martes, 17 de junio de 2014

NÉCESSAIRE

   
Sol-RGF 


Nécessaire : adj necesario, ria; preciso, sa // m lo necesario, lo indispensable // Neceser.


Neceser : ( Del fr. Necéssaire) m. Caja o estuche con diversos objetos de tocador, costura, etc…






   Aquella mujer, fuera donde fuese, siempre llevaba consigo su neceser; sin él, se sentía desamparada, olvidada por la belleza. Cada vez que se enfrentaba al mundo temía que su crudeza pudiese afectar su rostro, el exponente de la desnudez de su alma. Por eso, cuando advertía cierta tirantez en las facciones de su cara, recurría a su neceser. De él extraía un pequeño espejo circular, perfecto en su trazado, copia fidedigna de la redondez del mundo; se observaba y cuando no se reconocía, sacaba un walkman con auriculares de botón, los introducía en sus oídos, presionaba una tecla en aquel artilugio y de su interior brotaba una voz que le cantaba expandiéndose por todo su cuerpo: de norte a sur, de este a oeste, desde profundidades abismales hasta espacios infinitos, le decía:
https://www.youtube.com/watch?v=nmb_4pU9wMw


Breit’ über mein Haupt dein schwarzes Haar,

Neig’zu mir dein Angesicht,

Da strömt in die Seele so hell und klar


Mir deiner Augen Licht.




Ich will nicht droben der Sonne Pracht,


Noch der Sterne leuchtenden Kranz,


Ich will nur deiner Locken Nacht


Und deiner Blicke Glanz.         


                                         R. Strauss


                                                       


Una vez escuchadas estas palabras y música, el reflejo del mundo sobre aquel espejo esférico había cambiado. Aquel mundo externo y el propio interno de aquella mujer habían recuperado su equilibrio, su belleza. Esta se manifestaba de nuevo en una insignificancia.




Traducción: Extiende sobre mi cabeza tu negro cabello,// inclina tu rostro hacia mí,//que fluya en mi alma, tan clara y pura la luz de tus ojos.


   No quiero el esplendor del sol,// ni la reluciente corona de estrellas,// sólo quiero la noche de tus rizos y el brillo de tu mirada.


miércoles, 23 de abril de 2014

UNA VOZ


                 

                                                             Ópera estatal de Viena



Hace frío, mucho frío. Las calles todavía conservan la nieve que cayó la semana pasada; a estas horas de la noche el cielo está limpio, las estrellas y la luna brillan con esa intensidad y destello que proporciona una noche de helada. Hay poca gente en las calles, algunos transeúntes que se apresuran a coger un tranvía, cuatro o cinco personas pasean sin prisa, envueltos en sus abrigos y cubiertos por unos sombreros que les dan un toque de misterio, con los brazos cruzados sobre el pecho protegen su cuerpo, su calor, su intimidad, su individualidad ante la confluencia de calles y su vacío. No hay nada que temer, cualquier agresión externa por parte de un malhechor quedaría congelada en el mismo instante de su ejecución. No sé qué hora será, no creo que sea muy tarde, la representación terminó a las diez y media, quizá sean las doce aproximadamente; hoy no me apetecía salir a celebrar con mis compañeros el éxito conseguido; a decir verdad la soprano y el coro estuvieron magníficos y yo también ¡qué caray! Por una vez en la vida quiero  valorar mi trabajo en su justa medida y dejar aparcada la modestia al menos durante unos momentos. Debería haber ido con todo el elenco artístico a tomar algo a un clásico café que está cerca del teatro, pero esta noche me he escabullido no sé cómo, lo he conseguido a pesar de los requerimientos por parte de mis compañeros y de un grupo de admiradores; me he quedado en el camerino, he pasado el cerrojo y cada vez que alguien golpeaba en la puerta daba largas hasta que cesó la insistencia y me quedé solo. Fue con dolor de corazón, ellos no merecían ese desplante, pero tenía que hacerlo, estoy seguro de que supieron disculparme. He dejado a propósito mi reloj en el camerino, es el mismo que llevaba puesto el día que entré por primera vez en este teatro que está a mis espaldas; el tiempo desde entonces hasta ahora ha ido muy deprisa, ha sido como un sueño del cual hay que despertar. Necesito hablar en voz baja aunque no tenga un interlocutor directo a quien dirigirme. Mi voz adquiere un tono de confidencia cuya proyección alcanzaría una distancia, como mucho, de dos metros; en el escenario es distinto, la voz hay que lanzarla fuera del espacio escénico para que llegue a la audiencia, para que los oyentes capten los sentimientos del personaje que uno ha asumido, aunque haya momentos de profunda introspección y el texto debiera cantarse casi en un susurro, su alma tiene que llegar, sea como sea, a la homóloga del que la escucha. Pero ahora no estoy en el escenario, hablo para el frío. Me gusta el vapor que se forma cuando mi aliento contrasta con la baja temperatura, si la voz tuviera una representación física, me gustaría que fuera ésta: un vapor; un vapor que se desvanece en el aire, un gas que proviene de las profundidades de un volcán y se libera en el espacio. Tampoco quiero que me escuchen, el hecho de mantener una conversación con el frío sólo me concierne a mí, quiero que sea una conversación muy especial, mejor casi que una conversación será una confesión. Siempre he mantenido mi privacidad al margen de la vida social y de las exigencias mediáticas que mi profesión requiere, sólo y exclusivamente he hecho declaraciones públicas si tenían que ver con mis actuaciones o vida profesional; mi voz únicamente ha exteriorizado los sentimientos e intimidades de mis personajes. Me debo a ellos y si estoy aquí es por ellos. Nada más. Sin embargo, este diálogo entre el frío y yo, o entre yo y el frío tiene cierta relevancia, sobre todo para mí porque es una toma de decisión, puede que implique a muchos más, pero es ante todo una decisión propia, madurada con tiempo y no a la ligera. Creo que ha llegado el momento de exteriorizarla a la hora y lugar propicios. Este teatro de la ópera ha significado mucho en mi vida, cada vez que vengo a él es como si entrara en mi casa, me siento familiar y cómodo. Recuerdo la primera vez que llegué aquí, era invierno también y hacía frío, mucho frío. Yo provengo de un país del norte, donde el blanco es el color imperante, gran parte del año la nieve cubre ciudades y campos; aunque durante la primavera y el verano ésta se derrite, el colorido casi chillón propio de estas estaciones no cuaja, siempre subyace una capa blanquecina que suaviza esa intensidad y nos recuerda que el blanco y el frío van parejos. Muchas veces me he preguntado si mi voz no será fruto de esa unión, o quizá la haya sobrevalorado creyéndome que debería tener unos orígenes nobles o enraizados en la tradición, nada más lejos de la realidad; soy hijo de trabajadores, por casualidad mi voz destacaba en el coro del colegio y poco a poco fui ampliando sus posibilidades a base de insistencia, tanto por parte de mis padres como por la mía, ellos con sus aportaciones económicas y yo con mucho empeño. En el colegio siempre fui un alumno mediano, había asignaturas que tragaba, pero no digería, las ciencias eran un suplicio para mí, las letras compensaban el aburrimiento que las otras me proporcionaban, ¿ quién me iba a decir que la admiración que profesaba a los profesores de historia y literatura, por su entrega a la materia y por hacerme sentir en sus explicaciones la vida de aquellos héroes reales o ficticios, influirían a la hora de encarnar yo mis propios personajes? Me hubiese gustado, mientras estaba sentado en mi pupitre inmerso en aquellos desvaríos heroicos, que alguien me susurrara al oído y me dijera: “ Presta mucha, mucha atención, algún día tú los harás creíbles”. Cuando estoy en escena, con ciertos personajes, a veces se apodera de mí un frío glacial arrastrado por un alud de recuerdos que impacta en mi voz  y hace  que suene distinta, como si alguien me poseyera y exigiera por derecho expresar sus sentimientos más profundos; entonces es cuando me doy cuenta de que no soy dueño de mi voz, que está al servicio de otros y que yo sencillamente exteriorizo el sentir de mi especie. La primera vez que llegué a Viens, a esta ciudad muy querida, también era invierno, hacía frío, mucho frío. Del aeropuerto al hotel cogí un taxi e instigué al conductor a que se diera prisa, no es porque llegara tarde; mi actuación en este coliseo no era hasta dentro de unos días, tenía tiempo de ensayar, lo que sí necesitaba era estar frente a este edificio y asimilar la oportunidad que se me brindaba de actuar en él, todas las actuaciones que había llevado a cabo, hasta aquel entonces, las había realizado en mi país, un país con muy poca tradición operística, pero para mí era suficiente, además tenía allí a mis maestros a los cuales pedía consejo y muy amablemente me dirigían y orientaban para subsanar errores. Pero había llegado la hora de enfrentarme solo a la vida y en ella debería usar mi arma de trabajo lo  mejor posible, había decidido que de ella iba a vivir: mi voz. Los primeros instantes ante este teatro de la ópera fueron de desafío, tenía que vencer aquella timidez repentina, mezcla de respeto y temor a un posible fracaso, no sólo tenía que desafiar a aquel edificio sino también lo que su interior representaba para un cantante de ópera, no primerizo, pero sí con poca experiencia. En el silencio de aquella tarde gélida de invierno, el frío parecía como si incubara aún las voces que allí habían cantado y sus muros desprendieran el eco que un tráfico no podía silenciar. Un escalofrío sacudió mi cuerpo y en su agitación espantó al miedo conduciéndome a la serena reflexión de que lo haría lo mejor posible y en voz baja me dije: “ je le ferai de mon mieux”, de mon mieux, de mon mieux, de mon mieux, de mon vieux, de mon vieux, de mon vieux, de mon vienne, de mon vienne, de ma Vienne. Di una vuelta a todo el edificio, una segunda y una tercera, como si fuera un rito primitivo; me paré ante su fachada, lo observé detenidamente, capté su globalidad y lo poseí. Desconocía aún los éxitos que allí iba a tener, mi futuro, casi categóricamente, dependía del éxito o del fracaso de aquella primera actuación; durante aquellos días de ensayo traté de distraerme, no prestando importancia a lo que aquella oportunidad representaba, trataba de evadirme paseando por la ciudad, visitando sus museos, entregando mi atención a los cuadros allí expuestos; y sin embargo, mi corazón seguía latiendo en otro lugar y a otro ritmo. Durante las pruebas de vestuario, cuando me miraba al espejo apenas me reconocía externamente, me sentaban tan bien aquellas ropas, estaban tan bien confeccionadas que talmente me transportaban a su época, y eso que faltaban los decorados y coro para lograr la ambientación completa; no obstante mi estado anímico era como el de un niño, en estado de alerta total, con los ojos abiertos de par en par para descubrir lo desconocido. Y había llegado el día, todo estaba preparado, hice una comida muy frugal y antes de ir al teatro me fui a dar una vuelta, por un momento tuve la intención de telefonear a mis familiares y profesores en busca de ánimo y consejo; desistí del intento, tenía que enfrentarme ante mi destino en silencio, ya no  me valían las palabras, las frases ordenadas según un rigor gramático y pronunciadas con la entonación de conversación normal; había aprendido a hablar a través de mis personajes, y ellos hablan con la vibración que el alma transmite al lenguaje que es la música.¿ Qué me importaba que me desearan suerte o que me dijeran que tuviera cuidado al dar tal nota, si ya no era yo sino el personaje al cual encarnaba, que usaba mi voz y con ella mi alma para exteriorizar sus sentimientos más íntimos? En aquellos momentos mi voz reposaba en el silencio y del silencio saldría para conmover en el silencio expectante del aforo. Regresé con mucho tiempo de antelación, cada paso que daba era como si perdiera algo de mi mismo. Cuando llegué, entré por la puerta destinada a los artistas; nunca había asimilado hasta aquel entonces lo que esa palabra significaba; un orgullo moderado me hizo erguir, aunque muy consciente de la enorme responsabilidad que un artista tiene por no querer defraudar. Si bien todo el mundo se mostró muy amable y servicial conmigo, durante los ensayos no había tenido tiempo de hacer realmente unos amigos. El director de orquesta, el de escena... hasta el último tramoyista me brindaron su ayuda creando al recién llegado un ambiente de cordialidad y bienestar; mis compañeros de reparto, no quiero olvidarme de ellos, me arroparon con el afecto que se profesa a un bebé llegado a este mundo, indudablemente el ambiente del que yo provenía era muy distinto de aquél en el que estaba. Por muy bien que pudiera cantar mi personaje, si no hubiera sido por ellos jamás habría alcanzado el éxito logrado. Hoy en día muchos de ellos aún siguen en activo y cuando coincidimos en algún reparto nos sentimos como en familia. Me senté en mi camerino ya vestido y maquillado y pedí que me dejasen solo hasta el momento de salir a escena, necesitaba estar a solas, conmigo mismo y con mi voz, no quería hablar con nadie, solamente que mi voz reposara en su silencio. En ciertos momentos me había figurado que los nervios se apoderarían de mí; pues no, una serenidad y seguridad habían renacido en mi interior provenientes del enorme amor que brotaba hacia mi profesión. Me miré al espejo y me sonreí, bajo aquel maquillaje de hombre contradictorio, de profundas luchas internas y de victorias conseguidas por medio de grandes esfuerzos, subyacía un niño, un adolescente, un hombre joven cuyos principios se basaban en la sencillez, pero que tenía que enfrentarse a personajes implicados en los torbellinos de las pasiones humanas y además tenía que hacerlos creíbles. Allí estaba yo y mi personaje, mi personaje y yo, yo y mi personaje, mi personaje y yo, moi et mon personnage, mon personnage et moi, moi et mon personnage, ma personne et moi, moi et ma personne, ma personne et moi, moi et personne, personne et moi, moi et personne, personne...Golpearon a la puerta, aviso para salir a escena, me levanté de la silla impulsado por un deber en el cual no cabían retrocesos; en mi interior susurraba una voz diciéndome: “ Taillefer, a cantar en el campo de batalla”. Dicho esto, la distancia entre el camerino y el escenario no existió. Una vez en escena miré hacia el aforo y no vi nada, todo estaba negro y en silencio a no ser por unas cuantas luces distanciadas por los palcos que marcaban una realidad espacial. De aquella mezcla de negro y silencio se desprendían  la espera y el ansia por oírme cantar. En aquel momento me di cuenta de que nunca podría cantarle a un auditorio, a unos oyentes; de ellos esperaría aplausos o silbidos, aprobación, rechazo, crítica constructiva o destructiva, pero siempre serían manifestaciones externas por medio de palabras o gestos; la única forma de llegar realmente a ellos sería dirigirme a su alma, olvidarme de que ésta tenía un representación física, iría de alma a alma y como nexo de unión la voz. Así canté aquella noche, así canté en las múltiples noches sucesivas, así canté esta noche. La auténtica condición humana del personaje la supe transmitir directamente a la de los oyentes. Creo que si no lograra alcanzar ese punto de reflexión siempre cantaría con cierto temor. La victoria fue rotunda, luché en el campo de batalla con la única arma que poseía: mi voz. Los aplausos y los bravos eran la señal externa de que mi voz había dado en el blanco, había alcanzado su meta; los admitía como comprobante externo de aquella comunicación interior, pero yo no los buscaba como halago. A partir del éxito de aquella noche las puertas de los grandes teatros de ópera de todo el mundo se me fueron abriendo, he ido ampliando el repertorio y el espíritu de mis personajes ha ido pululando por todos ellos. He viajado por todos los continentes, he conocido a celebridades, he tenido aventuras amorosas, he subido a palacios y he bajado a los suburbios; todas mis experiencias vitales me han acontecido gracias a mi voz, sin ella, éstas no tendrían sentido y sin ellas, ésta no se habría alimentado del conocimiento del ser humano. Han sido unos años de idas y venidas, de no parar un instante, de coger aviones, de una búsqueda desesperada de algo o de alguien, sin encontrar nunca reposo, sin tener unos momentos para dejarlo todo y pararme a reflexionar, vaciar mi cabeza de ruidos medioambientales y poder diferenciar los que pertenecen al mundo circundante o al mío propio. En los ensayos algunas veces me ha sorprendido la agresividad con que tocaba la sección de viento o de metal confundiéndola con sonidos mecánicos o estruendos procedente de accidentes más que de un efecto musical. Hace frío, mucho frío, llevo puesto un abrigo negro que me protege, que me cubre como si fuera una capa; apenas hay gente en la calle, escasea el tráfico también. Nunca más volveré a cantar, tenía que decirlo y ya lo he dicho. No ha sido ni una decisión fácil ni difícil, sencillamente ha sido una decisión. Sé que mi voz está en uno de sus mejores momentos, que aún me quedan años de rodar por los escenarios del mundo y de cosechar grandes triunfos; todo esto me lo dirían mis amigos y la crítica, pero no me importa, estoy cansado de palabras y necesito quedarme en silencio. En este teatro entré callado y salgo callado, todo lo que tenía que decir lo dije en él, todo lo que tengo que decir lo digo en los escenarios. Se ha halagado mi voz hasta límites insospechados:” Tiene una de las voces más bellas, aterciopeladas, radiantes y ardientes de la escena actual; su voz es viril, carnal y de una sensualidad indómita, el timbre es de irresistibles brillos dorados...”y así sucesivamente. No niego que muchos de los elogios me los he aprendido de memoria, no para complacerme en ellos sino para sorprenderme de ellos. Todo esto siempre me ha parecido excesivo. Reconozco que la voz es el instrumento de comunicación por antonomasia, es el más directo, el que exterioriza unos sentimientos y les da forma, de otro modo permanecerían ocultos. Mi aportación sería la de dar cierta musicalidad a esa forma, pero nada más. Toda profesión, si en verdad se la quiere, exige unos sacrificios, yo quizá haya sacrificado mi vida privada; siempre fui consciente de que una familia requiere una dedicación: si quería tener una esposa e hijos , debería echar raíces en alguna parte, eso de verlos entre avión y avión no me parecía una aportación justa, así que, sin querer, el tiempo ha ido transcurriendo y en mí se ha ido cimentando la idea de ser un ciudadano del mundo, de no parar nunca. Sin embargo, creo que ha llegado la hora de tomarse las cosas con más calma, más reposadamente; si mal no recuerdo mi agenda estaba cubierta hasta dentro de cuatro o cinco años; ya no lo está, mi decisión de no volver a cantar desencadenará una serie de acontecimientos a los cuales debo enfrentarme; no me preocupan, no sé qué voy a hacer ni adónde voy a ir, pero precisamente es eso: el no saber nada, el no estar programado, es lo que me reconforta. Quizá tenga que darle descanso a mi voz, a veces he abusado de ella en exceso, y he olvidado que es un instrumento frágil; tampoco creo que esa sea la causa de la toma de mi decisión. Tal vez el estado ideal del ser humano sea el silencio, provenimos de él y nos dirigimos hacia él, ese intervalo hay que cubrirlo con algo y ese algo es la voz. No soy más que una voz entre millones, una voz que por decisión propia ha decidido callar, que no la han acallado y que ha tenido la libertad de expresarse y de expresar los sentimientos humanos a través de sus personajes. No voy a desvelar mi identidad, no voy a dar mi nombre, a estas horas y vacía la calle ¿a quién le interesaría? Y aunque estuviese llena de gente ya no soy... ya no soy...Es igual, me gustaría identificarme como” la voz que viene del frío” y que está en el frío. El frío lo conserva todo, ¿conservará la voz? A lo mejor. Creo que he pasado más tiempo sobre los escenarios que fuera de ellos, mirando hacia atrás y desde la perspectiva que da el tiempo, toda mi existencia hasta ahora con sus acontecimientos más o menos importantes se concentra en un único espacio: un escenario. En realidad mi vida comenzó aquel día en el que puse el pie en este teatro que está a mis espaldas y  que ahora forma parte del decorado de mi declaración; mi infancia y juventud fueron como un preámbulo, una obertura a todos los eventos que a partir de entonces iban a acontecer. Tengo la sensación de que aquellos dos períodos duraron poco, o quizá mi vida posterior hizo que se achicaran por falta de atención hacia ellos. Fueron tantas las novedades e imprevistos que siguieron que hasta el olvido se justifica por sí solo. Había épocas del año, cuando tenía hueco en mis actuaciones, en las que regresaba a mi país; en un principio creía que era por nostalgia, más tarde me di cuenta de que no lo echaba de menos, excepto a mis familiares y allegados, mis padres eran el vínculo que me unía con mi tierra. Reconozco que gracias a ellos soy quien soy, sus esfuerzos y mi empeño han conseguido que abrazara una profesión que me ha abierto las puertas de la expresión en su espectro más amplio. No obstante, sé que sigo siendo aquél, pero más humanamente enriquecido. Hasta ahora mi auténtico hogar ha sido el escenario, mi familia y los personajes que he cantado; allí me he emocionado, me he alegrado también, he experimentado desde las emociones más sublimes hasta las más viles; por lo tanto debo considerarme un hombre curtido en vidas. Los aplausos, las ovaciones, los bravos, me parece que ya forman parte de un tiempo anterior, de un tiempo lejano, y sin embargo, hace unas horas estaba inmerso en ellos. Me siento muy agradecido por tantas muestras de cariño que he recibido por parte del público, de mi público; sé que en este mundo muchos cantantes de ópera tienen unos fervientes admiradores, que los siguen y miman y que a veces, cuando alguna actuación no cumple las expectativas soñadas, pueden ser juzgados muy duramente; pero creo que éste no ha sido mi caso, si en algún momento no he alcanzado el nivel que se esperaba, siempre me han tratado con benevolencia, a ellos también les debo lo que soy. Cuando sepan lo de mi renuncia van a sentirse decepcionados, ya no me volverán a ver sobre un escenario, mi nombre desaparecerá de los repartos, ya no seré el cantante de ópera que los ha ilusionado y los ha hecho sublimar; me gustaría que mi presencia física, mi nombre no fueran tan necesarios, me gustaría que admitieran ambos conceptos como meros soportes de una voz y nada más, pero el tiempo se encargará de solventar estas ausencias y únicamente quedará mi voz en el recuerdo, deseo que ésta pase a otro plano, a otra presencia. He hecho muchas grabaciones, casi todos los personajes que he representado en escena los he llevado al disco en magníficas producciones; si alguien me quiere recordar, mi voz revivirá en un círculo. De este modo yo no estaré físicamente presente, pero mi esencia, mi voz podría oírse dónde y cuándo se quisiera. Si antes mi público venía a mí, ahora yo iré a él.  Podré vivir en cualquier parte, me acostumbraré a todos los hogares; cada vez que de noche se apague una luz y con ella la realidad cotidiana mi voz conducirá, a quien lo desee, a las profundidades del sentimiento humano , sin miedos, con paso seguro y con la firmeza de no resbalar. Me he quedado inmóvil, el frío me ha paralizado y no estoy paralizado, me ha congelado y no estoy congelado, estoy perfectamente bien, me he convertido en una estatua delante de mi teatro, y en mi ciudad, en la ciudad que ha sido testigo de mis éxitos, en Wien, en Wein, en Veine, en Vienne, en Viens, en Bien. Hace frío, mucho frío, necesitaba esta inmovilidad, hablar desde el sosiego, desde la reflexión, desde el frío, desde la noche. Esta noche ha sido muy especial, nadie sabía que era la noche de mi despedida, canté lo mejor que supe, puedo decir que era todo yo, emití cada nota con plena entrega, poniendo en mi canto la experiencia que a lo largo de mi vida profesional había adquirido; ellos no sabían que era la última vez que me veían en el escenario; nadie lo sabía, ni mis allegados, ni mi representante, para qué lo iba a decir, el revuelo que se va a armar va a ser mayúsculo, pero yo no estaré presente, una vez que me abandone esta parálisis, saldré corriendo, sí, necesito correr, lo presiento. Ya no puedo vivir solamente en los teatros, vengo observando desde hace tiempo que una élite se ha adueñado de mi voz, se creen que la pueden privatizar y hacer uso exclusivo de ella y no es así, nunca he cantado para nadie en particular, siempre he cantado para quien esté dispuesto a abrir las puertas de la sensibilidad y de la comunicación. El negarme a permanecer callado no significa que haya perdido interés en poder transmitir a través de mi voz emociones y sentimientos, todo lo contrario; lo que sí creo es que he pasado a otra etapa; que me haya decidido por el mutismo no quiere decir desánimo, a lo que ahora quiero dar paso no es a mi persona, es a mi voz y sólo a ella, yo ya no cuento. Nadie me vendrá a ver a un teatro de la ópera, pero todo el mundo podrá oírme en su hogar o donde lo desee; mis grabaciones ahí quedan, quiero que cualquiera disfrute de ellas como yo he disfrutado en su participación. La voz profunda, sincera está hecha para la noche, la noche posee un silencio especial, reposado, cualquier canto adquiere nuevos significados, múltiples interpretaciones y concentración absoluta; durante el día éste solamente formaría parte de un fondo al cual no se le prestaría atención, llenaría el hueco de un silencio remoto y siempre se vería relegado a un segundo plano; conversaciones, ruidos de la vida cotidiana se impondrían hasta llegar a anularlo. Cuando comienza cualquier función las luces se apagan y se hace de noche, se alza el telón y sobre la escena aparece un mundo al cual una magia desconocida nos empuja. Al final de la jornada, cuando buscamos un reposo, cuando la luminosidad del día nos ha cegado con sus responsabilidades y hartos de exigencias pulsamos el último interruptor que apaga la luz de nuestro hogar, en ese instante otra magia desconocida nos empuja a soñar. Cuando se alzaba el telón yo le cantaba a la oscuridad de la sala, cuando se apague la última luz de cualquier hogar yo cantaré. No sé por qué, pero creo que me voy a convertir en un cantante de ópera casero, me da la risa, en el fondo no es mala idea. Mi repertorio es muy amplio, si se indaga en una ópera uno se encuentra con trances aplicables a ciertos estados de ánimo que pueden transferirse del personaje al oyente; mi voz está dispuesta a cantarle al triste, al alegre, al soñador, al amante...o a aquél que desespere un cambio. Me ofrezco a hacer vibrar: a que camine el impedido, a que cante el mudo, a que estalle de amor el apocado, a que llore el que se siente seco... a que el triángulo se convierta en rectángulo, a que el círculo se convierta en elipse... ¿ Alguien da más? Y sé que lo lograré. Críticos y expertos en la materia han hablado de mi voz y de mi persona, recuerdo algunos de sus halagos con cariño; alguna que otra mala crítica también he tenido, pero he sabido asimilarla y la he incorporado a mi aprendizaje como consejo constructivo. De todas esas voces que me han ensalzado o vituperado desde periódicos, radio o televisión, hay una que conservo en mi mente, fresca, como el día en el que se pronunció aquella frase que considero uno de los elogios más hermosos que me han dedicado. Fue en una ciudad del mundo, en un teatro de ópera del mundo, a una hora y en una noche del mundo y yo canté para “ il mondo”; la voz surgió de la oscuridad, de la noche que se había apoderado de aquel aforo; no sé si provenía del patio de butacas, de platea, de anfiteatro o de paraíso, pero presiento que venía del paraíso. Aprovechando un silencio, una voz, no sé si era de hombre o de mujer, qué más da, era sencillamente una voz y dijo: (Audición: https://www.youtube.com/watch?v=vTBBLN4pNEg&feature=youtu.be ), Mein tapfrer Taillefer, komm! Trink mir Bescheid!. Du hast mir viel gesungen in Lieb’ und in Leid; doch heut im Hastingsfelde dein Sang und dein Klang, der tönet mir den Ohren mein Leben lang’*. Mi valiente Taillefer, ven,¡ bebe a mi salud! Mucho me has cantado en las alegrías y en las penas, pero la canción que hoy has cantado en el campo de batalla de Hastings sonará en mis oídos durante toda mi vida. No sé si lo he conseguido, pero si cuando he cantado, alguien se ha perdido, se ha abandonado en algún campo de batalla, puedo sentirme el hombre más dichoso de la tierra. Y aquel día, al final de la representación las luces se encendieron; con la mirada recorrí el teatro de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, de abajo arriba, de arriba abajo en busca de aquella voz...aquella voz se había perdido en medio de la batalla de aplausos y bravos. No importaba, sonará en mi interior a lo largo de toda mi vida, será mi propio eco. Hace frío, mucho frío, no sé qué hora es, no quiero saber nada, las calles han quedado desiertas, casi no hay coches y yo aquí a solas con mi teatro; no me gustan las despedidas, una última mirada a este edificio; entré en silencio, salgo en silencio, lo digo con todas las ilusiones más que cumplidas, creo que ha llegado el momento de incorporarme al silencio de la noche, no sé dónde iré, no quiero saber nada, lo importante es empezar a correr, en ese mismo instante mi voz callará, se helará... ya estoy corriendo, me callo...  

*” Taillefer” de Richard Strauss.


martes, 11 de febrero de 2014

MUERTE Y TRANSFIGURACIÓN

  http://www.youtube.com/watch?v=3D5Up1aYJJs


                                 Richard Strauss en su lecho de muerte:
            “Hace cincuenta años, compuse: “muerte y transfiguración”. No me he equivocado, la muerte es tal como la había imaginado”.



              R. S. compuso este poema sinfónico a la edad de 25 años.

López Villaseñor ( El corredor )
   Corred, corred, corred, corred, así , más deprisa , no os paréis ; no vaya a ser que alguien me vea, puede asustarse, no debemos asustar a la gente con la visión de la muerte, y eso que voy bien cubierto, con una sábana blanca, con una de las que había en la cama; me llevan por un pasillo, he abandonado la habitación del hospital donde había permanecido durante más de un mes como enfermo terminal; ahora supuestamente estoy muerto, pero aún no del todo, no señor, por mucho que se empeñen todavía no he estirado la pata; no me queda mucho tiempo, tal vez minutos o alguna horilla, sea el tiempo que sea lo aprovecharé; sé que no voy a hacer nada extraordinario, pero al menos hablaré y respiraré; cuando cesen ambas facultades, sabré que estaré muerto, o mejor dicho, sabrán que estaré muerto; me alegra poder emplear tiempos futuros, eso quiere decir que todavía me queda un hilo de vida. El camillero va demasiado deprisa, al menos eso me parece; veo una luz muy difusa a través de la sábana, son las luces del techo que iluminan el largo pasillo. Me asombra la rapidez con la que me han sacado de la habitación, la necesitarán para otro paciente, para otro paciente que tenga más posibilidades de vida, yo era un caso perdido; en estos macrohospitales el espacio clínico está muy valorado, no se andan con chiquitas y enseguida solucionan todo por la vía rápida. ¿ Estaba solo o acompañado? Creo que mi esposa y mis hijos estaban en la habitación, todo está muy borroso en mi mente, estaba muy sedado y casi no podía diferenciar los rostros que veía, ahora estoy más despejado, da lo mismo, este viaje lo tengo que hacer solo; la idea de pertenencia ya no existía, ni les pertenecía ni me pertenecían, tampoco pertenezco ya a ningún lugar, tal vez a una camilla y ésta adonde me lleve. Mi voluntad no cuenta, estoy en manos ajenas, mi destino se acaba, mi cuerpo se entrega inocentemente a quien lo quiera manipular; no opondré resistencia, no porque no quiera, sino porque me faltan fuerzas físicas. Corred, corred, corred, más deprisa, no os paréis y, sin embargo, un alto repentino, esperamos, seguimos esperando, ¿ qué esperamos? Un ascensor, sí, debe ser un ascensor, se abren unas puertas automáticas y entramos, ¿ iremos hacia arriba o hacia abajo? Por lógica hacia abajo, no me equivoco: descendemos, ¿ iremos solos aquí adentro? No se oyen intentos de conversación, además, aquí cada uno va a lo suyo, cumple su función, su trabajo, a mí el camillero me lleva abajo, esa es su función: llevarme abajo, lejos del mundanal ruido, ya no pertenezco a él, mi nuevo mundo es el silencio, el reposo, el descanso en paz. Me siento bien, me refiero a dolor físico, nada me duele y sin embargo, tengo la sensación de estar perdido; debo vivir el instante, su continuación me produce miedo, no sé qué va a pasar, o tal vez sí, pero no lo quiero aceptar, o tal vez ya pasó y no me he dado cuenta, lo importante es hablar, aunque solamente sea para mí;¿ respirar? Yo creo que estoy respirando, sí, estoy respirando; todavía seguimos bajando, me llevarán al subsuelo, es el lugar que me corresponde, se mire como se mire, es el declive, la hecatombe, el desmoronamiento, cualquier palabra es válida con tal de que lleve implícita un sentido de movimiento descendente, así de claro, y casi lo prefiero; en los sótanos de este macrohospital debe de haber más tranquilidad, porque en las plantas de enfermos es un bullir de gente y de ruidos desconocidos; quedarse unos momentos más con los familiares no soluciona nada, no es agradable contemplar llantos contenidos y manos crispadas, todo a punto de estallar; el momento de la partida es doloroso, por decir algo, el cúmulo de sensaciones es indescriptible, la resignación hacia un destino irreversible es la única contención. Recuerdo algo sus miradas, unas miradas que se clavan para retener una última imagen y obligar a la memoria a su conservación, menos mal que estaba sedado, hay vivencias que irrumpen con tanta fuerza en mi interior que sólo son soportables bajo un estado de alelamiento. Le agradezco a los  médicos que me trataron el saber medicarme, siempre estuve con un grado de consciencia aceptable, advertía lo que me sucedía y lo que acontecía a mi alrededor, pero siempre había un freno al desbordamiento de las emociones. Creo que ya hemos llegado, sí, así es, la puerta automática se abre y salimos, se está más fresco aquí abajo; emprendemos el camino a no sé dónde, vamos bastante rectos, eso quiere decir que continuamos a lo largo de un pasillo; no hay tanta iluminación, las luces están situadas en tramos más distantes, y seguimos y seguimos y seguimos y seguimos y seguimos y seguimos y sí huimos y sí huimos y sí huimos y huimos y huimos y huimos...¡Stop! Nos hemos parado y unas puertas se abren, entramos; tengo la sensación de haber penetrado en un gran espacio, presiento un enorme vacío agudizado por cierto frescor; no hace frío, hace fresquillo, se está bien, ¡ como ando ligero de ropa!, me deberían haber abrigado más, aunque bien pensado los muertos ni sienten ni padecen; no le voy a dar importancia a pequeñeces en mis últimos momentos. La camilla ya no se mueve y oigo unos pasos que se alejan, me han dejado en una gran sala, seguro, en una especie de depósito, me han dejado solo, no tengo miedo, nadie me va a comer, tampoco conseguirían grandes tajadas, estoy en los huesos, mucho que expurgar y poco chicha; todo está a oscuras, o eso me parece, tendré que acostumbrarme a la oscuridad, vaya por donde vaya tendré que contar con esto, me puedo ir olvidando de los cielos azules y verdes praderas, o a lo mejor no,¡quién sabe! Todo es tan incierto; también he de contar con la sábana sobre mi rostro, ésta tamiza la poca iluminación que puede haber en este espacio, pero no es lo mismo, cuando veníamos por los pasillos se notaba que la luz era muy intensa y aquí de eso nada, lo dicho, me tendré que acostumbrar a lo que hay.¡Qué silencio! Otra de las tantas cosas a las que tendré que habituarme, además no es para tanto, siempre renegué del ruido; me doy cuenta de que soy de mal conformar, pero es demasiado tarde, ¡a buenas horas! Ahora ya no hay remedio. Me siento bien, tranquilo, después de tantos dolores que he pasado con la enfermedad es gratificante sentirse sereno, me había hecho al sufrimiento, no creía que después de innumerables penurias pudiera alcanzar la tranquilidad, al menos no experimentar que alguna parte del cuerpo se rebelaba y que solamente una medicación fuerte podía aplacarla. No creo que esté muerto del todo, los muertos no razonan, no se mueven, yo no me muevo, pero es porque no quiero, tengo sensación en los brazos y en las piernas, tampoco tengo por qué moverme, me muevo si quiero y si no quiero moverme no me muevo... me estoy liando; oficialmente estoy muerto para el mundo de allí arriba, aquí abajo es otra cosa, se siente de distinta manera. ¿ Habrá más gente en este depósito? En estos macrohospitales hay una gran producción de muertos, la gente antes se moría en casa, ahora se amplió la oferta y en las reparaciones, la búsqueda de remedios para cuerpos decrépitos y consumidos, buscamos en la ciencia una solución que a veces no se consigue; entramos, pero ya no salimos, no al menos por la misma puerta. Seguramente habrá más gente aquí adentro, claro que al estar muertos no pueden decir nada, también están tranquilos, sosegados, las prisas son para allí arriba, el reposo le toca aquí abajo; allí arriba, aquí abajo;  allí arriba, aquí abajo; allí arriba, aquí abajo; allí abajo; aquí arriba; arriba abajo, allí aquí; arriba abajo, allí aquí... un lugar. Estoy desnudo, bueno, casi desnudo, aún conservo el pañal, al principio me quedaba bien, lo llenaba, al ir perdiendo peso la talla que usaba me iba grande y me pasaron a una más pequeña, ésta me sienta mejor. No es momento de coqueterías, lo que me pasa es muy serio, pero¡ qué le voy a hacer! En el fondo me alegro, aún conservo cierta vanidad¡ qué caray! Porque a mí así no me entierran; me gustaría que me pusieran uno de los muchos trajes que poseía allí arriba, tenía uno gris que me sentaba de perlas, cuando mi mujer me lo veía puesto, babeaba... pero ¿ qué digo? Si ya casi soy un fiambre y recordando mi vida pasada, y ¿ por qué? A lo mejor es momento de hacer recuento. No me siento con ganas para recorrer mi vida, para recordar cada momento, para pararme en él y analizarlo; en el fondo estoy cansado, grosso modo he llevado una existencia fructífera, no exenta de contratiempos y de desgracias también, igual que la de cualquier otro hombre, he aprendido de la experiencia y me he dejado llevar por mi destino; no lamento nada, me gustaría pararme en etapas de mi vida, contemplarlas desde la distancia y desde mi edad madura, observarme, verme tal y como era desde que era un bebé hasta este momento, admirarme y desilusionarme, reír y llorar, correr y parar, amar y..., amar y..., amar y...¿ odiar? No, odiar no, mejor desamar, vivir y morir... tantas y tantas emociones para repasar y no tengo ganas, estoy vago, igual que un niño cuando no quiere hacer los deberes y su madre le empuja a que realice su tarea; tal vez necesitaría a alguien a que me obligase a recordar con detalle, sobre todo, detenerme sin prisas en mi vida hasta ahora; quizá tenga toda la eternidad para hacerlo, o sea, que me lo tomaré con calma, aunque bien mirado tiene que ser bastante aburrido: estar dándole y dándole vueltas siempre a lo mismo sin poder tocar nada, no quiero ni pensarlo, por eso necesitaría a alguien o algo que me motivaran, que supieran extraer de mí las vivencias acumuladas durante mi existencia, y de otro modo, pero ¿ quién va a haber aquí? Nadie, y si hay alguien son momias durmiendo el sueño eterno; por ahora me niego a descubrir mi rostro, la sábana está bien como está; me horroriza pensar en la panorámica que me puedo encontrar en este depósito, lo que decía: momias, momias, momias, nomias, nomias, nomias, no mías, no mías, no mías, no la mía la de otros; yo estoy vivo, o casi vivo, o semivivo, o como se quiera llamar, pero aún no he estirado la pata. Hablando de pata y de su prolongación el pie: hay algo que me molesta en el dedo gordo del pie derecho, y no sé lo es, a lo mejor algún gusano tempranero que augura una futura invasión... Mein Gott ,¡ qué desvaríos se me ocurren!, ¡ mira que soy funesto!, ¡ no tendré otras cosas mejores en las que pensar!. La enfermedad me ha dejado en los huesos, sólo tengo piel y huesos, puedo palpar las costillas, los huesos de mis piernas y brazos; está claro que estoy vivo, muevo las manos que son las que transmiten a mi cerebro esa sensación; huesos, un saco de huesos, huesos, huesos, huesos, juesos, juesos, juesos, juegos, juegos, juegos, juegos... juegos son los que van a hacer los gusanos con mis huesos, no van a encontrar carne, chicha, no va a haber chicha, ni chicha ni limonada... ¡ qué horror! ¡ cómo me estoy poniendo! ¡ qué pesimismo tan tétrico! Y lo serio es que estoy diciendo la verdad, no tengo de qué asustarme, estoy consumido, consumidito, consumidillo, consumidiño, ¡ mira por dónde!¡ cómo suavizan los diminutivos la gravedad del asunto!... Muerte, muertecita, muertecilla, muerteciña... ¡ bueno! No suenan mal, suenan a juego, a un juego de niños...¡ Menudo juego!. No sé por qué me preocupa mi delgadez, el pañal me sienta bien, es lo que llevo puesto, espera que cuando me amortajen y me pongan el traje gris, gris oscuro, el que me sentaba de perlas, me quedará flojo, pero en la caja disimula.¡ Vaya preocupaciones que tengo! ¿ No tendré otras cosas más interesantes en las que pensar? Es importante que una persona se ocupe de su apariencia, además, una última impresión siempre permanece grabada en la memoria... Definitivamente no quiero flores, nada de flores...¿ Cantos? Los que quieran, me refiero a cantos serios, profundos, de ésos que tienen mensaje... ¿Palabras? Unas palabras bien escogidas, unas frases bien dichas sería lo ideal, pero mis deseos nadie los oye, no he dejado nada escrito, mis últimas voluntades no se conocerán; debería haber sido más previsor y haber redactado alguna nota; mi ingreso en el hospital fue tan rápido y todo se precipitó tan inesperadamente que ni tiempo tuve de pensarlo ¡ qué le voy a hacer!...¿ Mucha gente? No, no y no, sólo los más allegados: familiares y amigos íntimos, nadie más; no quiero que mi entierro se convierta en un acto social; sencillito, sencillillo, no, esto no, sencilliño, sí, esto sí, un entierro y nada más, con la seriedad que ello conlleva y nada más...¿ Llantos? Los necesarios, los de mi esposa, que siempre ha sido de lágrima fácil y los de mis hijos, y éstos si quieren, no se tienen que ver obligados a demostrar lo que no sienten; amigos: si se les escapa alguna lágrima no importa, pero no quiero desahogos, que esto de los entierros da pie a mucho alivio de penas y no precisamente a causa del muerto. ¿ Por qué barreno tanto por algo que no voy a sentir ni a ver? Que me dejen en paz, que no mareen mi cuerpo, porque para entonces sólo va a ser un cuerpo inerte. Quiero tener sensaciones, preocupaciones normales, sentir lo de siempre, lo de cada día, como cuando estaba sano, pero esto no puede ser así, no, porque no, estoy en el crepúsculo de mi vida y en el umbral de lo desconocido; tengo miedo, es lógico, la intensidad con la que percibo esa “ paura” me da ganas de aullar; me encuentro mucho más lúcido ahora, la sedación va perdiendo su efecto, necesitaría una poca más para amortiguar el choque con próximas amarguras; en el fondo me alegro de que no haya nadie para pedirle una dosis más, recuerdo: unas quejas de dolor y ya me estaban inyectando un tranquilizante; ahora debo ser valiente, no puedo ser cobarde, al final debo mirar de frente, percibir los últimos estímulos que me brinda la vida como un héroe, como un héroe humilde, como un héroe anónimo y sin pedestal, pero eso sí, con camilla. Aquí abajo no se oye nada, ¡qué tranquilidad!, siento una ligera curiosidad por saber si hay alguien; no me encuentro cómodo con la sábana sobre mi rostro, en cierto modo me aparta, me indica que ya no pertenezco a mi mundo anterior, y sin embargo, siento cierta curiosidad por saber si hay alguien más en este depósito; a lo mejor me llevo una sorpresa y está lleno de cuerpos en reposo... lo de cuerpos en reposo me gusta más, más suave, porque la palabra “cadáveres” da escalofríos; al menos aún no me considero uno de ellos. Y mi familia ¿ qué estará haciendo en estos momentos?  Estarán apenados, desorientados; mis hijos es la primera vez que pasan por esta situación, es la primera vez que se enfrentan a la desaparición de un ser querido, la de su padre; deben sentirse como atados sin saber qué hacer. Mi esposa, es otra cosa, ya ha experimentado lo que es perder a seres queridos: quedó huérfana de padre y madre a una edad muy temprana; estoy seguro que les ayudará a pasar el mal trago, que  les empujará a seguir adelante y que la pérdida de un padre no es más que una etapa en la vida de una persona, la etapa final. Los he querido mucho a todos, reconozco que a veces han tenido que aguantar mi mal humor, he sido algo cascarrabias, pero mi temperamento no estaba hecho para mantener una sonrisa de oreja a oreja todo el tiempo; creo que me han soportado estoicamente y sobre todo durante el tiempo de mi larga enfermedad; ésta había minado mi ánimo y si no llega a ser por su apoyo y palabras esperanzadoras habría llegado a este depósito mucho antes, de eso estoy seguro. No debo pensar en pretérito ni en futuro, sólo en presente, sólo me queda el presente y para esos momentos , instantes, mi existencia subsiste en tiempo mínimo, estoy destinado al silencio, a la nada, a la transfiguración, a permanecer en el recuerdo de alguien que me quiera rememorar y para esto va a ser un ámbito muy reducido: familiares y amigos. Nunca he hecho nada extraordinario, colaboré con el género humano para ser uno más de ellos, al menos traté de dignificarlo con mis acciones; no deseo agradecimientos, ni pompas, ni de las alegres ni de las fúnebres, pero eso de morirme tan solo y con tanto silencio, eso no me chista, vamos, que no me va; la verdad es que no sé mucho lo que quiero, le que sí sé es lo que no quiero. Por ejemplo, podían ser unas palabras de despedida bien dichas, y una musiquita, ¿por qué no? Pues no quedarían mal, y puestos a desear: algo de compañía, ya me llegará la soledad y el silencio, allá, en la eternidad. ¿ Qué habrá detrás de esta sábana? Siento enorme curiosidad, no se oye nada, ¿ y si la retiro un poco para ver lo que hay? ¿ habrá alguien que me esté observando? A lo mejor estoy solo, eso es lo que creo, si no me decido a retirarla un poco, me moriré con la duda y nunca mejor dicho... Un poco, un poquito...Sí, creo que este depósito está vacío, hay como una penumbra, pero tampoco me fijé con tanto detenimiento... lo intentaré de nuevo, retirando un poco más la sábana...Mon Dieu!!!  Una araña gigante, sí, una araña gigante suspendida del techo, me cubro, no quiero ver nada más; del susto hasta mi corazón palpita más deprisa, he recibido como una especie de descarga en todo mi cuerpo, un shock; la impresión me ha sacudido por entero, me siento con más energía; ha sido como una inyección de vida... No, no puede ser, analicemos la situación, una araña gigante aquí no, ¿ qué pinta una araña gigante en este depósito? Lo más probable es que sea pequeña, normal, pero dadas las circunstancias en las que estoy la tendencia a la exageración me traiciona y me hace ver cosas que no existen o que sí existen, aunque dentro de los cánones lógicos de la realidad. Será una arañita. Voy a repetir esta palabra varias veces para tranquilizarme: arañita, arañita, arañita, aran-ñita, aran-ñita, aran-ñita, alan-ñita, alan-ñita, alan-ñita... Me siento mejor, como si el diminutivo menguara la exageración. Estoy sereno y voy a intentarlo de nuevo... My Got!!! Una araña gigante, no puede ser, debo haber visto otra vez mal y con taparme la cara no soluciono nada; el miedo me impide fijar la mirada, tengo una idea global del instante y no de los detalles; sea como sea, no hay quien me quite de la cabeza que he visto una araña, además, de las grandes. Insisto, podrán ser delirios de moribundo, pero yo he visto una araña gande, muy grande. Lo intentaré de nuevo, por aquello de que a la tercera va la vencida... Mein Gott!!! Una araña gigante...sí, es una araña, es una “aranña” metamorfoseada... bien mirada, parece una figura humana metamorfoseada en “ aranña”...Sí, sí, ya veo, ya estoy hecho a la penumbra, es la figura de un hombre muy delgado, en los huesos, como yo, con los brazos extendidos, ¡ y qué brazos tan largos! ¿las piernas? Tan largas como los brazos, ¿ el cuerpo? Desproporcionadamente más pequeño que las extremidades, y muy flaco, ahí está la causa de mi confusión, ¿ el rostro? Serio, con enormes ojos, parece como si me estuviesen mirando fijamente. Me sorprende la capacidad de percepción que tengo, puedo distinguir esa figura no a la perfección, pero casi. Aquí todo es penumbra; lo que me pasa es que me estoy adaptando al entorno y como aquí apenas existe luz la vista tiene que acostumbrarse a lo que hay, sí, seguro que es eso, ¿ Qué hace este hombre suspendido del techo con los brazos extendidos en forma de cruz? Además, lo han colocado delante de mí, o a mí me han colocado delante de él; la verdad es que impresiona, no lo entiendo. Miraré para otro lado. Este depósito es de grandes dimensiones, está destinado para albergar cantidad de cuerpos, los techos son muy altos y las paredes quedan muy distantes, nos han situado en el centro mismo de este gran espacio. Solamente estamos nosotros dos, al menos ya no estoy solo¡ qué alivio!; aunque este individuo debe estar tan muerto como yo, él aún más porque yo me muevo, no mucho, pero me muevo. Apostaría que en esta gran sala hay eco, siempre me ha gustado, allá arriba cuando me encontraba en lugares donde mi  voz se podía reproducir, hablaba en voz alta o gritaba suavemente, el oír la respuesta a mi propia voz me parecía algo mágico, tenía la sensación de la existencia de otro yo más allá. ¿ Y si gritara un poquito? A lo mejor mi otro yo anda por aquí cerca... No, no y no, me tengo que controlar, tengo que controlarme como lo que soy: un muerto o casi. Los muertos no andan dando gritos, da lo mismo con eco como sin eco, con eco como sin eco, con eco como sin eco, con hueco como sin hueco, con hueco como sin hueco, con hueco como sin hueco, con huevo como sin huevo, con huevo como sin huevo, con huevo como sin huevo...con huevos como sin huevos.¡ Anda que hay que tener huevos para ponerse a gritar en este depósito donde todo es paz y tranquilidad! Se da por sabido que aquí abajo reina el silencio y que los muertos muertos están, así que nada de escándalos, a callar, debo estar tranquilito, tranquiliño, eso. Debo tener algo extraño en el dedo gordo del pie derecho, no me molesta mucho, pero es algo ajeno a mi cuerpo ¿ y si me incorporo para ver lo que tengo? Los muertos no se incorporan, aunque yo no estoy muerto, estoy moribundo; en realidad no sé lo que soy; mejor levanto la pierna, sacaré el pie fuera de la sábana...¡ Vaya! ¡vaya!¡ si me han puesto una etiqueta! Seguro que han escrito mi nombre en ella, la dirección ahora no tengo, quizá hayan puesto las causas de mi muerte; no creo que interesen mucho; me la han  atado un poco fuerte, ahí era donde radicaba la molestia, ¡ qué tontería! Si no me voy a perder, bueno no me pierdo porque no quiero, esta camilla tiene ruedas y aún podía dar una vueltecilla, un susto momentáneo aún podían llevarlo, mira que si entran aquí y no me encuentran ¿ qué pensarían? ¿ que me habría fugado? Sería “ridicule” , yo nunca haría eso; asumo mi situación, mi papel, el de muerto. Estoy etiquetado. ¡Anda! Este hombre también tiene una etiqueta que cuelga de su pie, de su pie exactamente no, de una punta que le han clavado; ¿y qué pondrá? Ahora sí que me tengo que incorporar; no, no, moveré ligeramente la camilla y de nuevo volveré donde estaba, no quiero que sospechen que me he movido; no veo con claridad, ¡claro! No hay luz, más bien oscuridad, entonces, me acercaré un poco más, sí, ahora sí: “ Cristo románico, siglo XII”; ¡ qué lujo! ¡qué clase! Yo no soy tan añejo, pero tengo mi orgullo, no seré del siglo XII, pero sí soy del siglo XXI, quiero que se olviden de mi nombre y que en mi etiqueta escriban: “ Hombre moderno, siglo XXI”,¡ qué cerca estamos! ¡vaya dos joyas que estamos hechos! ¡ qué ejemplares de pura raza!¡ cuánta decrepitud!¡ cuánta irracionalidad!¡ cuánta escasez de todo!. ¡Menos mal! Ya no estoy solo, al menos tengo con quien hablar telepáticamente; no pienso pronunciar ni una palabra, lo dicho, los muertos no hablan, así que yo ni mu, ¿ cuánto tiempo llevas aquí? Siglos por lo que veo, aunque no todo el tiempo lo pasarías en este depósito, digamos que llegaste aquí por ironías del destino, o porque también estabas desgastado como yo; hay que reconocer que allí arriba no se andan con monsergas, los trastos viejos y  fuera de uso los apartan rápidamente de la vista; para eso nosotros dos: nous voici! Vivos ejemplos de una inutilidad. Permíteme que te toque un pie, no te voy a hacer cosquillas, aunque unas pocas no te vendrían mal para alegrar esa cara de palo; disculpa la familiaridad con que te trato, pero me queda poco tiempo para andar con remilgos y hay que entrar pronto en confianza; estás duro, te has fosilizado, no me extraña, ¡ con tantos siglos!; no, no, no, era una broma, ya sé que eres de madera, en tus años mozos hasta llegarías a ser policromado, sí, se te ven restos de policromía y hablando de “poli” el tacto me dice que tienes agujeritos, es decir, que la polilla se ha adueñado de ti, pues mira,¡ qué le vamos a hacer! A ti te ha tocado la polilla y a mí la enfermedad, que no deja de ser la polilla de un cuerpo humano. Mírese como se mire los dos estamos picados, lo que te decía:¡ qué le vamos a hacer!¡ cada uno con su cruz!...¿ a qué me suena esto?. Veo que a ti también te han puesto pañal; créeme, no es por nada, pero me alegro, aunque nada más sea un poquito, en plan solidario; esto nunca lo he llevado bien, cuando me lo pusieron por primera vez se me cayó el alma a los pies, significaba que había perdido el control, aunque solamente fuera el control de una parte de mi cuerpo; sabía que éste se desbocaba y temía no poderlo dominar y así fue, desde aquel entonces todo ha ido de mal en peor; en una palabra, que es un alivio saber que más gente usa pañal. Tienes una herida en el costado, ¿ qué te ha pasado? ¿eres donante de sangre? Tienes rastro de ella, de tanto darla te han dejado seco; es que a veces abusan del ser humano los de su misma especie; está visto, no se puede ser bueno. Se te notan las costillas, a mí también; tus rodillas son prominentes, las mías también; tu rostro está pálido, blanquecino, el mío también; tus brazos y piernas se han prolongado en unas manos y pies que se alargan en busca de un límite, los míos también; nuestras extremidades se han convertido en palos, ramas de un tronco que se debilitan hasta la extenuación. ¿ Cuánto pesaremos? Somos peso pluma y creo que aún exagero; la tierra va a delirar con nosotros, pocos nutrientes va a recibir por nuestra parte... ¿ No oyes? Sí, sí, presta atención, nos han puesto música, ¡ qué amables!, han adivinado mi pensamiento, me hubiesen gustado unos cantos, pero ¡ al no poder escoger!; no obstante, me gusta esta música, va mucho con el ambiente; no, seguro que no la han puesto porque nosotros estemos aquí, los de arriba la ponen como música ambiental, para crear un atmósfera en consonancia con las circunstancias; a veces soy mal pensado ¿ por qué no la habrían puesto por nosotros? Tampoco tengo indicios de lo contrario, así que, por una vez o por última vez, quiero ser bien pensado: seguro que va dedicada a nosotros. Me gusta lo que oigo, creo que ha sido bien elegida, me transmite sosiego, serenidad, esta música me trae recuerdos de mi vida, que tampoco hace tanto tiempo que la dejé, pero ya forma parte del pasado, de mi pasado: esas flautas, los instrumentos de madera, el oboe, todos me representan, musicalmente reconstruyen mi vida, no me quedan palabras para recordar, ya las he desgastado todas allí arriba, y sin embargo, esta música crea para mí lo que por agotamiento no sabría expresar verbalmente; la muerte me acecha, lo sé, ese brusco golpe de timbal y el trémolo de violines me dicen que anda cerca; me resistiré hasta el agotamiento, a fin de cuentas tengo derecho a exprimir mi vida hasta el último aliento; ¿ tú qué opinas? No opinas nada, no hay nada que opinar, la extinción no suscita opiniones, la misma palabra absorbe el razonamiento que se puede hacer sobre ella. Voy a mover la camilla a su posición anterior, así podré verte de nuevo al completo; ¡ vaya ojos tan grandes que te han hecho! No sé cuáles serían las intenciones del escultor, pero se pasó un poco, di tú que así ves mejor; ¿ qué no habrás visto a través del tiempo? Habrás visto de todo, y sin embargo, sigues con ellos abiertos de par en par, ¡ vaya paciencia! Yo en tu lugar quizá ya los hubiese cerrado. Poco hemos avanzado, en la ciencia hemos llegado a grandes metas, humanamente hablando nos hemos quedado en la edad de piedra, y no exagero. Fíjate que podía haber dicho la edad del cobre, o del bronce, o del hierro, y no, dije la de piedra, más primitivo todo, más animalllllll. Se está cómodo en esta camilla, tiene un ligero mullido y eso hace que mis huesos no perciban la dureza de una superficie plana...¡ Mira al fondo! Detrás de ti hay una puerta y sobre ella un rótulo luminoso con la palabra EXIT; no me había fijado todavía, tampoco tiene nada que ver, así que excusas girarte; me llamó la atención porque es la única salida que tiene este enorme depósito, por allí seguro que hemos entrado y naturalmente saldremos, ¿ adónde nos llevarán: a un horno crematorio o a una fosa? Who knows? Quien lo sepa llevará un premio: un perrito piloto. ¿ Sabes una cosa Cristo románico siglo XII? El hecho de hablar en plural me consuela, ambos seguimos un mismo destino, la misma dirección y eso me alivia; aunque no lo parezca, mi miedo, mi angustia me obligan a compartir, a buscar un socio a su pesar; casi te exijo que me prestes atención; en estos momentos nos necesitamos, tú, no sé si lo tendrás claro, yo no, estoy ciego ante lo que se avecina; empezaré a dar tumbos y precisaré de alguien en quien apoyarme, un bastón de madera, por ejemplo, como tú, tú estás hecho de ese material... Estoy empezando a ponerme trágico, prestaré oídos a la música, será mejor a ver si me tranquilizo un poco, sí, seguro que sí... ese violín, el arpa, la flauta me recuerdan mi adolescencia, el amor, sí, necesitaría mucho amor en estos momentos, pero me han separado de mi familia, claro, en teoría ya estoy muerto, me mantendrá su recuerdo; me siento mucho más tranquilo, hasta parece que respiro un poco mejor; no obstante, la angustia me come al pensar en el próximo golpe de timbal porque me anuncia una nueva arremetida de la muerte. Tener el rostro descubierto no me hace sentir tan muerto, a fin de cuentas tampoco lo estoy, casi, pero no del todo. Se está tranquilo aquí abajo, hay paz y silencio, si esto es la eternidad yo diría que no se está tan mal, bueno, la eternidad o como se quiera llamar al estado posterior de la muerte; sólo es algo aburridillo, aunque con alguien como tú que das  compañía y no incordias se lleva bien; yo me desahogo, tú ni me das la razón ni me la quitas; a lo mejor es debido a la comunicación telepática, comprenderás que verbalmente no puedo decir ni mu, ni ma, ni me, ni mi, ni mo, ni muuuuu. Sin embargo, voy a decir en voz alta mamá, no me importa que sea lo último que diga en alto, fue el primer sonido que pronuncié en mi vida, así que puede ser perfectamente el último, ahí va: “mamá”, bueno, ya me he quedado aliviado. ¿ Qué te estaba diciendo? ¡Ah! Sobre la comunicación, pues que estás en tu derecho a no decir nada, habrás hablado tanto a través de los siglos que te has quedado mudo; no me extraña, la gente hoy en día no está por los sermones y has decidido permanecer en silencio; además, tienes que estar agotado, todo el rato con los brazos en cruz, eso tiene que ser extenuante, quien te mortificas eres tú...He oído un ruido, la puerta está entreabierta, ¿ quién será? Seguro que vienen por nosotros, yo aún no estoy preparado, quiero decir que aún no me he muerto; claro, ellos no lo saben, asumen que al estar aquí abajo” tutto è finito”, pues muy mal hecho; ¿ qué hago ¿ cierro o abro los ojos? Hasta me he puesto nervioso, antes de nada me calmaré y observaré quién entra... Nadie, nadie, estaré a la expectativa, no hay ningún ruido...¡¡¡ Una pelota entra botando!!! ¿ Qué pinta aquí una pelota? ¡ Anda! Y viene hacia aquí, esto no me parece normal, ¿ tendrá algún significado especial? ¡¡¡ Trágame tierra!!!... please, not yet!; sigo insistiendo que no me parece normal; ¿ tú que opinas? Nada, ya lo sé, les dejas hacer lo que les dé la gana y así salen las cosas. No has cerrado los ojos y yo tampoco; me intriga la entrada de esta pilota, ¿qué significado, qué simbolismo tiene una pileta en este lugar? Un pilote no pinta nada aquí y una paleta menos. Habrá alguien jugando aquí abajo, no me imagino a los médicos o enfermeras jugando de lo lindo con una pelota; creo que es una reflexión muy poco acertada con una posibilidad muy remota... Alguien entra, sí, es un niño, está claro, estaría jugando cerca de aquí, viene en busca de su juguete; no debemos movernos sino se llevará un susto de muerte, nunca mejor dicho; voy a cerrar los ojos y permaneceré inmóvil, no obstante, intentaré entreabrir los ojos y observar lo que hace; no me atrevo, se está acercando cada vez más; diría que ya está a nuestro lado, te está contemplando y no se ha asustado, ¿ verá con esta penumbra? Los niños son muy listos, tienen vista de lince, ¿ lo ves? Tienes que verlo, no has cerrado los ojos, te mira fijamente, os miráis fijamente, yo os miro fijamente, todos nos miramos fijamente, por un instante el mundo se ha mirado fijamente; te está tocando el pie, es el tacto de la creación y ahora viene hacia mí, mis ojos están cerrados, noto que me observa, examina mi rostro, pasa su mano sobre él, recorre cada una de mis facciones y advierto que es mi último contacto con un ser humano, mi despedida. Se va en paz y nos deja en paz… La muerte ataca de nuevo, la música se hace cada vez más agresiva, se inicia el combate de nuevo, ya no me quedan fuerzas, me niego a abdicar, y sin embargo me doy cuenta de que mi cuerpo está a punto de sucumbir, estoy cansado, renunciar es noble, la muerte exige una transfiguración no sólo de cuerpo sino de espíritu también; Cristo románico siglo XII ha llegado la hora de despedirnos, ha sido muy grata tu compañía, sobre todo en estos últimos momentos el poder hablar en plural ha llenado la soledad que la situación impone, ¿ te vienes también?  O ¿te quedas? O quizá ya te has ido. A lo mejor nos volvemos a ver, así que la despedida no quiero que sea formal, con un “ arrivederci” es suficiente, no quiero hacer aquí el final de una tragedia. Creo que me quedan cosas por decir y hacer, mi mente se carga, en ella hay un enorme batiburrillo, ya casi no me queda tiempo y lo que me gustaría expresar no encuentra coherencia en la ordenación de las ideas, pierdo la razón, mi cuerpo está a punto de extinguirse y con él mi voluntad; tengo frío, desearía calor humano, un toque de lujuria para despertar de nuevo  a la vida, pero de este cuerpo ya no se puede esperar nada, está agotado y exige reposo, me muero deseando oír unas palabras hermosas de despedida y al mismo tiempo de esperanza; este depósito es un lugar de transición, desangelado, inhóspito, nada se puede esperar de él. ¡ La música! ¡ la música! La música ha cambiado, es lo único que me queda de los seres vivos, es mi única conexión con el ser humano y con lo que queda de mi ser humano; un último esfuerzo, mi último esfuerzo será agarrarme a ella, asirme a ella con uñas y dientes; estoy entrando en un “ decrescendo” , me abandonan las fuerzas, la vista me falla, la penumbra se hace más intensa y alcanza la negra oscuridad de la noche, mi cuerpo ha llegado a su máxima profundidad, creo que ya me he muerto... Bueno, aún no del todo. Ha llegado el momento de mi transfiguración, ya no soy yo, soy otro, lo sé por la armonía, poco a poco se clarifica: los violines, las trompas abordan un “ crescendo”, estoy en él, exhalaré mi último suspiro, las luces del depósito paulatinamente van creciendo en intensidad y por primera y última vez puedo ver con toda claridad mi mundo circundante: un simple depósito, vacío, inhumano, con sus dos únicos supervivientes a punto de extinguirse: “ Un Cristo románico, sigloXII” y “ Un hombre moderno, siglo XXI”... La música se acaba, yo me acabo, la música se acabó, yo me acabó...a cavar..............................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................................Creo que aún no me he muerto del todo, me falta poco, eso sí, pero aún no he rematado. No me voy tranquilo hasta que alguien pronuncie unas palabras de despedida; esta agonía va a ser muy larga, lo presiento, me he empecinado en que alguien diga algo y aquí abajo lo veo difícil¡ paciencia!...¡ Allí, al final! Aquellas letras rojas, movibles, en una pantalla electrónica, van demasiado deprisa, tendré que prestar atención, no puedo leer con tanta rapidez, quien las haya puesto no se da cuenta de que un casi muerto no tiene los mismos reflejos que un vivo, no obstante, ha sido un detalle por su parte, me han adivinado el pensamiento, y yo me he equivocado en mi presentimiento, a ver qué es lo que pone: http://www.youtube.com/watch?v=jeAw8ycjnro Aufersteh’n, ja auferstehen wirst du,/mein Staub, nach kurzer Ruh’!/Unsterblich Leben! Unsterblich Leben/ wird der dich rief, dich rief dir geben!/…………………………. http://www.youtube.com/watch?v=tf5fM1i3MGQ O glaube, mein Herz, O glaube:/ es geht dir nichts verloren!/ Dein ist dein ja dein, was du gesehnt!/ Dein, was du geliebt, was du gestritten!/ ……..O Glaube: Du wardst nicht umsonst geboren!/ Hast nicht umsonst gelebt, gelitten!/………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….Sigo insistiendo en que las letras van muy deprisa, pero es lo que hay; ya me voy más tranquilo, me ha gustado lo que dicen, aunque más me hubiese gustado que alguien, que una voz me las hubiese susurrado y cantado al oído, ahora tampoco es cuestión de enfadarse, eso es todo, me voy, ¡Hala! Ya me muero. 





Resucitarás, sí, resucitarás/ mi polvo mortal, después de un breve descanso!/ ¡la vida eterna! Aquél que te llamó te la dará...........Cree corazón mío, cree/ ¡ no hay nada perdido para ti!/ ¡tuyo y nada más que tuyo es lo que has anhelado!/ ¡ tuyo es todo lo que has amado y por lo que has luchado!...........Cree: ¡no naciste en vano!/ ¡No viviste ni sufriste en vano!.....

Aufersteh’n: sinfonía n. 2 G. Mahler.        



Cristo velato de  la Cappella Sansevero de Nápoles

                                                                             

martes, 24 de diciembre de 2013

¿A QUE SÍ SABES EL ANIMAL QUE ES?

    ……………¡Ah!...¡hola!. No me daba cuenta de que estabas aquí, soy muy despistado. Vienes a ver al abuelo ¿verdad? ¡claro que sí!. Ya me ha explicado que tiene  muchos aficionados a escuchar sus historias y es que realmente son interesantes; pero hoy va a ser difícil que venga y es debido a un mal catarro que cogió hace unos días; lo que le obligará, seguro, a guardar cama durante otros tantos. No obstante, no te preocupes, porque me dejó dicho que sobre la mesa había unos dibujos suyos y que le gustaría enseñárselos a sus amigos; al no poder, insistió en que yo lo hiciera, así que con mucho gusto te los muestro…………¿Los has visto?.................¿Sí?..............¿Qué te parecen? A mí al principio me resultaban difíciles de comprender, aunque enseguida los adiviné todos…Bueno, todos no, casi todos…….¡Caray! no pongas esa cara tan larga; seguro que con alguna pista que te dé los reconocerás en un santiamén: SON TODOS DIBUJOS DE ANIMALES…¡Hm! ¡hm!, creo que no he descubierto nada nuevo, el título ya lo aclara. Te daré otra pista, ¡cómo hay tantos y tantos y tantos!..... Pues bien, prométeme que no le comentarás nada al abuelo si te digo sus nombres ¿vale?. Sólo sus nombres ¿eh?, el resto te toca a ti; además al final de los dibujos tienes la solución. Hay: UN TORO, UN PERRO SALCHICHA, UN SALTAMONTES, UNA JIRAFA, UN CANGURO, UN ELEFANTE, UN AVESTRUZ, UN GALLO, UN RATÓN, UN LEÓN, UN CARACOL, UNA TORTUGA, UN PELÍCANO, UN CONEJO, UN PULPO, UNA MOSCA, UN BÚHO, UN GATO, UN FLAMENCO, UN PATO, UNA ARDILLA, UN CIERVO, UNA AGUILA, UNA SERPIENTE, UNA BALLENA Y UN CISNE…¡Ah!, se me olvidaba; fíjate que son muy sencillos de realizar, tú mismo puedes dibujárselos a tus amigos para que los adivinen…Y nada más, ¡buena suerte!..








































































































































































































































































Solución: números 1-un cisne, 2-un ciervo, 3-un pelícano, 4-un gallo, 5-un canguro, 6-una ballena, 7-una tortuga, 8-una serpiente, 9-un búho, 10-un águila, 11-un saltamontes, 12-un pato, 13-un león, 14-una ardilla, 15-un ratón, 16-un flamenco, 17-un caracol, 18-un gato, 19-un avestruz, 20-un elefante, 21-una jirafa, 22-un perro salchicha, 23-un toro, 24-un conejo, 25-una mosca, 26-un pulpo.