con mi planta, no sé de qué clase es, lo que sí confirmo es su generosidad, en primavera y en verano un sinfín de brotes y en seguida se llena de hojas; me gusta contemplarla, sigo su crecimiento de cerca a través de las diferentes estaciones; si bien en mí no experimento cambios externos, al menos yo no me los noto, en ella veo una rápida evolución en pocos meses; lo que se dice evolucionar aquí adentro como que no, todos los internos tanto los del ala izquierda como los del ala derecha estamos en un estado de hibernación y esto es causado por el tratamiento que se nos suministra, no digo que sea bueno ni malo, ahora que de mejoría muy poca o ninguna. Desde hace tiempo he dividido este edificio entre el ala izquierda y la de la derecha, podía haberlo llamado el pabellón izquierdo  y derecho, pero no, lo de vivir en el ala izquierda o la derecha tiene un sentido más poético, más vinculado con nuestra realidad, de hecho nuestra mente siempre anda en volandas. De los cuidados recibidos aquí no me quejo, estamos bien atendidos, aseados y comidos. Para tener una idea clara sobre nuestro mantenimiento necesitaría compararla y al no recordar estados de mi vida anterior al internamiento cualquier opinión personal va a ser positiva. Por ejemplo, cualquier comida que me den me va a gustar, no la como por placer, sino por sustento, cualquier mimo que me proporcionen lo aceptaré de buen grado ya que desconozco o no recuerdo la ternura…mimo, mimo, mimo, mimo, mimo…esta palabra me suena distante, remota, a infancia. Tan pronto te alejan de los de tu especie el sentido de pertenencia desaparece de la mente, no pertenezco a nadie ni nadie me pertenece, formo parte de un mundo global y dentro de él de una cara oculta: la imperfección. Sólo puedo hablar en presente, de mi día a día; el pasado no lo recuerda mi mente y el futuro es incapaz de predecirlo ¿a qué me agarro para no caerme? Menos mal que estoy sentado. La luz del día me ilumina y me alimenta, me expongo a ella y la aspiro; si esta luz representa la vida, entonces estoy chiflado por ella; quiero ser un acumulador, una pila reversible que conserva energía y que la descarga cuando más la necesita. Hace una tarde hermosa, pero poco a  poco se va debilitando, va perdiendo intensidad, el sol se va apagando y da paso a la noche; a decir verdad, me gusta el buen tiempo ¡a quién no!, pero tampoco desdeño el malo, entendido como malo: la lluvia, las tormentas, la nieve…que para mí no lo es; tanto disfruto de una buena tormenta como de una lluvia torrencial, ¡mientras tenga la ventana abierta! Se está más en contacto con la naturaleza, creo que así se vive la vida más intensamente, es mi lucha diaria para pertenecer a una existencia digna. En este manicomio la monotonía se adueña de todo, sé que nuestras facultades están mermadas debido a la enfermedad; no sabría dar una solución a todo esto y personalizarla sería imposible, la mente de cada uno de los internos vaga por diferentes derroteros y en mundos contradictorios, por lo tanto cada cual tiene que esforzarse por encontrar su propio resurgimiento o se verá abocado al ostracismo. Dentro de mis límites y explotando al máximo los recursos que mi mente perturbada me brinda, creo que al menos he salido a flote, no puedo pedir más, aquí adentro no tengo otros medios; sencillamente mi existencia solicita a la vida ganas de vivir y cuando canto en parte lo consigo. ¿Me estará escuchando alguien? La ventana está abierta. Cuando nos encontramos en el patio no nos decimos nada, somos incapaces de hilar una conversación, las palabras existen en la mente alborotadas, exteriorizarlas con coherencia sólo unos pocos nos atrevemos y a veces con desvaríos. Sí, existen sonidos guturales, fricativos, primarios, como provenientes de tiempos remotos en los que el hombre balbuceaba sus primeras palabras; esa clase de sonidos es a lo más que podemos aspirar como interacción. Inesperadamente sobrecoge algún grito en cualquier parte del edificio que con rapidez la garganta trata de ahogar, es como si el manicomio poseyera su propia voz y quisiera lanzar un reclamo. Si me deslumbra la luz del sol, también la oscuridad porque ese grito está envuelto en ella y entonces me disperso y me quiebro en mil pedazos, me recompongo en seguida y me entran unas ganas terribles de cantar; si estoy sentado en esta silla, echo la cabeza hacia atrás, hasta el límite, como deseando autoestrangularme y encontrar en ese punto de pérdida de aliento una voz para mi canción. No sé qué hora será, la luz de la tarde va perdiendo intensidad, pronto será el momento de cenar, después un pequeño reposo y llegará la hora de dormir, así se completará un día más. Toda esa energía recibida del sol la acumulo dentro de mí y es por la noche cuando la libero; tengo la sensación de que durante el día nuestra enfermedad experimenta cierta mejoría, no sé si es la palabra correcta, mejor cierto equilibrio: el día en sí, que aporta su claridad, el encontrarnos en grupos bien en el comedor o en el patio, aunque la mente de cada uno vague en su propio mundo…sí, es el vernos juntos lo que fomenta un sentido de unión, una fuerza oculta para luchar en un combate inútil; pero es al llegar la noche cuando todo ese equilibrio falsamente adquirido se trastoca, la oscuridad de las tinieblas enreda nuestra razón y es entonces cuando el concepto de mundo real se disloca y uno se sume en sus propios fantasmas; solamente es la pastilla milagrosa la que induce al sueño, la gran salvadora, la que tranquiliza y hace perder la conciencia, pero nuestra psique sigue herida y en ella esos fantasmas continúan danzando a su libre albedrío. La ciencia da remedios, pero no soluciones; deberíamos ser los propios implicados, los locos, los que las buscáramos…en fin, an impossible dream!...Bueno, no quiero dármelas de fantoche, pero creo que algo me he inventado para que al menos mis fantasmas estén más sosegados y dejen de hacer el ganso: canto, sí, yo canto, canto una canción, me canto una canción y por extensión les canto una canción; esto a primera vista parece una locura…una más poco importa, ni se nota; me explico: sé por propia experiencia que la llegada de la noche es dura, en nuestro estado uno percibe la sensación de desposeimiento, como de haber logrado algo durante el día y que al final de la jornada algo se va, se escurre en la oscuridad, un vacío se apodera de nuestro juicio y se siente la pérdida de haber captado un rayo de luz, de belleza o de vida que por unos instantes había iluminado nuestras mentes; ese rayo de luz, de belleza o de vida es el que trato de atrapar y conservarlo para la noche en mi canto, en una canción, quiero que sirva de faro, de guía en la noche oscura de nuestra alma; por eso no sólo me canto a mí, sino a ellos también, por si sirve de algo, a mis colegas del ala izquierda y derecha para que en sus mentes revolotee un halo de cordura, o un ala de cordura, o una loa de cordura, o una ola de cordura, o un hola de cordura, o…siempre cordura. Espero a que llegue la noche y sigilosamente me acerco a la ventana, en mi silla de oficina de ruedas; como siempre este rectángulo está abierto de par en par, da lo mismo la época del año y el tiempo que haga, nada me abate, escudriño la ciudad en la lejanía, emite sus típicos resplandores, sus destellos y marca todo el horizonte, su bramido parece apaciguarse con el descanso que la oscuridad impone; más cerca se extienden estos campos áridos que reclaman el barbecho, esa mano del hombre apta para extraer frutos de la tierra y por último miro al cielo, si hay estrellas sus guiños me son suficientes, si llueve suave o torrencialmente me es suficiente, si el espacio está cubierto por una densa niebla me es suficiente, si un viento huracanado me echa hacia atrás, me rechaza, me enfrento a él; todo me es suficiente, todo me es sufí, todo me es místico y todo me empieza a dar vueltas como en una danza sufí-ciente, sufí-esciente, sufí-siente. Entonces sí reconozco mi locura por la vida y admito que estoy sonado, que estoy chiflado porque en mi cabeza habitan sonidos, chiflos, silbatos y todo dentro de mí se convierte en jolgorio, en una fiesta para celebrar la existencia, mi humilde existencia. Esa luz del día que me había deslumbrado y que he retenido está dispuesta a desparramarse apoderándose de mi voz y ésta deambula entre sonidos graves y agudos, entre lo masculino y lo femenino, sorprende por sus arpegios y arrulla como si de una nana se tratase. Me levanto y abandono mi silla, me asomo a la ventana, miro hacia abajo y contemplo el vacío, no me atrae, miro hacia el cielo y me conquista; y es entonces cuando ese sonado, ese chiflado mediante su voz recobra una rayo de razón: Rendimi più sereno quel ciglio che mi accende; tutta da te dipende la pace del mio cor. Non trova il mio pensiero ragion di quel martire. La veggo, oh Dio, languire, ne intento il suo dolor.

  https://www.youtube.com/watch?v=ebruo9uyhcQ                               

                          Cafaro: L’Ipermestra:rendimi più sereno.

Devuelve la serenidad a estos ojos que me inflaman; de ti sólo depende la paz de mi corazón. No, mi pensamiento no puede encontrar la razón de tal  martirio; la veo, oh Dios, que languidece, pero no puedo entender su dolor.

                   

 

 

lunes, 30 de marzo de 2020

PLIEGA LAS ALAS


  
                                
Cynthia Evers-instant fragile
Florita ¿está preparada?... Cuando oiga la palabra acción empiece a hablar…¡¡¡ Acción!!!... Creo que tengo la voz tomada, es posible que sean los nervios, carraspearé… podía tomar un poco de agua, pero eso, tal vez, más tarde…Ya se me ha pasado. Aunque me sé controlar, estoy nerviosa, nunca había estado en situación semejante y la verdad es que nadie me ha obligado, ha sido una decisión personal. Desconozco el mundo de la televisión, cuando me propusieron que hablara delante de una cámara, tuve mis dudas; a fin de cuentas me daban libertad absoluta para hablar de lo que quisiera, no había un tema determinado, simplemente, hablar: parlare, parlare, parlare e parlare. No pensé en otra cosa, vi el cielo abierto, en el fondo necesitaba comunicarme, mi decisión afirmativa fue un impulso interno hacia una proyección externa de mí misma. Tengo tantas cosas de las que hablar y, sin embargo, ninguna destacable que pueda interesar a un oyente, serían importantes para mí porque han formado parte de mi larga vida, pero que fuesen ejemplarizantes o causasen curiosidad a otra persona, lo dudo. Soy una mujer muy mayor, con toda una vida pasada y vivida con todos los avatares de una existencia; miles y miles de personas estarán en mis mismas circunstancias, por lo tanto he de decir que no soy nada destacable. No sé si le va a gustar al director de este documental o programa televisivo, no sé cómo definirlo, es otro mundo para mí, lo que voy a decir, pero ¿qué interés puedo causar yo entre otras personas? ¿por qué se me ha elegido? Si la finalidad es que hable, es decir, que hable por hablar creo que han dado con la persona adecuada, siempre me ha gustado, para qué negarlo, siempre y cuando tenga un oyente, hablarle a las paredes como que no; se supone que voy a tener a alguien que va a captar mis palabras y ver mi imagen, si le intereso lo mantendré despierto, en caso contrario, también es bueno saberlo que una posee efecto somnífero. Toda mi vida ha sido una entrega a los demás, pues mira por dónde, a pesar de estar jubilada, el destino prolonga mi vocación sin yo forzarlo…Por favor, la cámara manténganla detrás de mí, aún no quiero que enfoquen el rostro, eso más tarde, cuando haya hablado mucho más y el televidente ya se haya hecho una ligera idea de a quién tiene delante, espero que llegado ese momento aún este lo suficientemente “mona”, me he puesto mis mejores galas, no son nuevas, son de hace bastante tiempo, me siento cómoda con ellas, se han adaptado a mi cuerpo enjuto y ligeramente encorvado hacia adelante, donde más se nota es en la zona de la espalda y hombros, no es que tenga chepa, pero mis omóplatos acusan esa malformación; este vestido negro con estampado de “estrellitas blancas” siempre me ha sentado muy bien, entallado al cuerpo y con falda “évasée”, me encanta esa palabra: “évasée”, siempre he sido muy mala en lenguas, pero a lo largo de mi vida me he ido quedando con algunos sonidos que sitúo en un contexto determinado, éste por ejemplo, me trae a la memoria la modista que me lo confeccionó, era francesa, le pedí su opinión, me dijo que para mí “une jupe évasée” sería ideal, no entendí el término, pero la pronunciación fue tan…fue tan…fue tan “chic” que ni lo pensé y le dije que adelante con “la jupe évasée”, menos mal que después resultó ser una falda amplia y cómoda; en aquel entonces no entendía nada de moda y ahora poco más, oía hablar de estilos y me apunté a la corriente… en fin, me doy muy bien con este vestido; los zapatos que llevo son anchos, en ellos reposa el pie cómodamente, el calzado negro y casi plano siempre me ha gustado mucho, mis pies nunca han estado para modas, he tenido pies muy delicados y ahora con la edad se han deformado: juanetes, algún callo, durezas…para qué contar, todo se reduce a una palabra: comodidad; y ¿este “foulard”? Otra palabrita más para la lista de extranjerismos, no es ni más ni menos que un pañuelo grande, un velo blanco, lo uso alrededor del cuello para disimular las arrugas, las pieles que cuelgan y que hay que frenar, ocultar, con éstas sujetas, el contorno del rostro se perfila con más nitidez, con el cuello ahogado me encuentro más esbelta…¡tonterías! eso es lo que me creo, chochear no es una falta. No suelo llevar joyas, los lóbulos de las orejas los tengo tan dilatados que ponerme unos pendientes sería estirarlos más, y no, no, no estoy por la labor; anillos, impensable, tengo artrosis y mis dedos ya no están para lucimientos, lo que sí siempre llevo conmigo es este reloj de pulsera de cuero, ya tiene muchos años, pero me doy muy bien con él, tiene esfera y números grandes y controlo muy bien la hora; tengo algo de cataratas, relojes pequeños imposible, mi visión ya no da para tanto… No sé…¡Ah! ya está, aún no me he presentado, como me den cuerda hablo y hablo y me olvido de lo más elemental, me llamo Florita de Saa, Ser, Soldón y Sor, de Asma y Masma, de Eo y Eume, de Lacha, Landro y Lea…etc. Reconozco que mis apellidos son muy peculiares, son nombres de ríos, adoro los ríos, las flores necesitamos agua y nada mejor que aliarse con ellos. Desde muy pequeña soy huérfana de padre y madre, me criaron unos tíos, apenas conocí a mis padres; la verdad, no los conocí, no tengo ni recuerdos ni imágenes de ellos, por lo tanto, renuncié a los apellidos; oficialmente, es decir, en  documentos, no me ha quedado otro remedio que usar los heredados, pero insisto, no me identifico con ellos para nada…y aquí, que puedo hablar a mis anchas aún voy a aumentar alguno más…terminé en Landro y Lea, pues venga más: Oribio y Ouro, Trimaz y Tronceda y para terminar Vilaselán. Casi nunca los dejo en el mismo orden, me dejo llevar por la euforia de estar tan bien regada, y según se me ocurren así salen. Aquí en la residencia, algunos de mis compañeros creen chincharme  cuando me preguntan: Florita, ¿cómo te apellidas? Y orgullosa y con retintín se los suelto en rosario, y se quedan patidifusos, ¡cómo tienen que quedarse! Alguna vez he pensado que podía haber elegido ríos más caudalosos, con más renombre, y sin embargo, creo que la elección ha sido ideal, todos pertenecen a la región donde nací y en muchos de ellos me he bañado, a veces debido a las lluvias se desbordan, otros con las sequías nos muestran sus profundidades, hay algo de humano en todo esto. ¿Mi edad? Ese es el problema, decir mi edad, dar una cantidad me asusta, diré que estoy próxima al siglo, quedan algunos años, pero no tantos; a pesar de los achaques aún estoy bastante ligera, soy delgada, tirando a muy delgada, los kilos no me pesan, conservo cierta independencia para moverme sola y ser autosuficiente… ¿Dónde está la cámara? ¡Ah! ya la veo, a mi derecha, por favor, que se mueva muy lentamente y me grabe a cierta distancia, no quiero primeros planos; no sé qué tal saldría por la parte de atrás, ¿y mi moño? Mi peinado es muy personal, tengo poco pelo, hago una especie de cruzado, cojo un abundante mechón de izquierda a derecha, cubro con él la cabeza y lo recojo en un moño, éste lo sitúo al lado derecho en la parte baja del cráneo, la verdad es que lo hago difícil, pero es la única solución que he encontrado a lo largo de los años para disimular la escasez de pelo, siempre he admirado esas cabelleras abundantes; ¡qué le vamos a hacer! Habrá que conformarse con lo que hay. Peluca: no y no. Aunque tenga cuatro pelos, estoy muy orgullosa de ellos…¿Dónde me había quedado? ¡Ya recuerdo! en mi autosuficiencia. Desde muy pequeñita he sido muy independiente, por eso le doy gracias a la vida, porque a pesar de los años, todavía gozo de esa libertad, nunca he soportado estar sujeta a nadie; en mis años mozos tuve mis amoríos y novios, pero tan pronto la relación se institucionalizaba, huía de ella con la velocidad del rayo, quizá nunca he querido ser exclusividad de nadie, eso podía impedir una entrega a los demás, y de hecho así lo he demostrado en mi profesión, me he entregado en cuerpo y alma a mis enfermos; todavía no he dicho que soy enfermera, lo digo en presente, porque a pesar de no ejercer, fui, soy y lo seré para la eternidad; y empleo el adjetivo “mis” enfermos igual que lo pudiera emplear al dirigirme a “mis” hijos, “mis” amigos…, hasta el último momento, hasta el justo momento de tomar la decisión de venir a esta residencia, aún seguía cuidando enfermos, nunca supe hacer otra cosa y aquí, si puedo, echo también una mano a los más necesitados. Me siento bien siendo útil, aparte de que me es imposible estar todo el día con los brazos cruzados. Hay bastantes residentes, fue una suerte el poder ingresar, había solicitado plaza hace tiempo, había asumido mi avanzada edad y al no tener familiares o amigos que en un momento determinado me pudieran socorrer, la toma de decisión de ingresar fue muy ponderada. Y al no haber otra salida aquí estoy. ¿Si estoy contenta? La respuesta me la reservo. Tengo libertad para salir y con frecuencia lo suelo hacer: me acicalo, cojo mi bolso y un paraguas, éste lo llevo aunque no llueva, creo que me da cierta seguridad, y ¡ale! a trotar calles , a veces me pregunto por qué lo hago cuando no llevo un rumbo fijo; sé con toda certeza la respuesta, es una respuesta amarga, y sólo esa amargura desaparece cuando me encuentro a alguien que conozco, y esto sucede muy pocas veces, en el exterior ya no me queda nadie, lo interrogo para saber del mundo, estoy ávida de noticias, cuando me las cuentan mi cerebro se pone a trabajar al máximo tratando de conectar acontecimientos, situarlos en un contexto…y mientras me habla ese alguien me quedo fija mirándole y el rostro que yo creía identificar se me convierte en un desconocido, me quedo con las ganas de preguntarle quién es, pero un falso orgullo me retiene, no quiero mostrar carencias, debilidades; me despido de ese des-conocido como si nada hubiera pasado, yo sigo al día, sé que me miento, sé que ya no pertenezco a ese mundo y a sus acontecimientos, mi mundo se ha reducido a la residencia, a cuatro muros, a unos compañeros muchos de los cuales pululan por un limbo mental, yo necesito ayudarles, pero esta ayuda tiene una doble lectura: una labor altruista y al mismo tiempo una urgencia de mostrar cierta superioridad y validez engañándome al no admitir que todos aquí seguimos el sendero de la decrepitud. En la residencia hay un amplio abanico de internos procedentes de las distintas capas sociales, si bien me atrevería a decir que abundan los de clase media y media-alta, da lo mismo la procedencia del desguace, sé que soy dura empleando este termino, pero no se me ocurre un eufemismo, al fin y al cabo todos somos un producto del abandono, mire donde se mire somos cuerpos, fardos abandonados, no quiero implicar a nadie, pero los mismos que están llevando a cabo este programa: cámaras, iluminadores, técnicos de sonido, el mismo director, ayudantes…ven el panorama que aquí adentro se expone, por respeto a la gente se guardan los comentarios, lo entiendo, por respeto hacia los demás y hacia sí mismos, porque nadie está libre de pasar por la misma situación…¿Qué tal estoy? ¿Se me ve “mona”? ¿El moño? Sí, está en su sitio y bien compuesto, por favor, el iluminador o iluminadores controlen la luz, quiero estar bien iluminada, hay que controlar las sombras, el grado de luz que tenemos ahora creo que es el adecuado; la cámara ¡por favor!, no me hagan primeros planos, son matadores, se ven todas las arrugas; debería haberles dicho que me maquillaran un poco más, yo les frené, como nunca uso potingues, no quería que un exceso me convirtiera en un cromo…Da lo mismo, a esta edad no se requiere maquillaje, sino restauración …aunque sigo insistiendo en estar “mona”, “mona”, “mona”. ¡Qué “mona” esta la mona!. Lo trágico fue cuando la maquilladora insistió en pintarme los labios, ¡si no los tengo! al carecer de dentadura, la boca los absorbió, insistió en simularlos, yo me negué, ¿qué labios me iba a pintar? ¿los de una muñeca? Eso nunca. Pues no, no tengo dentadura, bueno me queda una pieza: un colmillo. Debería haber arreglado la boca, fue dejadez, lo reconozco, ¡mira que soy coqueta!, lamento que mi coquetería no advirtiera esa carencia, ahora ya es tarde; soy de poco comer y lo que ingiero suelen ser alimentos muy cocidos o blandos. Por la mañana, al asearme, me miro en el espejo, hago muecas, extraigo de mi rostro mil máscaras tratando de identificarme con la más auténtica y en ninguna me reconozco, bueno, quizá haya una: es cuando me sonrío, muestro las encías despobladas de dientes y de repente se asoma el colmillo, mis ojos se ocultan entre las arrugas de párpados y ojeras, entonces mi rostro adquiere una mueca infantil y retrocedo a mi infancia, me reconozco en ella, es la verdadera, soy yo. Todas las expresiones faciales aprendidas en ese intervalo de tiempo me parecen falsas, nunca fueron innatas, fueron adquiridas a lo largo de los años para subsistir, ahora ya no las necesito, me despojo de ellas sin rencor, admitiendo que ya me son inútiles. Ahora la vida me exige desvalimiento, el mismo que el de los primeros años de mi infancia, hay una conexión directa entre los dos, la época de esplendor se esfumó, la vida no me permite un final triunfante, quiere que regrese a la inocencia de mi origen, la esencia tiene que permanecer en estado puro, impoluto; el lastre adquirido durante la existencia debe ser depuesto, devuelto al mundo creado por el hombre y sus intereses, el origen y el ocaso de la vida no admiten impurezas. La sonrisa  en el espejo permanece durante un buen rato, me hago una carantoña, como la que se le hace a los bebés para conseguirles esa misma sonrisa; me doy cuenta de mi fragilidad y de la del cristal, puedo caerme en cualquier momento y deshacerme en mil pedazos; por mucha energía e interés que pueda imponerme en las tareas diarias, siempre habrá la sombra del desfallecimiento. Es como una ilusión de la mente el creer que podemos, y es sencillamente una cuestión de tiempo verbal: pudimos, pero ya no podemos…Espero que se me entienda bien, al faltarme la dentadura no se vocaliza con la claridad deseada; veo que nadie se queja, ni el técnico de sonido, por lo tanto voy a continuar. Me he venido a la residencia porque me siento más protegida, si me pasa algo siempre tendré a alguien que me eche una mano, si no es por afecto al menos por obligación; no me quejo, las cuidadoras son amables, sencillamente cumplen su tarea y, sin embargo, en el fondo hay un fingimiento en su empeño; claro está, nadie puede controlar sus sentimientos ni la forma de manifestarlos, sabiendo que todos los internos carecemos de cariño, un  poco más de naturalidad y emotividad no sobrarían. Antes de venirme aquí vivía en un hermoso apartamento, grande y luminoso, para mí sola me sobraba, lo tenía, bueno, y lo tengo, muy bien amueblado, la cocina la cambié por completo hace algunos años, los electrodomésticos eran de lo más moderno, poco he disfrutado de ella, después me vine para aquí; fue una locura, un capricho impensado, bueno, a lo hecho pecho…rectifico esto último, de pecho nada, no tengo nada, estoy plana como una tabla. ¿Y los sillones? ¡qué comodidad! ni comparación con el que hay en esta esquina, cada vez que me sentaba me hundía, como me quedara un rato inmóvil me invadía un sueño profundo, reconfortante y yo me dejaba estar hasta que la saciedad del descanso me despertaba y me ponía en marcha de nuevo. ¡Mi balcón y mis plantas! despertaban envidias, según la estación se colmaba de flores de todos los colores y yo me pavoneaba entre ellas ¡faltaría más! para eso me llamo Florita…Me quedo sola hablando de mi apartamento, cuando salgo voy hasta allí, no está muy lejos, abro las ventanas para que se airee y ordeno lo ya ordenado y limpio lo ya limpiado, algo tengo que hacer; no es porque lo diga yo, soy la menos indicada, pero está muy “curiosito”, muy, muy, pero que muy curi osito; mi apartamento aparte de estar muy curi-osito, es muy mono y cuco, ¿más animalitos? Pues como que no. No more, please. Kuko, kuko, kuko, ku-ko, ku-ko, kuko, ko-ku, ko-ku, ko-ku…Please, no more. Lo siento, a veces me embalo, en una palabra, me traspapelo. Estoy perdida, ¿dónde estaba? ¿qué decía?...¿ Cómo lo estoy haciendo? ¿ No me decís nada los que estáis detrás de la cámara?... Nadie responde, estaré haciéndolo bien, ¿se me entiende?... Nadie responde, trato de vocalizar lo mejor posible, pero como ya dije al faltarme la dentadura, la claridad de mi dicción  puede ponerse en duda… ¿Dónde está la cámara? ¡Ah! ya la veo, enfrente mía, por favor, como ya os dije antes, y perdonad por la insistencia: primeros planos no… ¿De qué estaba hablando? Sí, de mi apartamento, decía que es muy cuco, me apetece pronunciar esta palabra: kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, ¿a que parezco el cuco de un reloj? Los que estáis ahí detrás acompañadme, es a lo único que os puedo invitar, no tengo nada que ofreceros en mi habitación, venga animaros: kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó, kukó…Bueno, veo que me quedo sola en mi intento, ya estoy acostumbrada…Me pondré seria y continuaré… La elección de mi habitación para llevar a cabo esta entrevista, monólogo o como se quiera llamar no ha sido por casualidad, se pudo haber realizado en el patio, la residencia posee un patio amplio con abundantes bancos, es muy soleado, allí nos reunimos todos, damos pequeños paseos y después del “agotamiento físico” enseguida nos sentamos, eso para los que pueden caminar, muchos de los residentes pasan el tiempo sentados con la mirada puesta en el vacío o en las musarañas, musa-arañas, musa-arañas, musa-arañas, musa-arañas, no, no voy a empezar de nuevo con la cantinela… por lo tanto, visto lo visto, el patio es un lugar público y como la proposición se me hizo a mí con la más amplia libertad de elección en todos los aspectos elegí mi habitación, la encuentro más íntima y así, en privado, no me corto, me despacho mejor y a gusto. Sigo sin saber por qué me lo propusieron a mí y no a otro interno, a lo mejor la dirección de la residencia tuvo algo que ver en todo esto, no estoy segura, fuera como fuese, aquí estoy dale que te pego: habla que hablarás. A veces me pregunto por qué renuncié a la comodidad de mi apartamento por venir aquí, he buscado un sinfín de razonamientos y todos me conducen a la misma palabra que unas veces asumo con resignación y otras me aterra el simple hecho de pronunciarla: soledad. La siento, junto con el desamparo, con la misma intensidad que cuando era muy niña, como dije me criaron unos tíos, me educaron y cuidaron de mí como si fuera su hija, mientras vivieron estuve muy vinculada a ellos; el concepto de padre o madre nunca lo experimenté, el simple balbuceo de las palabras: “papá”, “mamá” que en los primeros años de infancia abre las puertas a la facultad del habla nunca lo conocí; una vez que asumí que aquellas dos almas caritativas eran mis tutores, mi desorientación se encarriló y bajo su tutela crecí y maduré, elegí la profesión de enfermera porque había aprendido de ellos la entrega a los demás, elección de la que no me arrepiento; y, sin embargo, con el paso del tiempo, cuando creía superada aquella sensación de extravío vuelve a presentarse ante mí con la misma intensidad de antaño; de muy pequeña miraba hacia atrás, mi curiosidad se veía atraída por mi origen, mi procedencia, mi esencia; no había palabras para expresar aquel gesto, necesitaba años  y experiencia para que surgieran las frases:¿De dónde vengo? ¿Adónde voy? Ahora no miro hacia atrás, miro hacia adelante y me topo con un muro infranqueable, las dos preguntas sin respuestas y envuelta en una desorientación en la que la mujer adulta, orgullosa de una supuesta madurez adquirida por medio de la experiencia, se convierte en una niña desvalida, en la niña desvalida que fui una vez, además, perdida, torpe, disminuida de facultades, aunque intente superarlas, que sólo le falta echarse a llorar a lágrima viva para que alguien venga a socorrerla; pero lo que esa niña-mujer sí sabe es que nadie va a venir en su ayuda; esa niña-mujer, yo, tiene que enfrentarse sola a sus limitaciones, a su destino, a su fin…Decidme algo, ¿estáis captando mi voz y mi imagen perfectamente? Por favor, no me hagáis primeros planos, salgo fatal, las arrugas no perdonan, ¿sigo bien peinada? ¿y mi moño? Sigue en su sitio e integro. Si en mi apartamento gozaba de cierta abundancia y me refiero a ésta en el sentido más amplio del término: mi nevera, a veces se llenaba de caprichos, comía lo que me apetecía, eso sí, todo en pequeñas cantidades y muy blandito; había muebles por todas partes, eso sí, cada uno en su justo lugar; las estanterías de la sala de estar rebosaban de libros de viajes y novelas, eso sí, todos leídos; también tenía mucha música en soportes diferentes: discos, casetes, CDs…eso sí, todos escuchados y bailados, ¡cómo me gustaba bailar! sola o acompañada, tan pronto oía los primeros compases ya me lanzaba y mi cuerpo se llenaba del salero y marcha que me transmitía la música…eso sí, ¿qué?...eso sí ¿qué?...que ahora me he rodeado de una completa austeridad, se puede ver en mi habitación: una cama, una mesilla de noche, un armarito, esta mesa y esta silla en la que estoy sentada y ese sillón y  no describo mi cuarto de baño, que está ahí detrás de esa puerta, porque carece de interés con las piezas básicas para el aseo y el alivio corporal. ¡Quién lo hubiera dicho! ¡He prescindido de casi todo! a mí que me gustaba nadar en la abundancia de lo material; ahora como de lo más frugal, lo que me pongan en el comedor, con tal de que esté bien pasado, no hago ascos a nada; la cantidad de ropa que llenaba mis armarios, para aquí me traje prendas cómodas y este vestido que llevo que lo tengo para las ocasiones y no quiero seguir enumerando porque me convertiría en la historia del despojo. Y el caso es que no echo en falta nada de lo material, puedo vivir sin tantos cachivaches; a nivel físico, sí me encuentro muy disminuida, echo de menos mi vitalidad, por muy brava que me ponga mis limitaciones están ahí, las asumo de malagana, pero es lo que hay. Para franquear ese muro hacia lo desconocido la vida me exige un despojo absoluto de todo lo adquirido, si vine con las manos vacías me voy con ellas también vacías. Y sin embargo, éstas, mis manos, han ayudado a tanta gente, ellas y mi rostro han sabido transmitir, en momentos muy concretos, lo que mis palabras no han podido manifestar, mis sentimientos estaban a su servicio: una sonrisa tranquilizadora, un apretón de manos o simplemente una caricia han dado sosiego en la enfermedad, me siento orgullosa de mi pequeña aportación, es un orgullo sano; nunca he querido restar protagonismo a los médicos, ellos eran ellos y yo soy yo, no sé si se podría decir que ellos llevaban la parte física y yo, en muy pequeña medida, la psíquica…no, así no me gusta cómo está expresado, diría que ellos se dedicaban al cuerpo y yo al alma, bueno, más o menos. He visto tantas heridas abiertas, estuve en un hospital de campaña, mi vida ha dado mucho de sí, por lo tanto experimenté la guerra, es decir, la locura; es decir, la humanidad sangrante; es decir, el desatino entre cielo y tierra; es decir, la aniquilación de la razón. Me indigno cada vez que pienso en ella, fue un capítulo de mi vida al que me entregué de lleno, en mi mente el recuerdo permanece vivo, aunque intento evitarlo, no con intención de borrarlo sino de silenciarlo, en el silencio permanece la vivencia, que asumo como cualquier otra de mi existencia; lo que me asusta es tratar de explicarla porque me topo con la carencia de vocabulario; al expresarme con palabras, éstas se quedan cortas ante el horror, simplemente son unos sonidos fonéticos carentes de significación. Si estuve con la muerte, también  estuve en los albores de la vida, he estado en maternidad, de pensarlo mi rostro se ilumina, aunque no por eso me vayáis a hacer un primer plano, ¡cuántos recién nacidos tuve entre mis brazos! al contemplarlos me invadía una serenidad ante su indefensión, una responsabilidad ante la protección de mi propia especie surgía de mí voluntariamente, tanto la mujer como la enfermera casaban bien. Aparte de atenderlos con cuidados médicos, cuando estaba sola me gustaba cantarles sobre todo cuando estaban inquietos y llorones, al cabo de un rato se tranquilizaban y quedaban dormidos, me alejaba pensando que puede haber otras alternativas en la medicina, curas musicales, por ejemplo, a mí me daba resultado. Mis enfermos siempre han sido muy generosos conmigo, mis cuidados y atenciones fueron correspondidos con halagos a veces desproporcionados; recuerdo en tiempos de guerra un soldado me piropeó y me dijo que era su ángel terrenal, me impactó en aquel momento, minutos después  perdió importancia achacándolo a un “subidón” emotivo, la guerra arrastra a los extremos; hoy lo pienso y lo acepto, ojalá  hubiese sido un ángel terrenal para todos mis enfermos, ¡un ángel terrenal tiene que ser muy humano!. Sentada a esta mesa apoyo mis brazos sobre ella, es decir, mis alas plegadas, me gusta la comparación. No sé por qué,  se me ocurre que como no tengo un cariño directo por parte de nadie lo ando buscando en el recuerdo, esto me reconforta pues fue lo que sembré, a mi edad sólo  se me quiere por lo que soy, no por lo que fui o tengo, el futuro no lo incluyo porque estoy en el límite y no tiene cabida en el presente. Ahí afuera, en el patio o en la sala de estar tengo admiradores por no decir pretendientes, alguno ya se me tiene declarado, pero siempre los esquivo; tengo compañeras de residencia que están “locamente” enamoradas y me alegra de que así sea, mientras piensan en amoríos el vacío afectivo se llena de ilusiones, no le dan vueltas a la cabeza con preguntas trascendentes. A mí hace mucho tiempo que se me pasó el arroz, ya está quemado y sin dentadura no mastico. Y sin embargo, no puedo hacerme la dura, confieso que he tenido un pretendiente muy especial, todavía sigue en la residencia, hubo un momento en que ayudé a las cuidadoras a atenderle, estaba muy enfermo y solo, no sé los motivos, pero su familia hacía tiempo que no lo visitaba, tal vez yo llené aquella ausencia, poco a poco fue mejorando y poco a poco fui retirándome, nos vemos en los lugares comunes, nos saludamos, en su rostro y en su saludo hay un sentimiento muy especial, lo percibo, correspondo y saludo comedidamente, me muestro fría, distante y en el fondo un aire fresco agita mi ánimo, me reprocho esta especie de hipocresía…No sé si lo estoy haciendo bien, nadie dice nada, por lo tanto entiendo que todo marcha correctamente, es decir, que es lo que se esperaba de mí. No sé qué más contar, no he preparado nada, lo expuesto con anterioridad me ha surgido espontáneamente, sin tener nada premeditado, tampoco quiero aburrir, describir con pelos y señales toda mi vida, sería muy largo y tedioso, aunque tengo memoria quedarían muchas lagunas, ésta me falla muchas veces y, además, la vida de una mujer corriente…bueno, no tan corriente, sólo hay una Florita de Saa, Ser, Soldón y Sor, de Asma y Masma, de Eo y Eume, de Ladra, Landro y Lea…etc. Mujer más bañada por ríos creo que no se encuentra. Os voy a echar de menos, es raro, apenas os conozco, os he contado un poco mi vida y ya me parece que sois conocidos de siempre, tampoco sé quién verá este documental, los que estáis ahí detrás lo sabréis, a mí no me importa, me he mostrado tal y como soy, sin nada que ocultar…Un pequeño favor, cuando sea, tomadme un último plano general, bien iluminada, sentada a esta mesa, como os estoy hablando, tened cuidado y ya sabéis que no quiero primeros planos. Creo que hace tiempo que no he hablado tanto y tan seguido, siempre que lo intento me cortan o ponen cara de desinterés, entonces no hace falta que me corten, ya lo hago yo. Mañana, mañana es otro día, no el día de mañana, sencillamente el día siguiente al de hoy, me alegra pensar que tengo un día próximo, después de pasar esta noche ya está ahí esperándome, quiero salir a la calle, a encontrarme con gente, con la vida, con el día a día, a ocupar un lugar en el espacio de los vivos; aquí, aquí, aquí…no. Pero antes tengo que pasar la noche, la noche funesta; me da miedo porque ella me trae el sueño y éste su señuelo, caigo en él y ser consciente de que quizá no despierte, me angustia, me desespero ante la nada. Esta noche va a ser diferente, estoy “mona” y sé que hoy el sueño me va a reconfortar, mañana voy a salir a la calle y hará un día maravilloso…Cuando hayáis terminado y os queráis ir, si estoy dormida, no me despertéis, alejaos poco a poco, sin hacer ruido, que vuestra presencia aquí permanezca como un soplo de aire fresco, que nuestro encuentro haya sido como un punto de comienzo y final de partida… La noche se acerca y con ella el sueño, lo lógico es que me acostase en mi cama, y lo hago, pero cuando me invade el miedo, soy incapaz de echarme y permanecer en posición horizontal; reconozco que descanso, que es la única forma de dar reposo a este cuerpo mío ya de por sí tan agotado, pero la idea a quedarme dormida y no despertar me desmorona; entonces, cruzo mis alas, es decir, mis brazos, sobre la mesa y dejo reposar mi cabeza sobre ellos, sentada, como se me ve ahora es mi posición de descanso o de espera; soy igual que una niña buena que se queda dormidita y esta cansada después de un día de juegos…La noche se acerca y con ella el sueño, voy a liberar mis arrugas, las del cuello, voy a desplegar mi  foulard”, este velo blanco sobre mis hombros y brazos, cubriré mi cabeza con él también, su blancura de nieve ahuyentará el negro azabache de la noche, ésta aporta su silencio y descanso, el descanso eterno; no, no, éste todavía no, esta niñita tiene miedo a la oscuridad, está solita y no tiene a nadie para arrullarla, pero ella es buena y no tiene que temer nada; en voz muy bajita ella se va a cantar, esta nenita siempre ha cantado muy bien, lo va a demostrar, ¡ale! canta en voz bajita: https://www.youtube.com/watch?v=OZmt3rflsTkhttps://www.youtube.com/watch?v=OZmt3rflsTk





Notte, notte funesta,

Che del divino Sole

Con tenebre di duol piangi l’occaso;

Lascia che pianga anch’io,

E con sopor tiranno

Al giusto dolor mio,

Deh non turbar l’affanno.



Ferma l’ali, e su mie lumi

Non volar, o sonno ingrato.

Se presumi,

Asciugarne il mesto pianto,

Lascia pria, che piangan tanto

Quanto sangue ha sparso in fiumi

Il mio Dio per me svenato.

              (Recitativo y aria de Santa María Magdalena

Oratorio para la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo)

Handel





Noche, noche funesta,

Que lloras el ocaso del divino sol con las tinieblas de dolor,

Déjame llorar así,

Y con un sueño tirano

No interrumpas el jadeo

De mi justo dolor.



Pliega las alas, y sobre mis ojos

No vueles, sueño ingrato.

Si presumes,

Enjuga mi triste llanto,

Déjales primero que derramen tantas lágrimas

Como los ríos de sangre vertidos

Por mi Dios muerto por mí.