miércoles, 30 de marzo de 2022

BASSO PROFONDO

   

Basso profondo

Cantante cuya voz excede en volumen y gravedad a la ordinaria de bajo. (555) Great Litany. Basso profundo. - YouTube


                                                                  S/T-Alain J. Richard



Necesitaba llegar a mi cueva. A mi cueva de nuevo. No es una cueva de ladrones, ni donde se oculta un tesoro. Es mi hogar. Es una cueva primitiva en donde se refugiaban los primeros hombres, esos hombres mitad humanos, mitad animales; de carácter abrupto, semisalvajes, cuyas voces, todavía imperfectas, emitían sonidos desgarradores para el oído del hombre moderno. Yo soy un hombre de voz profunda, tan profunda que se enraíza en las entrañas de la tierra; por eso estoy aquí en esta cueva profunda, en ella me encuentro más próximo a su núcleo. Soy un "basso profondo". Cada vez que canto, y para eso pocas veces, mi voz resuena con tal magnitud que uno percibe la sensación de como si la tierra se abriese y un volcán en erupción brotara del subsuelo expulsando plegarias, súplicas hacia los hombres que moran en la superficie. Pero solamente canto aquí adentro, muy pocas veces afuera, donde nadie me oye; también puede ser que me oiga toda la historia de la humanidad contenida en esta cueva por medio de ondas sonoras transmitidas por el espacio; estoy divagando, lo sé. Nunca suelo hablar con nadie, a lo sumo conmigo mismo, como ahora; por muy bajo que hable siempre hay un eco que me devuelve la voz y me hace sentir acompañado. En el mundo exterior me comunico con mi presencia y a base de gestos, de mi boca no sale palabra, me reservo para cuando estoy aquí y para eso tampoco me explayo mucho, soy parco en palabras. El hecho de venir aquí durante unos días al año es para “reajustarme”, para unificar ideas, o sea, para ser yo mismo. Allí arriba, en el mundo exterior, me entrego a los demás, me disperso y trato de ayudar a quien sea, muchas veces sin hacer nada en particular; me sitúo en un lugar determinado, cubro un hueco espacial, esos huecos que surgen en la vida entre personas, ésos que las distancian y cuyos extremos cada vez se alejan más; a no ser por alguien que ocupe ese espacio y trate de crear un acercamiento, un eslabón que enlace esos otros eslabones que componen la cadena infinita de seres humanos y ésta al universo. Cuando alguien me pregunta a qué me dedico, cuál es mi profesión, como es mi costumbre no respondo nada. Indudablemente, aunque tuviera una respuesta no la expresaría. El caso es que no sé cuál es mi trabajo, mi profesión, todo el mundo se gana la vida de alguna manera, yo me conformo con poca cosa, hacer el bien conlleva silencio y como recompensa siempre algo muy etéreo: una sonrisa o un gesto de agradecimiento. Exponer semejante opinión en el mundo de allá arriba es rayar en la locura, por eso yo sigo manteniendo la boca cerrada, aunque con la curiosidad de poder definir mi “trabajo”: ¿seré un eslabón o tal vez un comodín? No lo sé. También puedo ser un caminante, he caminado tantos kilómetros, recorrido tantas distancias, conocido tantos pueblos que en todos ellos he ejercido mi…he ejercido mi…he ejercido mi…bueno, lo poco que sabía: entregarme a los demás y de ellos recibir lo que buenamente me quisieron dar. No tengo familia, mi familia es el mundo, que no es poco, ¡mira que no hay gente para echarle una mano!. Me gusta tanto contemplar todas las pinturas rupestres que hay en esta cueva, me quedo como un pasmón; todas estas escenas de caza con sus animales y cazadores forman una composición tan vital aprovechando el relieve de la roca, el trazo de las figuras es tan sencillo y observadas a la luz tenue que proyecta el foco retrotrae a uno a tiempos pasados de las cavernas. Me entran ganas de cantar con mi voz de “basso profondo”, pero me contengo, aún no ha llegado el momento. Debería haber notificado a las autoridades el descubrimiento de esta cueva, pero es lo único que poseo, es mi hogar, aunque éste puede estar en cualquier parte, digamos que es mi refugio, en donde me recompongo; creo que lo tengo merecido, es mi cripta sagrada, la respeto y cuido de ella lo mejor que sé; y sin embargo, estas pinturas me comen el coco; cada vez que las contemplo, por la mente se me pasan escenas sucesivas del artista en pleno proceso de creación, ¡cuánto me hubiese gustado observarlo!, ya que no puedo, trataré de cuidarlas y la única manera es guardar silencio; llevan siglos en él y aquí al cobijo de la intemperie también, por lo tanto no voy a ser yo quien altere su reposo secular. Para poder subsistir, necesito urgentemente venir a mi cueva; el mundo exterior me emborracha, me infla la cabeza, ese bombardeo de ruidos, información, acontecimientos fortuitos que alteran la existencia, me cuesta asimilarlos; a veces con mi voz grave me gustaría darles una respuesta, no cortés, no verbalmente, sino con una especie de bufido seco, impactante, grave, ¡claro!, “profondo”, un basta ya; pero he llegado a la conclusión de que allá arriba están sordos y nadie pone empeño en decir: “stop”, stop, stop, stop, stop, stop, s-top, s-top, s-top, s-tope, s-tope, s-tope. Desconocen dónde está el tope. “Estouparán” algún día. Yo calladito, yo chitón. Me consuelan estas reflexiones porque al llevarlas a cabo me doy cuenta de que pienso, de que dispongo de tiempo para pensar; con la vida tan ajetreada que llevo casi carezco de momentos para mí mismo. Allá arriba he pasado por tantas y tantas situaciones desoladoras, lo que comúnmente se llaman difíciles; yo prefiero adjetivarlas de esa manera: desoladoras, asoladoras…de solas…a solas. Puedo hablar de ellas no porque las haya padecido en propia carne, he asistido a ellas y he sabido situarme en ese vacío, en ese hueco que aparta el alma herida de la realidad; soy como un puente que trata de volver esa vida humana, que dadas las circunstancias se ensimisma y permanece a solas, a una coherencia real que la adversidad había alejado. La posición que adquiere mi cuerpo es vertical, sentada u horizontal; mis manos también poseen una gestualidad expresiva, pueden mostrar sosiego, compresión, ayuda…o cualquier otra emoción a semejanza de las palabras; sé que el mundo está acostumbrado a ellas, pero se las ha tergiversado tanto que prefiero que el tiempo las depure y adquieran de nuevo su auténtico significado; yo a lo mío, que es mi presencia. Nunca busco ni rehúyo de nada; mi misión es caminar, andar por el mundo, si se presentan esos vacíos allí estoy yo, soy consciente de que encajo, como esa piedra angular que hace esquina y sostiene dos paredes. Cuanto más hablo, más me doy cuenta de lo difícil que es definirme y preguntarme no quién soy, sino qué soy: ¿Quién soy? Un “basso profondo”, ¿qué soy?...un mendigo, un peregrino, un trovador, un…un…un desenraizado. No enraízo en ninguna parte, ando de un lado a otro: aquí me quedo de aquí me voy; en esta cueva tampoco paro tanto tiempo: unos días, como mucho algunas semanas, y enseguida me vuelvo a poner en camino, buscando un hueco en donde encajar, en donde mi presencia sea necesaria. Mis experiencias y todo lo vivido en ellas me ayudan a continuar, ¡han sido tantas! y de todas ellas he sacado ese aliento vivificador, ese silencio humano en el cual se han desarrollado y he llegado a creer en un silencio especial, innato, propio de la especie, proveniente de nuestros orígenes y que nos conduce a nuestro destino, es decir, desde un principio hasta un final envueltos en él y en el del universo, en donde el ruido y la palabra son meros pasatiempos. He asistido a nacimientos y muertes, a extravíos y a encuentros, a locuras(muchas) y a corduras(muy pocas), a destrucción y a enmierdas…rectifico, enmiendas, odios, felicidades, ilusiones…y a todo aquello que el ser humano sea capaz de realizar, bueno o malo, y sé que aún me queda mucho por descubrir de él y de mí, claro está. Tengo la voz de un “basso profondo”, pero también soy como un vaso profundo, contiene de todo, hay cabida para lo humano y lo divino, en una palabra, soy servicial y sirvo para todo, aguanto lo que me pongan: en el mundo exterior me calificarían como “funcional” o “un multiusos”. Me viene a la memoria la cantidad de niños perdidos que andan por el mundo: por calles de las grandes ciudades, por campos yermos…doy media vuelta y oigo un sollozo y allí veo a una criatura de la cual se han olvidado, bañada en lágrimas, rodeada del desconsuelo y extravío; mi presencia los espanta, me pongo a su altura, es decir, me agacho y al estar al mismo nivel tiendo la palma de mi mano, el mismo gesto que hace el mendigo en señal de súplica por una limosna; no nos decimos nada, y sin embargo, mi ofrecimiento y proximidad alejan su miedo de desamparo; cesa el llanto, su mirada me interroga, soy un desconocido, recelo hablar: quizá hablemos lenguas diferentes; de mi bolsillo extraigo o bien una tiza o un palito, como estamos sobre tierra empiezo a trazar signos con éste último, figuras humanas y de animales que terminan pareciéndose a las pinturas de mi cueva; se entretiene, se distrae y advierto que aquellos trazos firmes y sencillos conectan la modernidad con el pasado por medio de un crío. Y ahora que hablo de críos, también he asistido a partos, no de una forma participativa, claro está, mejor dejarlo en manos expertas, aunque por lo presenciado no debe ser muy difícil, al fin y al cabo la naturaleza lo viene haciendo desde tiempo inmemorial sin tanta ayuda de la medicina; me limito a estar, mi presencia consiste en dar la bienvenida al recién nacido, soy ese eslabón que vincula el útero materno con el mundo real; aunque a mi alrededor haya inquietud, agitación por la llegada de un nuevo ser, yo entro en un silencio “profondo” y parálisis física y no salgo de mi estado hasta que la garganta de la criatura no emite sus primeros gritos desgarradores, entonces mi garganta vuelve de sus profundidades creando una comunicación entre la suya y la mía. Encuentro continuidad en esa sensación. Encuentro pasado y futuro en mi especie. Indudablemente, sí he asistido a partos también a muertes, creo que por igual, tal vez un poco más a éstas últimas; al principio imponen, cuando uno se acostumbra, asume que es una etapa más en la vida de un ser humano; impacta porque es la última y definitiva; mi posición ante ella y como observador es muy parecida a la del recién nacido: me limito a estar, si en la primera es dar una bienvenida, en segunda es una despedida, son idas y venidas, idas y venidas, idas y venidas, idas y venidas, idas y venidas intermitentes que marcan salidas y llegadas: estoy, contemplo al moribundo y aguardo a que exhale el último suspiro, en ese silencio “profondo” y parálisis física mi garganta vuelve a sus profundidades creando una comunión entre la suya y la mía. Ambas situaciones son muy semejantes y ambas están vinculadas con la voz en un estado muy primitivo; no se articulan palabras, es una abstracción, son sonidos abstractos surgidos en la espontaneidad del momento, si bien el primero es un brochazo salvaje y expresionista, el segundo es un trazo de lápiz lírico y sutil. En ambos casos y cuando estoy a solas porque “in situ” no me parece correcto, o sí me parece correcto, pero no sé por quién me tomarían: entonar un canto de bienvenida y uno de despedida son muy adecuados en dichas situaciones; pues eso, canto, suplico por el recién llegado y por el recién partido; lo hago en voz muy baja, casi imperceptible al oyente; cuando vengo aquí, ya es otra cosa, me desmadro y sale a relucir mi voz de “basso profondo”; suplico por el nuevo ser y el que me precedió, como recibimiento y despedida; es tanto el empeño que pongo que hasta mi propia voz me causa escalofríos, mis intenciones y deseos son tan buenos que la impregnan…No quiero olvidarme del amor; es cosa de dos, lo sé, por eso un tercero: yo, no pinto nada; y sin embargo, en un principio puedo ser de muda ayuda; lo recuerdo a la perfección, era en el banco de un parque, la pareja estaba sentada, los dos distanciados, ese alejamiento marcaba aún una profunda individualidad, yo iba de paso y me sentía cansado; sin pensarlo decidí tomar asiento en medio de los dos, en aquel momento no lo consideré una intromisión, los dos me miraron sorprendidos, había impedido un acercamiento, yo no dije nada, pero era consciente de que formaba parte de un obstáculo interpuesto; había cortado una corriente positiva por llamarlo de alguna manera; no había conversación o señal externa, pero había “feeling” entre ellos. Yo simplemente era un “filling”, un relleno. Sabía que era un incordio, aguanté allí un buen rato, me miraban, no dije ni me dijeron nada, cuando creí oportuno me levanté de repente, de un salto, para marcar un vacío, mi vacío, su vacío y que éste se hiciera notar; no me volví, caminé recto y me marqué un punto adonde dirigirme; me volví, giré la cabeza y comprobé que ambas individualidades eran una, el espacio existente entre ellos había desaparecido; durante el resto de aquel día caminé y caminé sin rumbo preguntándome, como muchas veces lo había hecho, qué papel desempeñaba yo en todas esas situaciones. Una vez que pasaba el fragor de la pregunta en mi cabeza y al no hallar respuesta, todo volvía a la calma y me entregaba de nuevo a mi destino, a una nueva “misión”, dispuesto a servir a quien lo necesitara. Si los niños se pierden, los adultos también y sobre todo los ancianos; al hablar de éstos me refiero a los que se encuentran desprovistos de sus facultades mentales; sí, aún me he encontrado con unos cuantos; lo leo en su mirada, es muy propia del extravío, hay como un interrogante en ella, se clava en alguien ajeno con la esperanza de que éste aporte ayuda a su mente deteriorada; como siempre no hay palabras, hay gestos, hay manos para agarrar otras manos: agarro con fuerza su mano, en ese asir enérgico quiero transmitir seguridad y lo llevo conmigo, ambos nos tambaleamos al caminar, por más que deseo mantener un paso firme, su mano me retiene y me da señales de unas limitaciones, me doy cuenta y me adapto, esa contención me enfurece porque frena mi vitalidad de adulto, querría desprenderme de su mano, pero algo en mi interior me conduce a la reflexión; recobro cierto razonamiento y de nuevo me adapto; y sin embargo me queda todavía un poso de rabia que se transmite a las manos, no a las físicas sino a las verbales y me ensaño contra la palabra: mano; la repito: mano, mano, mano, mano, mano, mano, mano, nano, nano, nano, nano, nano, nano, nano, enano, enano, enano, enano, enano, enano, enano…advierto que mi rabia ha menguado de tamaño, ya me encuentro mejor, ha sido como una pequeña rabieta sin sentido, en fin me he repuesto como adulto. Tengo que ir pensando en ponerme en marcha; aquí estoy bien, pero algo me llama del exterior, creo que no sabría vivir si no estoy allí arriba; no sé qué hora es, como tampoco sé en qué parte del día vivo, tengo sueño, me siento un poco apagado, como me conozco eso indica que ya debe ser de noche, mi cuerpo acusa la fatiga del día, no porque haya trabajado precisamente hoy, éste acumula el cansancio adquirido en mis largas andaduras, en mis idas y venidas sin parar, en mis encuentros…En el fondo mi vida se ha convertido en una pequeña locura, en una locura muy particular, mi propia locura, una locura algo mágica, ¡ojalá fuese una locura que todo lo “cura”!...y hablando de locuras, también me he topado con locos, con los calificados oficialmente como tales, con ellos siempre hago una excepción, sin con la gente en general mi actitud es el silencio y la inmovilidad, a éstos le canto igual que cuando le doy la bienvenida a los recién nacidos y la despedida a los moribundos, si a ellos era en voz muy baja, a éstos es todo lo contrario; mi voz de “basso profondo” les sorprende y por lo que he observado hay dos reacciones muy características: los muy activos se quedan paralizados y los muy parados parecen despertar de un letargo inmemorial; en lo que sí coinciden todos los casos es en esa mirada fija que depositan en mí, aún no la he descifrado; en ese momento me entrego tanto a mi interpretación, a ese esfuerzo en que mi voz suene los más profundamente posible en sus tímpanos para poder despertarlos y recuperarlos si pudiera; pero sospecho que me consideran uno más entre ellos, cosa que no me parece mal; tendré que estudiar el caso con más detenimiento en otro momento…no me parece mal…no…en absoluto. Mañana volveré a la superficie, ya me he repuesto, los días que he pasado aquí siempre me sirven de mucho, he recuperado energías y deseo retomar mi tarea diaria: mi caminar, mis encuentros…Quisiera dormirme, caer en un sueño profundo y mañana por la mañana despertarme lleno de vitalidad, pero antes, antes de abandonarme, para que mis dos mundos se equilibren, tanto el de aquí abajo como el de allí arriba, necesito cantar una súplica, no sé a quién, tal vez al hombre por el hombre; me pondré de pie, erguido, con los brazos perpendiculares a mi cuerpo, sin gesticular, toda la expresión concentrada en mi voz, esa voz de “basso profondo” que conmociona; ha llegado la hora en la que ese vaso profundo se desborde, allá va:

      Te alabamos, Señor, te alabamos.

      Lo decimos con toda nuestra alma

      Y lo decimos con todo nuestro corazón.

      ………….

      (Yeshche molimsia o milosti, Zhizni,

      Mire, Zdravii, Spasenii,

      Proshchenii i ostavlenii grehob

      Rabot Bozhüh bratii sviatago hrama sego.)

      …………

      Rogamos también por la gracia y la vida

      La paz, la salud y la salvación

      El perdón y la remisión de los pecados

      De los siervos de Dios, los hermanos de la

      Santa Iglesia.

      …………(555) The Litany Of Supplication - YouTube

                Letanía de la suplicación.

                Liturgia doméstica. Alexander T.Grechaninov.

                     

 

miércoles, 27 de octubre de 2021

DETRÁS DE AQUELLAS NUBES...


                                                                            

S/T-KFK

No tengo ganas de hablar, pero voy a hablar; no va a ser mi voz la que exprese mi estado de ánimo, va a ser  mi mente la encargada de poner en orden, en caso de que pueda, mis altibajos; más bien mis bajos que mis altos, mi decaimiento ante la vida, mi claudicación ante la ilusión de cualquier tipo…Me molesta hablar y que me hablen, manifestar frases o desmenuzarlas en palabras me parece un esfuerzo sobrehumano, por eso me he sumergido en este silencio y quiero continuar en él; no deseo hablar ni que me hablen, voy a dar paso a mi mente para que ella ponga en marcha este relato, mi voz no se oirá, está muy decaída, débil diría; abriré y cerraré un paréntesis para que su interior contenga lo que mi voluntad buenamente, y creo que con mucho esfuerzo, quiera expresar.(…Hace tiempo que arrastro una profunda depresión, el verbo arrastrar es perfecto para aclarar lo que me pasa, es tan pesado su lastre que los tratamientos médicos no ejercen su valía, me mantienen en suspensión a la espera de una reacción por mi parte y yo a su vez espero otra por la suya, este toma y daca no conduce a nada, me hincho a pastillas y veo que no salgo de este estado de alelamiento; es posible que tenga que abandonar en parte esa esperanza puesta en la medicación e intentar buscar dentro de mí una chispa, algo que conecte mi cerebro con el mundo exterior, esa conexión , ese “feeling” que al contactar hace que salten chispas, eso es lo que me hace falta: “chispas”, pero mi ánimo ahora no está para esas bromas, está tan aferrado a su tristeza que no da cabida a naderías, es decir, a nada que lo aparte de su negatividad. Yo nunca fui así, siempre fui un hombre alegre y sobre todo muy comunicativo; disfrutaba de los chistes que mis compañeros contaban en el trabajo, cualquier cosa hacía aflorar en mi rostro una sonrisa y ésta condescendía en mi trato con los demás; ahora estoy serio, las facciones de mi cara permanecen congeladas, no expresan sentimientos, las emociones están frenadas por los medicamentos, aunque quiera expresar un hálito de sensación algo me retiene y no sé lo que es, o tal vez sí, lo que decía, esos medicamentos, el tratamiento que tomo. Cada vez que me aseo, y es al afeitarme cuando mi rostro se refleja en el espejo, verifico que soy el mismo pero cambiado, hay como un velo invisible que no solamente cubre mi rostro sino que llega hasta mis pies concediendo a mis gestos una lentitud, una falta de agilidad que me sorprende pues antes nunca había experimentado tal sensación; mis hombros están decaídos y mi espalda se encorva hacia adelante; es como si hubiera envejecido aunque soy de mediana edad. No sé cuál ha sido la causa de todo lo que me pasa; en los últimos tiempos no he sufrido pérdidas emocionales, con esto quiero decir que en mi entorno no ha habido fallecimientos o motivos profundos para que me llevasen a un estado depresivo. Mi familia, mi esposa e hijos, están bien, en mi trabajo soy respetado y estoy bien considerado; económicamente hablando gozamos de un nivel de vida acomodado; de la salud de todos los miembros familiares no hay queja, estamos sanos, entonces ¿por qué toda esta tristeza, toda esta desmoralización? Tiene que haber algo en mi cerebro que no sincronice bien con el mundo exterior; me he hundido en mí mismo, me he silenciado y no quiero saber nada que venga de afuera, hay como un rechazo ante cualquier aportación externa a mí, me he encerrado y aunque manifieste colaboración, ésta es falsa, fingida. No me apetece salir y si lo hago es por obligación, mi tiempo transcurre sentado  en el sofá de la sala de estar, al decir sentado me refiero al sentido literal de la palabra ya que los sofás son muy dados a recostarse, a tumbarse…yo ni eso, cualquier iniciativa me molesta y me parece un sacrificio; yo sentado, firme como las esculturas sedentes egipcias mirando fijamente a lo que tengo delante, a nada en especial; si por casualidad me acecha el sueño, muy raras veces, reclino la cabeza hacia atrás y cierro los párpados como queriendo dormir, pero qué va, duermo mal o no duermo o quizá duerma un poco si bien no soy muy consciente de ello; los medicamentos me proporcionan tal relajación que hacen que vea la realidad como medio dormido, me suministran un desinterés por mi entorno; estoy, pero como si no estuviese, soy una figura de decoración que forma parte de un conjunto, pero cuya aportación es nula, se puede perfectamente prescindir de ella. No veo la televisión, no escucho las noticias, no leo la prensa, cualquier acontecimiento que pueda sobresaltar al ser humano me importa un bledo, así de claro. Mi familia ha asumido mi depresión, tanto mi esposa como mis hijos colaboran conmigo, tratan de ayudarme y lo que es más importante, me dan ánimos; intento complacerles, pero no es por el interés que de mí pueda surgir; unas veces lo consigo, otras veo en sus rostros el desánimo, la frustración de un esfuerzo fracasado; tampoco tengo muchas ganas para negarme. Eso supone hablar, carezco de ese impulso para comunicarme por medio del lenguaje. Si puedo realizar la tarea sin expresarme verbalmente mejor y de no poder salgo de la situación con frases muy escuetas; por ejemplo, mi hijo mayor acaba de obtener el carnet de conducir y al ver que no salgo de casa pone esta excusa para llevarme al campo y así de paso practica la conducción; la verdad que es un gran alivio. Siempre  me gustó conducir, pero estos últimos años empezaba a estar harto de ir en coche; mi trabajo está distante de mi hogar y todos los días ir y venir, aguantar atascos y con éstos sus demoras, veía que mi paciencia empezaba a resentirse. Indudablemente ahora ya ni se me ocurre. En el estado en que estoy  mis actos reflejos están en mínimos y la lucidez nublada. Nunca me negué a su iniciativa, simplemente cuando lo proponía me levantaba del sofá y me dejaba llevar, con ganas o sin ellas siempre supe contener un desaire. De estas pequeñas escapadas he aprendido y observado la independencia que mi hijo ha adquirido con la edad. Es lógico, ha crecido, se ha convertido en adulto y de repente yo me entero de eso. Me hubiese gustado darme cuenta de ese proceso de madurez con  más tiempo, más tiempo para…más tiempo para…más tiempo para…reflexionar, para asimilar las pequeñas cosas de cada día, para aceptar la auténtica realidad y dejarme de ínfulas, de proyectos ilusorios que ideaba sobre otros y sobre mis hijos en particular. Los otros dos que tengo son más pequeños y pronto seguirán el mismo proceso, cosa natural y  lógica…¿No habré estado enfocando mi vida hacia metas quiméricas que embotaron mi mente de realidades engañosas? Este estado en el que me encuentro ¿no será resultado de una mala digestión? No sé qué decirme, tampoco estoy como para darle muchas vueltas a la cabeza. Si intento meterme en profundidades, me ofusco y soy incapaz de encontrar un rayo de sol…no sé por qué me ha gustado lo de rayo de sol; tal vez sea por la luz. Ahora que hablo de luz, mi vida carece de iluminación, está mal iluminada, vivo como entre tinieblas, como si unos espesos nubarrones me impidiesen ver la luz del sol. Quizá me he forjado una idea de mi existencia un poco fantasiosa y en algunos casos fanfarrona. No es oro todo lo que reluce. La moldeé basándome en unos cánones ya establecidos por una sociedad del bienestar que me imponía unas normas y si éstas se cumplían formaba parte de una perfección, es decir, lo que debería ser y no lo que soy en realidad; mis miedos, mis inseguridades, mis limitaciones se relegaban a un segundo plano y surgía el boato, la simulación, el hacer creer a los que me rodeaban que yo era la representación del éxito, la figura que encarnaba la idea exigida por esa clase de sociedad. Y aquí estoy deprimido, todo lo que había reprimido se ha vuelto en mi contra…deprimido, reprimido, oprimido, exprimido…da lo mismo el adjetivo, más constreñido no puedo estar. Adoro a mis hijos, en ellos deposité sueños y esperanzas, quise encaminarlos por senderos que a mí me hubiese gustado recorrer, me quedé con las ganas y también con la frustración, en ellos volqué mis sueños imposibles, ignorando que tenían su propio camino e ideales para realizar; ahora me doy cuenta de que se me van  poco a poco de las manos, de la noche a la mañana y en pequeñas dosis comprobaré que me exigirán su independencia, y esta palabra me causa repelús porque por mucho que intente comprenderla, ella implica abandono, soledad, es decir, mi abandono, mi soledad. Junto con mis hijos mi esposa, otro de los ejes de mi vida, llevamos tanto tiempo juntos, nos enamoramos tan jóvenes, estudiamos una carrera, nos casamos, creamos una familia y tuvimos unos hijos; en tan pocas frases toda una vida. La quiero…no me atrevo a decir la amo, la amé en su momento con toda la pasión que conlleva el amor; le tengo afecto, pero no puedo decir que la amo. El tiempo nos ha enfriado, me entristece más de lo que estoy al decir esto, pero debo admitirlo y si de algo me sirve que sea para poder salir de esta noche oscura de mi alma. Para nuestros amigos somos una pareja “encantadora”, si lo piensan que todo siga así, debo sincerarme conmigo mismo y admitir que en los últimos años debido a nuestras ocupaciones laborales nos hemos descuidado, la atención que antes nos profesábamos, todos esos pequeños detalles que marcan la temperatura en la relación de pareja tales como: preocupación mutua, arrumacos, cosquillitas…desaparecieron de nuestras vidas. Ahora me faltan ánimos para un planteamiento de nuestra relación; una separación me parece muy fuerte; volver a empezar una nueva vida cada uno por su lado es no valorar todo lo que creamos juntos. Si tengo que sopesar los aspectos positivos y negativos de nuestro matrimonio, sin lugar a dudas los primeros ganan con diferencia…por eso, voy a considerar ese planteamiento como una espesa nube que cubre al sol detrás de ella y así que transcurra este periodo de nubosidad tormentosa podré ver la luz tal y como es…Quizá ya no me gusta tanto la forma de definir mi estado: “estoy deprimido o estoy pasando por una depresión”, haré algunos cambios: “estoy tormentoso o estoy pasando por una tormenta”. Otra de las causas que creo que me han llevado a mi tormenta ha sido mi trabajo; ya he dicho que estoy muy bien considerado dentro de la empresa a la que pertenezco, bien merecido lo tengo; me he entregado a ella en cuerpo y alma y aunque no hubiese sido una entrega tan completa me habría ido mucho mejor, al menos mi salud psíquica no se habría resentido tanto. Éramos un equipo de colaboradores… ¿seguiremos siéndolo? Cualquier cosa puede pasar; ahora estoy de baja, una vez que me recupere enfocaré con nuevas miras el asunto de mi trabajo, deberé tomar decisiones serias al respecto; ahora dejaré que pasen esos nubarrones de tormenta que nublan mi mente y me llenan de tristeza, aguardaré al sol que se oculta detrás de ellos, entonces será el momento de decidir. Como decía éramos un equipo de colaboradores especializados en depredar, el engaño envuelto en una falsa dignidad que proporcionaba el nombre de la empresa nos brindaba la oportunidad de unas transacciones lucrativas millonarias. Todo se convertía en exigencias, mi tiempo y mi existencia eran absorbidos por una maquinaria de crear dinero y entonces llegaron mis miedos: miedo a no poder cumplir con unas expectativas marcadas, es decir, a hacer más dinero; miedo a que mi salud se quebrara, pues eran muchas las horas de dedicación a mi labor; miedo a que mi misión como…como…como “depredador” se infravalorara…Los miedos surgían por todas partes y total para nada, tanto querer acaparar, acaparar, acaparar, acaparar, acaparar, acaparar, acaparar, acaparar que aquí paré. Nunca he tenido pasatiempos, algo que me ilusionara y que llenara mis horas de ocio; desde que me casé mi meta siempre había sido prosperar, después llegaron los niños y el poco tiempo libre del que disponía lo empleé en estar con ellos, pero mucho antes de casarme era muy aficionado a cantar, no sé si lo hacía bien o mal, de lo que estoy seguro es que cantaba en voz baja, canturreaba, expresaba mis estados de ánimo en las canciones que elegía; mi temperamento era alegre, desprendía ganas de vivir y creo que las sabía comunicar; ahora he enmohecido, me he avinagrado y lo único que transmito es pesimismo y esto no puede ser así, no señor. Apenas salgo de casa, nunca estuve tanto tiempo en ella, antes poco paraba, mi trabajo reclamaba mi presencia constantemente; salía disparado por las  mañanas y regresaba sin aliento por las noches con el deseo de cumplir con unas exigencias familiares que la fatiga dejaba de lado. Aquí sentado sigo con la mirada los vaivenes de mis hijos y esposa, ellos llevan su ritmo normal de vida, yo formo parte, pero no participo de ella; mi vida se ha ralentizado: cuando ando, cuando como y bebo, cuando me levanto y me acuesto…hasta cuando hago mis  necesidades fisiológicas; creo que todo ha cambiado de marcha, a cámara lenta ejecuto todos los actos rutinarios del día a día. Creo que ya dije que mi hijo  mayor me llevaba al campo, sí, seguro que así él practicaba conduciendo el coche, sí, sí, seguro; pues como decía me llevaba allí a veces; he de confesar que me cuesta abandonar el sofá, pero una vez que me levanto hay algo que tira de mí, que me atrae de la inmensidad de ese espacio. No entiendo esa contradicción, deseo estar en casa y al mismo tiempo me echa de ella. Llevamos una silla plegable y yo me siento debajo de un árbol, es un árbol hermoso, frondoso, no sé de qué clase es, soy hombre de ciudad, de asfalto y la naturaleza nunca me ha seducido; lo lamento, siento curiosidad y me gustaría saber si es un roble, un castaño, un chopo…al fin y al cabo me cobija, me protege del sol y de la lluvia, me ampara ante la infinitud de la extensión y más allá de ésta, el mar, sé que está el mar; al pensar en él siento como si mi mente se expandiera y la congoja que me invade se fuese diluyendo hasta que el azul imperara sobre el gris cenizo de mis pesares. Sé que algún día saldré de esto, de esta tormenta y que de nuevo veré la vida como antes, sin esta nube que cubre el sol. ¿Qué es lo que me ha llevado a este estado? Creo que ha sido un montón de circunstancias que se han ido acumulando hasta que llegaron a un punto y estallaron. Me he dado cuenta de que no puedo abarcarlo todo e imponer mi voluntad a capricho; mis sueños son míos exclusivamente y proyectarlos a la realidad, ésta siempre va a presentar su objetividad, va a ser en la mayoría de los casos darse de narices con ella, ya que en muy pocas ocasiones esas ilusiones lograron una auténtica consistencia. Al no conseguirlo aparece la frustración. Una vez que asuma que el mundo es como es y no como yo quiero que sea, mi vida volverá a su cauce. Soy un ser limitado y porque creo que todos los que me rodean también lo son no puedo exigir a los demás lo que no puedo exigirme a mí; debo admitir mis fracasos como un elemento más de aceptación igual que mis logros y asimilarlos por igual…Basta de lucubraciones, el día que pueda mirar al sol cara a cara sin esa sombría nube que lo cubre y que se interpone entre los dos, entonces admitiré que habré superado mi tormenta particular. Para celebrarlo sé que cantaré algo alegre ¡sabía tantas canciones!, alguna de ellas me vendrá a la mente…Noto que mi corazón se ha acelerado, ha sido la emoción de la ocurrencia…sí, sí, sí, seguro que cantaré. Antes de sentarme en la silla plegable debajo del árbol mi hijo me obliga a dar una vuelta por el campo; según las estaciones advierto que me he perdido algo: la sencillez que me aporta la naturaleza, la tierra labrada y todos los cambios que el paisaje adquiere en las distintas épocas del año; esto lo observo, pero no lo siento; el tratamiento médico que recibo me impide experimentar emociones, al menos eso creo; confío plenamente en que una vez que esté recuperado vuelva a emocionarme y que en mi escala de valores se aprecien más las sensaciones que las posesiones. Caminamos a paso lento, no nos decimos nada; sería el momento ideal para que un padre conversara con su hijo, pero yo no tengo ganas y sin embargo, su compañía me resulta agradable, protectora. Cuando me fatigo nos damos media vuelta y me siento en mi silla, me deja solo durante una hora y allí me quedo con mis pensamientos contemplando el paisaje, a veces aguardando al sol que se oculta en el mar, allá, en lontananza. Sé que algo cambiara después de superar mi estado tormentoso, ¿cuándo será?...No lo sé… ¿Cuándo sabré que mi tormenta habrá pasado?...Cuando tenga ganas de cantar… ¡buena idea!, cuando tenga ganas de cantar. Aunque estoy frenado, algo he sentido con esta idea; he experimentado como un temblor que me ha sacudido y ha hecho que saltaran las alarmas de mi percepción…Sabía tantas canciones…Podría componer una,  pero no estoy lo suficientemente lúcido para ello…Alguien en alguna parte, en algún tiempo podría haberse adelantado y haberla compuesto para mí; me sería imposible creerlo, poder expresar mi estado de ánimo cantando, seguro que me sacaría de mi alelamiento…En mi propio idioma no encuentro recursos, tal vez en otro distinto. En estos momentos mi salvación, mi curación no está en la medicina, lo sé, está en algo tan simple como es cantar y si canto espanto las nubes de tormenta que me impiden ver el sol y si veo el sol veo la claridad al fondo de ese largo túnel de tristeza…Mis fuerzas aún están débiles, mis fuerzas aún no han encontrado ese primer impulso que me incite a cantar, pero si todavía no puedo, espero que alguien me cante y me motive a cantar; no necesito un tratamiento médico, necesito una canción, algo tan simple como eso; aguardaré a esa voz que despierte en mi cerebro esas ganas, esa ilusión, esa capacidad de disfrutar de la vida. Aquí sentado, dispuesto, espero…..     ………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….......Spesso di nubi cinto, tra il fosco orror de’ lampie di squallor dipinto s’asconde il sole in mar. Ma all’apparir del giorno si vede in oriente di nuovo luce adorno, sereno scintillar).

Franco FAGIOLI PORPORA "Spesso di nubi cinto" - YouTube

A menudo, rodeado de nubes entre el sombrío horror de los relámpagos y cubierto de tristeza, el sol se oculta en el mar. Pero cuando aparece el día, se le ve en el oriente, adornado de una nueva luz, brillando con serenidad.

Adalgiso-Ópera Carlo il Calvo, acto II, sc14, Nicola Porpora.

miércoles, 12 de mayo de 2021

ADOLF, ADOLF, PERO ¿QUÉ HICISTE-SS-SS-SS?

                                                           

                                                                      PO79/E. Lacombe

Nombres citados en el relato:

Adolf Hitler

Ludwig van Beethoven

Friedrich Schiller

Richard Wagner

Anton  Bruckner

 

 Me huele a que te conozco, o al menos por lo escaso que defino de tu silueta me suenas a alguien. La historia siempre se ha desarrollado en lugares entre luces y sombras y a cada uno de sus protagonistas los sitúa o bien a uno o a otro lado. Está visto que yo vengo de la luz y a ti te ha tocado la sombra y ¡vaya sombra! porque más negrura que hay en el ambiente no puede existir; apenas te distingo, percibo la presencia de alguien y su respiración; también es verdad que mi vista aún no se ha adaptado a tanta oscuridad; el lugar de donde provengo está lleno de claridad, indudablemente el contraste es fuerte y requiere cierto tiempo para acostumbrarse. Seas quien seas algo malo harías para que la historia te sitúe en esta boca de lobo; que conste que a mí la oscuridad no me da miedo y que el exceso de luz tampoco eleva mi euforia, es decir, después de lo que he pasado en la vida me adapto a lo bueno y a lo malo con facilidad. Por casualidad pasaba por aquí cerca y me dije: a ver qué se cuece en la zona oscura y mira por dónde ya me encuentro a alguien de sopetón; mi idea es que todo el personal que pulula por este paraje debe ser de armas tomar, individuos nefastos que la historia hubiese deseado ignorar, pero que por sus fechorías han dejado huella en ella y ahora tiene que apencar a regañadientes con ellos. Si no te importa me voy a acercar un poco más, estoy muy distante y me gustaría captar tu presencia un poco mejor; aunque no sé, no sé ¡sabe Dios quién serás!, seguro que me llevaré una gran sorpresa; aquí me puedo encontrar cualquier espécimen “joya” de la humanidad. Sigo sin captar tus rasgos, no obstante, tengo la sensación de que estás sentado; haces bien, la historia es interminable y hay que tomar asiento, además, los de este lado, el lado oscuro, os lo tenéis que tomar con calma porque con la cantidad de oprobios que os caen encima estaríais al borde la locura…bueno, al borde no porque de por sí muchos ya estabais de remate y con lo caradura que fueron algunos, en fin, que haces bien estar sentado, yo como estoy de pie me quedo de pie. Me voy a acercar un poco más, voy a tientas, espero no chocar… ¡Vaya! ahora ya estamos más cerca uno de otro o uno de la otra, bien puedes ser chica ¿por qué no?; si me hablaras podría diferenciarte por la voz, aunque de nada valdría, estoy muy, pero que muy sordo…Si no te importa, voy a palpar tu rostro, lo haré con cuidado, en este caso considérame como si fuese un ciego…¡¡¡Huy, huy, huy, huy, huy!!! No sé si te habré hecho daño, mi primera intención no era tocarte las narices; quería empezar por la frente e ir bajando, recorriendo tu rostro para obtener una idea clara de él, pero mira por proximidad ya sé que tienes bigote, muy peculiar por qué no decirlo; la boca la tienes cerrada y por sus comisuras advierto que es de rabia, los ojos están entreabiertos, los párpados presentan una contención, refrenan también una rabia que empuja desde el interior y tu frente despejada en parte, con un tupé al sesgo, eso sí, muy bien peinado, en definitiva, muy relamido…Y yo con estos pelos, siempre alborotados, a  mi aire y a su aire ¡qué le vamos a hacer! Cada cual representa una época y su estilo. Pues aún  no caigo, tengo un batiburrillo de nombres en la cabeza; la historia es tan amplia y por ella ha pasado tanto personal que así a primeras no me atrevo a dar ningún nombre; si no te importa, mis manos van a deslizarse de nuevo por tu rostro para tratar de averiguar quién eres; espero que no me muerdas, lo digo por aquello de la rabia…¡¡¡Huy, huy, huy, huy, huy!!! Otra vez te he tocado las narices, no ha sido intencionadamente; por favor siéntate, me has asustado, como te has levantado de súbito, no contaba con esa reacción tan brusca, casi me da un síncope, ¡venga! siéntate y relájate que voy a seguir con el reconocimiento, te prometo que la boca y los ojos no los voy a tocar, no vaya a ser que esa rabia que manifiestan se cebe conmigo, simplemente el bigote y el tupé; o si quieres alternamos el orden: el tupé y el bigote; lo que sí deseo es que no te encolerices, ¡venga! vamos allá…tupé y bigote, bigote y tupé, tupé y bigote, bigote y tupé, tupé y bigote, bigote y tupé, tupé y bigote, bigote y tupé, tupé y bigote, bigote y tupé…ya, ya, ya, ya no hay más reconocimientos, sigues estando eléctrico, vas a estallar y el que va a estallar voy a ser yo también porque creo que ya he adivinado quién eres; si eres quien pienso, ich kann es nicht glauben, es increíble. Voy a compendiar mis percepciones y a serenarme naturalmente: bigote, tupé, rabia…Es el mismo, sin lugar a dudas eres quien yo pienso…Ich kann es nicht glauben, no me lo puedo creer: Adolffffffff…Adolllllfffffff…Adollllfffff…tú aquí…¡no me extraña!, es decir, me extraña el hecho de toparme contigo, no me lo esperaba; el lugar indudablemente me parece el idóneo, la historia te castigó condenándote a las tinieblas ¡con las que hiciste!. Créeme, no salgo de mi asombro, ¡vaya, vaya con Adolf!. Me voy  presentar, me llamo Ludwig, me conoces de sobra, no lo podrás negar, aunque de ti cualquier cosa, la mentira siempre fue uno de tus puntos fuertes…con las ganas que tenía yo de hablar contigo y mira por dónde las circunstancias de la historia me lo ponen en bandeja…De entrada sólo se me ocurre decir: Adolf, Adolf, pero ¿qué hiciste-ss-ss-ss? Con lo cafre que fuiste, no me sorprende que la historia te haya destinado a la más profunda oscuridad; yo no te voy a juzgar porque no entiendo de leyes; mi meta en la vida fue otra muy distinta a la tuya, ambas caminaron en sentidos muy diversos, ni se rozaron  y ahora que estoy frente a ti tengo que decirte algo que llevo mucho tiempo callándomelo y si no lo suelto estallo: mi música, lo  más preciado de mi vida la vapuleaste como te dio la gana, a tu gusto, la empleaste con fines partidistas para ensalzar un régimen en el que la muerte sobresalía por todas partes y yo simplemente quería expresar en cada una de las notas escritas en el pentagrama la vida, esa fuerza, esa pasión que de mi creatividad anhelaban brotar y estoy hablando en particular de mi novena sinfonía…No te alteres y siéntate, ya sé que montabas en cólera cuando te llevaban la contraria, te digo esto porque adivino cierta agitación en el espacio que delata un cambio repentino de tu posición, te habrás levantado bufando para negarme lo que te estoy diciendo, pues tómatelo con calma y siéntate Adolfbicho; estabas acostumbrado a que todo el mundo te escuchara y venerara; tú no dabas aprecio a las palabras de los demás, avasallaste a la humanidad a tu propio capricho y si ahora pretendías pronunciar una de tus arengas, ahórrate las palabras porque yo, Ludwig, soy sordo; siéntate que continúo…ya no sé dónde estaba…¡ah! lo de sordo, pues sí, para ti y para tus palabras siempre haré oídos sordos. ¡Ojalá esta sordera mía fuera voluntaria! Me ha acompañado desde muy joven y con el paso del tiempo ha empeorado limitándome en mi trabajo y aislándome del mundo; si tú supieras las enormes dificultades que tuve que superar para componer mi novena, sólo un amor hacia el prójimo  y un temperamento activo la llevaron a buen término dejando palpable en ella lo mejor del ser humano y la nobleza de sus sentimientos. Mi salud siempre ha sido muy quebradiza: esta sordera que me ha vuelto huraño y me ha alejado de la compañía del prójimo, de mi reumatismo y problemas de hígado…achaques que han debilitado mi cuerpo, pero no mi espíritu, porque mi amor hacia el arte, hacia mi música me han mantenido firme, con ganas de luchar en momentos de zozobra y expresar en unas notas musicales lo que tal vez no pude decir con palabras debido a ese alejamiento de mi interlocutor bien por temor a que yo no le oyera o a que él no me oyese; da igual, mi entrega a la música fue en cuerpo y alma: en cuerpo aporté mis limitaciones humanas, en alma lo más sublime que surgía de ella; las palabras las busqué en un amigo que supiera tratarlas, Friedrich, y de esa unión surgió mi novena. Adolfff, tú fuiste huraño y artista frustrado también, a ti lo de la farándula siempre se te dio muy bien, el drama lo elevaste a cotas de puro paroxismo por eso admirabas tanto a Richard; en tus discursos llenos de pompa y al mismo tiempo de falsedad dejabas a las multitudes anonadadas; aquel ser insignificante, huidizo, extraviado que habías sido en tu juventud, en tu apogeo te presentabas ante el mundo seguro de ti mismo, el portador de la verdad y de un mundo nuevo y Adollllllllphphphphph, reconócelo, no eras más que un falso mesías; tu interpretación la cumplías, pero el papel, el personaje no se sostenía. Ha habido agitación en el ambiente, el ambiente se ha enrarecido, te has vuelto a levantar y me imagino que encolerizado; da lo mismo Adolfbicho, siéntate que sigo, si ya sé que el que dice las verdades pierde las amistades…y hablando de amistades, para tener amistades como la tuya y las de tus “amiguitos” vale más estar solo que mal acompañado porque ya me dirás toda la calaña de la que te rodeaste, elegiste de cada casa todo lo peor…ahora, visto desde la distancia sólo se me ocurre exclamar: Adolf, Adolf, pero ¿qué hiciste-ss-ss-ss-ss?. Sé que mi novena era tu predilecta y te la tocaban por tu cumpleaños; me alegra que te gustara, pero no estoy de acuerdo a que con ella festejaran tus años, eso ya era el colmo; tengo la sensación de que aquellos que programaban la celebración ignoraban por completo cuál había sido mi intención al componerla: en el cuarto movimiento empleé un texto basado en la “Oda a la alegría”, me costó mucho trabajo hasta llegar a un resultado con el cual me sintiera satisfecho; esto lo digo como mera observación, lo importante, me pregunto, es que si tus colaboradores y tú mismo o un simple oyente os enterabais del contenido de las palabras, su significación y esa exaltación de confraternidad entre los seres humanos; me temo que no, os dejabais llevar por la ampulosidad de la música y el texto era un acompañamiento más a la orquesta; lo triste es que mi música os elevaba y pasabais de ser semidioses a convertiros en dioses, por eso, doy gracias a la historia por este encuentro y así poder aclarar una serie de puntos que tanto tú como tus compinches habéis malinterpretado: empezando por el título “an die Freude” “Oda a la alegría”, me pregunto ¿qué alegría aportaste al mundo? Me voy a dirigir especialmente a ti: ninguna, todo lo contrario, destrucción y ese odio que sembraste entre los hombres velándoles los ojos para que no pudieran ver en el prójimo a un hermano sino a un enemigo; y ya entrados en el contenido del texto, cosa que me gustaría cantarte al completo, pero mi voz ya no está para excesos y voy solamente a resaltar varias frases que me parecen imprescindibles para entender mis intenciones y que mi amigo Friedrich tan bien supo expresar: Alle Menschen werden Brüder, wo dein sanfter Flügel weilt, todos los hombres serán hermanos, allí donde tu suave ala se posa, y quiero aclararte que esa suave ala, por supuesto, no es la tuya, es la de la alegría porque tal y como tú eres, un maestro de la tergiversación, te veo no con una sino con dos alas como símbolo de ella. El ambiente se ha agitado y junto con la oscuridad han creado una carga eléctrica que eso indica que Adollllllfffffff está furioso, me imagino que bufará, me da igual; Adolfbicho, siéntate que aún no he terminado, a ver ¿por qué te avinagras? Porque te estoy diciendo la verdad y eso tú nunca lo has admitido; bien ves que mi única arma que empleo contra ti es la palabra y ésta es para justificar la verdad; así que te repito que te sientes, que todavía no he terminado. Si no lo entiendes hasta puedo decírtelo en otras lenguas, en algunas de ésas pertenecientes a países que asediaste; no va a hacer falta, por las vibraciones que percibo en el ambiente ya has tomado asiento, pues entonces continúo; voy a citarte otras dos frases y con éstas termino, creo que tanto unas como otras resumen, como ya te dije, mis propósitos: Seid umschlungen Millionen! Diesen Kuss der ganzen Welt!, ¡Abrazaos millones de criaturas¡ ¡Que este beso una al mundo entero!. ¿Diste alguna vez un abrazo o un beso de confraternización o por simple cariño a alguien sin que hubiese tras ellos la sombra de la traición? ¿Qué me respondes a esto? Quisiera de ti una respuesta, pero sé que es esperar en vano y además mi sordera lo impediría. Ahora te veo un poco mejor, si así se puede decir; me he adaptado a la oscuridad, a esta profunda oscuridad que nos rodea y vuelvo a percibir en el espacio vibraciones de irritación, pues no “t’irrites”  Allldooollllfffff, la vida es un sinfín de casualidades y ¿quién te iba a decir que nos encontraríamos y yo iba a sostener este soliloquio para desahogarme porque mantener un diálogo contigo sería imposible? Sí, imposible por mucho que lo intentáramos; pertenecemos a mundos distintos y sobre todo nuestra visión del hombre no se parece en nada; aparecimos en épocas distintas de la historia y ésta ahora me brinda la oportunidad de aclararme para decirte, sin ánimo de ofenderte, sencilla y llanamente que tú naciste para dar muerte y yo para dar vida…Ya sé, ya sé, te has vuelto a salir de tus casillas, te has vuelto a agitar, la irritación forma parte de tu naturaleza; pues siéntate que estás mejor sentadito: Adolfito…No sé si habrás observado que durante nuestro encuentro te has pasado casi todo el tiempo levantándote y sentándote, levantándote y sentándote, levantándote y sentándote, levantándote y sentándote, levantándote y sentándote, levantándote y sentándote…¿no crees que tanto ejercicio tiene algo de militar? ¡Ayayay! ¡Ayayay! ¡Ayayay! Adolf, Adolf, pero ¿qué hiciste-ss-ss-ss-ss-ss? Mi novena que tanto me costó componerla debido a mi sordera y a achaques de salud, con la única intención de hermanar a los hombres y vas tú y la utilizas como propaganda de tu tercer Reich  ¡menos mal que no duró mucho! Además, ¿no tenías a otros compositores que gozaban de tus preferencias? Anton era uno de ellos y ¿qué me dices de Richard? Se te caía la baba por él, la verdad es que nunca ocultaste que era tu “chichito” preferido, lo tenías omnipresente, hasta en la sopa, su música era el aire que respirabas, pues entonces haberme dejado en paz o ¿quizá mi música te proporcionaba una paz de espíritu que otros agitaban? No quiero que interpretes mis palabras como una especie de celos profesionales entre miembros de un mismo gremio, pero no me negarás que la música de Richard te ponía y muy mucho, digamos que te revolucionaba por dentro; si en la mía buscabas un poco de paz o de vida, de ésas que te faltaban, yo lo entiendo, pero ellas no, porque nunca encontraron un hueco en tu espíritu. El hombre ha intentado calzar a mi novena en cualquier ideología, pero es tal su fuerza emocional que si alguna vez alguien ha intentado constreñirla, ella de por sí se libera y se desprende de las cadenas para las cuales nunca había sido creada; aparte de ser un himno a la alegría también lo es de libertad; me alegro que de este cuerpo imperfecto y muy limitado haya surgido una composición que motive al ser humano hacia un mutuo entendimiento, hacia un abrazo universal. ¡Ayayay yayay! ¡Ayayay yayay! Allldolll, Allldolll, que cerca estamos uno de otro y al mismo tiempo tan distantes, a años luz; somos los lados opuestos de una misma moneda: la cara y la cruz; parece mentira que de dos naciones hermanas y de una misma lengua hayan surgido dos individuos tan dispares; el ser humano es como es: unos nacen con estrella y otros estrellados. Ahora que me estaba adaptando a la oscuridad…sin embargo, creo que ha llegado el momento de la despedida; debo partir hacia la luz de donde provengo; la historia me brindó este encuentro, cosa que le agradezco, pues tenía que dejarte claro cuáles habían sido mis intenciones al componer mi querida novena; lo que menos tú te esperabas es que algún día te echara en cara todo lo que te acabo de reprochar; tampoco se te paso por la mente aquello de “ peregrinos somos y en el camino nos encontraremos”, pues mira por dónde nos topamos uno con otro; como adivino que pronto montarás en cólera me adelanto a aconsejarte que ya no te levantes y permanezcas sentado porque lo del régimen militar ya pasó y la eternidad te va a ser dura; la luz me llama y no se me ocurre mejor despedida que con la sorpresa al decirte: “ Adolfffffff…Adolllfffff…Adollllffff…tú aquí” y la de : “Adolf, Adolf, pero ¿qué hiciste-ss-ss-ss-ss?” ¡Ah! y no te chinches si te repito que: Alle Menschen werden Brüder!!! Todos los hombres serán hermanos……………..   Sinfonia Nr. 9 Op. 125 - Ludwig van Beethoven (Legendado) - YouTube  (novena sinfonía de L. v. Beethoven)          

 

viernes, 8 de enero de 2021

EL BICHO

                                                                              

                                                                         S/T- R. de Lege

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimiera non si commove all’ira nel generoso cor………………………………………………...........................................................................................................................................................................................................................................................Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira nel generoso cor……………...............................................................................................................................................................................................................................................................................................................Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira nel generoso cor (El león que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve, su corazón generoso no lo incita a la ira). ¿Quién me llama? ¿Quién insiste en despertarme? Dejadme en paz, en esa paz que yo no supe dar, que no supe crear. Hace algún tiempo, sin concretar porque para mí éste carece de medida, oigo una voz que me reclama, que intenta despertarme de este letargo en el que la justicia de los hombres me ha sumido; no reprocho nada, bien merecido lo tengo, han sido demasiado generosos conmigo; la pena capital habría sido lo justo, todo habría terminado y esta perpetua agonía ya no existiría, mi tiempo habría caducado y yo con él, sería un recuerdo, un recuerdo no, una pesadilla cuyo principal mentor fui yo y de la que hice partícipe a parte de la humanidad……………Que nadie me llame, no existo, me niego a existir, no soy merecedor de la existencia, de ésa que convive y armoniza entre los seres humanos; fui, soy y seré una pesadilla, además de las gordas y como tal habita en el sueño, por lo tanto quiero seguir inmerso en él; es el lugar destinado a los tiranos: vivir su propia pesadilla, un espacio irreal en donde tiene cabida toda clase de excesos y arrastradas por las cegueras de éstos las limitaciones humanas son aplastadas, ignoradas……………No quiero seguir hablando, ya hablé demasiado y con mi palabrería engañé a todo ser vivo. Como mejor estaría es callado. Vivo en esta celda desde hace tiempo, es una celda que pertenece a una cárcel de alta seguridad, indudablemente el lugar idóneo para un peligro público como yo; todos los que aquí moramos somos de la misma calaña, de una especie innombrable, seres nefastos que hemos acarreado desgracias por donde hemos pasado; sé que soy el peor de todos ellos, además con mucha diferencia, soy la “joya” que aquí se custodia con más esmero, un ejemplar único e irrepetible digno de estudio, el bicho principal de una fauna que nunca debió haberse originado. Por antonomasia soy “el bicho”. Mi celda está apartada de las demás, en un pabellón distante, alejado de todo contacto con el resto de reclusos; soy observado día y noche por guardianes y cámaras; me da la sensación de que cualquier cosa que hago es reparada, analizada al máximo, pero yo no hago nada, me limito a vegetar, las funciones mínimas de una existencia: comer, dormir…y poco más. Comer, como poco, dormir mucho, duermo en mi pesadilla. A veces, a lo lejos oigo voces imperceptibles; lo normal es permanecer en silencio y en soledad. A decir verdad lo agradezco, después de haber vivido en el tumulto, en la apoteosis y gritos de delirio, en la puesta en escena de mis discursos y todo lo que éstos ocasionaban, un tiempo de paz me lo merezco…No, no, no, hasta ni eso, no me lo merezco, yo no merezco nada y lo que hago al pronunciar la palabra “paz” es mancillarla; no debería existir en mi boca, de por sí representa el logro del que cualquier mandatario podría sentirse orgulloso, éste no es mi caso. Vivo en ese silencio y soledad que me proporciona el sueño o un duermevela o un atontamiento…o…o…o…un alelamiento. Un a-le-la-mente. Un a-le-lo-mente. Un a-le-li-mente. Un a-le-le-mente. Un a-le-lu-mente. Mi mente se alela. Soy demencial, lo sé. No quiero que nadie se compadezca de mí, no lo merezco, ya me basto yo para eso. Llevaba tanto tiempo sin pronunciar palabra. ¿De dónde proviene esa voz que me llama? Nunca nadie se había dirigido a  mí cantando, con tanta dulzura y sosiego. El contacto con seres humanos, por lo que a mí respecta, es nulo; me refiero a una comunicación verbal: intercambiar frases, saludos o alguna fórmula de cortesía…con los guardianes no existe, es un lenguaje de signos, gestos e insinuaciones que adivino; nunca han tratado de hablar conmigo ni yo con ellos, lo deben tener prohibido, soy un proscrito. Del mundo exterior no recibo visitas, mis más allegados reniegan de mí, huyen despavoridos ante mi proximidad; antes en mi apogeo no me dejaban ni a sol ni a sombra, me camelaban, me ensalzaban y casi ni a solas podía mear sin estar rodeado de un séquito de ayudantes y aduladores; no me hacen falta, no nos hacemos falta y entiendo que me repugnen; el tiempo y la cordura me han desenmascarado, han sacado a flote mi política nefasta, mis engaños y con ellos mis crímenes; el pueblo se ha despojado de aquella venda que cubría sus ojos y ha visto con claridad “el bicho” que conducía sus destinos. Nunca quise a mi esposa, nunca quise tener hijos, en el fondo de mi psique sabía que yo no era trigo limpio, disfrazaba mi vileza con la apariencia del triunfo, de ahí la decisión secreta de no procrear, de no transmitir a mis vástagos la maldad que en mí subyacía. Mi esposa fue otra víctima, sometida a mis caprichos formaba parte del delirio, de esa pareja ideal que representábamos porque nuestras apariciones públicas eran auténticas actuaciones, rebosábamos felicidad, deslumbrábamos con nuestra pose, la luminosidad que desprendíamos desde nuestro podio cegaba a las multitudes, pero una vez que el telón  se bajaba y nuestra imagen no se  proyectaba hacia un auditorio sino uno ante otro, esa pareja se enfrentaba a la lasitud, a un rápido distanciamiento, hasta que uno perdía de vista al otro y cada cual volvía a sus andadas, la función había concluido. No sé cómo me aguantó, en realidad yo solamente amaba el poder, esa avidez de querer siempre más y más, el nunca estar satisfecho con lo logrado, pero la avaricia rompe el saco, es verdad. Aquí adentro el tiempo pasa según mis estados de ánimo, a veces lento y otras rápido, impera lo primero; la luz que penetra por la ventana me indica las fases del día, más o menos por su intensidad calculo si puede ser la mañana, el mediodía o la tarde, llegada la noche todo se convierte en boca de lobo, con la madrugada algo en mi interior se reaviva al estar en ciernes el día, pero una vez que soy consciente de mi ser y mis circunstancias la apatía reaparece y me dejo llevar por el tedio. En esta prisión hay un gran patio interior, casi todos los días, si el tiempo lo permite, me conducen a él para caminar y agilizar las extremidades; siempre estoy solo, los otros reclusos salen a otras horas, no puedo contaminarlos. Mi caminar es pausado como si portara sobre los hombros una carga pesada, si bien externamente no se nota ese fardo, mi conciencia sí acarrea el peso de mis crímenes; cabizbajo arrastro los pies, me cuesta levantarlos y cada paso que doy es como si en el intento impulsara el peso de mis víctimas. Soy un hombre cargado de  muerte. Soy un “bisho” cargado de muerte. Soy un “bisho” “cagado” de muerte…Ya está bien, quiero dormir, olvidarme de la realidad, volver a mi pesadilla; no debería haberle hecho caso a esa voz que me despertó, tampoco sé a ciencia cierta si estaba dormido porque a veces y en mi persona la realidad y el sueño se confunden; aparte de la insistencia y la dulzura de la voz al captar la palabra “león” algo en mi interior se sobresaltó, en otro tiempo habría rugido, ahora ni fuerzas tengo y si algunas quedan son para evocar recuerdos. Durante mis años de poder al principio me mostré suave y conciliador, más tarde mostré las garras y me convertí en un fiero león, despiadado, usurpador de almas y bienes, en mis ideas políticas me vi apoyado por una serie de fanáticos que ante cualquiera de mis delirios veían el cielo abierto para llevar a cabo aberraciones que se incubaban en sus mentes enfermas. El poder, la enorme avaricia que éste contiene, hizo borrar de mi mente criterios humanitarios, olvidando éstos, y dejándome llevar por un descontrol que rayaba en la locura……………..quiero dormir, no quiero seguir hablando………………………………………Leon, ch’errando vada  per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira mel generoso cor.( El león que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve, su corazón generoso no lo incita a la ira)…¡otra vez! Esa voz me conmueve, agita mi alma…No merezco usar ese término, yo carezco de alma, soy un desalmado, un “des-almado”, ¿un “des-armado” también?, ¿yo un desarmado? Jamás, siempre estuve rodeado de toda clase de artilugios destructivos, ¡cómo me gustaban!; mi ejército estuvo muy bien provisto de los últimos avances en armas mortíferas; y yo, personalmente, eso era mi debilidad, siempre portaba una. Según las circunstancias la hacía visible o no, me daba seguridad. El temor a un atentado rondaba mi persona constantemente, aparte de mi séquito de guardaespaldas, el llevar conmigo un arma formaba parte de mi ser, podía ser como la extensión de un miembro, en este caso de un brazo, al cual recurrir en situación de peligro. Siempre fui muy belicoso y nada mejor que un arma para manifestar mi agresividad. Recuerdo de pequeño cuando estaba en el colegio y había disputas o peleas, allí estaba yo enzarzado en ellas, sinceramente no sabía cómo, pero allí estaba en pleno fragor de la batalla; era como algo premonitorio de un futuro que se avecinaba. ¡Quién me vio y quién me ve! Los años han pasado, mis fuerzas han mermado y una mirada hacia el pasado hace tremer mi cuerpo y mi conciencia…a veces me he preguntado si la he tenido…Cambiemos de tema, decía que era un “des-almado”, hablar de alma en mi caso me da escalofríos, prefiero emplear el término “psique”, es más científico y no tan humano…La voz que me canta habla de un tal León que al ver a un corderillo, su corazón generoso no lo incita a la ira…  ¡Anda ya! No lo dirá por mí; mi corazón de generoso no tiene nada, ni un pelo, y que no me hable de corderillos porque me he zampado a miles de ellos y me quedo corto en la cantidad…estas últimas frases las he pronunciado con orgullo, aún sigo siendo cruel. Mi celda es cuadrada igual que el cuadrado que proyecta la luz sobre la pared al entrar por la ventana. Me pongo de espaldas a ésta apoyado contra el muro y me siento en el suelo extendiendo la manta de la cama que me aísla del frío de la piedra. Cuando me canso de estar en esa posición me acuesto o me acurruco; el hacer de mí una especie de bola me agrada, oculto el rostro entre mis manos y esto me induce al sueño o a reflexiones sin sentido entremezcladas con angustia y opresión del corazón, me sobresalto y respiro profundamente, la sensación de ahogo, en estos casos, nunca me abandona; mi psique vive en un constante tormento, por muy tranquilo que parezca, continúa trabajando, aunque no sea a pleno rendimiento siempre está maquinando algo. Muchas veces por la noche, cuando creo que es hora de irme a la cama, prefiero quedarme aquí sobre esta manta y me acuesto sobre ella, de repente me despierto sudoroso, angustiado y me doy cuenta de que ya no estoy en el lugar donde había quedado; inconscientemente y en mis pesadillas anduve reptando por este suelo de piedra, arrastrando mi cuerpo y con él todos sus remordimientos. De esta celda han retirado objetos contundentes con los que pudiera hacerme daño, todo está pensado para que yo no me agreda; la idea del suicidio alguna vez ha pululado por mi mente, pero en mi caso no me parece factible; el suicidio es huir de algo o de alguien, yo no tengo que huir de mí mismo: si soy un bicho, fui, soy y seguiré siéndolo; si soy una pesadilla otro tanto de lo  mismo; el suicidio es huir de la realidad y yo ¿qué realidad tengo? ¿En qué realidad vivo? Fui una realidad, ahora soy un mal sueño, para ser más plurilingüe, como demostraba en mis discursos con la facilidad y el dominio que tenía de lenguas extranjeras, pura farsa, diría que soy “un cauchemar”, “ein Alptraum”, “un incubo”, “a nightmare”; ¡qué aliviado me quedo después de pronunciar estas palabras esforzándome en su pronunciación correcta! Esa pronunciación que me trae recuerdos de sus respectivas naciones y la codicia de poseerlas. Poseer, poseer, poseer, poseer, poseer, poseer, poseer, poser, poser, poser, poser poser, pues ser, pues ser, pues ser…¿Qué ser fui yo? Ansiar seres y tierras y todo lo que eso conlleva de muerte y destrucción, ciudades arrasadas y familias aniquiladas…He sido una mancha negra en la historia, cada vez que se pronuncia mi nombre, antes de que éste se manifieste surge un pozo de silencio en donde yacen todos mis horrores y de él surge un nombre, el nombre de un innombrable; para el futuro y después de los años ya pasados de mi mandato continúo siendo la representación del mal, mi figura, mi persona, una foto mía son la presencia del maligno, del bicho…Dentro de mí ¿no habrá ni un ápice de bondad? Sí, así es, si la naturaleza o los dioses no me dotaron con la más mínima porción de esta cualidad, no debería haber nacido, ¡cuántos habrán dicho esto mismo!, mi madre debería haberme abortado, ¡de haberlo sabido!... Pero yo sé que ella no lo haría, no, seguro que no, me adoraba, de todos mis hermanos yo era su niño mimado, sabía distribuir su cariño entre todos nosotros, sin embargo, hacia mí mostraba una atención especial, una protección porque era consciente de mi frágil salud y sin su ayuda no habría salido adelante…Falleció cuando yo había cumplido la mayoría de edad, me alegro de que no conociese mi transcurso de vida; al principio se habría ilusionado con mis éxitos, pero una vez que la verdad aflorara y mis artimañas saliesen a la luz la vergüenza la habría matada, mejor así, descansa en paz…¿Habré querido alguna vez a alguien? Sinceramente no, un no rotundo, tanto de mi padre como de mis hermanos me aparté un vez que mi carrera política había empezado, ni yo ni ellos manifestamos un acercamiento mutuo; mi esposa me abandonó cuando estaba en mi declive político, hizo muy bien, no nos aguantábamos, solamente la utilizaba como florero, como algo bonito para hacerse una foto; carecíamos de vida conyugal, al principio de nuestro matrimonio nos habíamos “tocado” algo, nunca existió pasión entre nosotros, al cabo de poco tiempo nos enfriamos y nos convertimos en dos témpanos de hielo el uno para el otro, es decir, un paripé. De mis colaboradores no confiaba en ninguno, si bien nos mostrábamos como en familia, la sospecha de la traición  se presentaba en mi mente conteniendo mi intimación; mantenía las distancias y mostraba cierta camaradería porque sabía que dependía de ellos, éramos arpías de la misma ralea; no pongo en duda de que algunos me admiraban, lo notaba, pero aun así, mi afecto se contenía…por lo que he llegado a la conclusión que no he sabido querer, algo tan innato en el ser humano y ni siquiera me he enterado a lo largo de mi vida; he comprado y vendido, he traicionado, he engañado, he matado, he experimentado las sensaciones más potentes y más viles y lo más elemental que es el cariño ni me ha sacudido, ¿de qué me ha servido el poder si no he saboreado el pan de cada día? Y todo esto me lo cuestiono al final de mi vida cuando debería haber sido el buque insignia de mi existencia; si hubiera sido así, no habría sembrado tanta destrucción a mi paso…La boca se me ha llenado de amargura, tampoco sé por qué estoy hablando tanto, llevo años sin decir nada; hubo un tiempo en que los medios de comunicación rivalizaban por una entrevista mía; yo nunca abrí la boca para nada, nada tenía que aclarar, lo que había sembrado había germinado y dado sus frutos y éstos se rebelaban contra mí; nunca había aceptado mis errores, nunca tuve la decencia de decir “me he equivocado”, un orgullo rastrero negaba de inmediato la verdad, me regodeaba en el silencio como fuente de duda y así he permanecido parte de mi vida en él. Aunque hablara mis palabras carecerían de valor, estarían impregnadas de falsedad porque estoy acostumbrado a hablar en público, a las  masas… pero ahora me estoy hablando a mí mismo, no tengo que engañar a nadie, ya me conozco, por fin en mis últimos años creo que he logrado tener una idea clara de mí y si no está muy clara me importa un bledo, el silencio de esta celda acepta cualquier declaración de intenciones, ¡qué no habrán oído estos muros!¡ Qué seres y qué conciencias no habrán abrigado! No necesito mucha luz para estar aquí, me basta con la que entra por esa ventana, mi compañero de celda soy yo, mí frente a yo, yo frente a mí, yo mí, mi yo. La ostentación me obsesionaba, vivía rodeado de lujo: las mejores casas, los coches más veloces, la ropa hecha a medida por los sastres más renombrados y como sobre mi persona ya no podía añadir más complementos, las joyas se las regalaba a mi esposa; ella tampoco se quedaba corta derrochando; cuando salía de compras era un peligro, no escatimaba en gastos, llegaba cargada de bolsas, gastaba a ciegas; es posible que esa ceguera ocultara tras de sí su infelicidad. Si me aguantó fue gracias a la vida material que le proporcionaba. En nuestras casas, varias, aparte de la oficial, las paredes estaban cubiertas de cuadros comprados por expertos asesores, pues nosotros no teníamos ni idea de lo que era pintura. Nos asesoraban, bueno, es un decir, ellos decidían y nosotros pagábamos; nunca se me olvidara, tuvimos una época en la que habíamos decidido adquirir obras de artistas de vanguardia: aquellas abstracciones, manchas, rostros torturados procedentes de éstas, colores chillones causaban en mi psique una auténtica tortura, eran la representación plástica de mi interior; había un cuadro con el que siempre me topaba de narices cuando salía de mi dormitorio por las mañanas, ya me amargaba la existencia y en un rapto de cólera mandé todo aquel arte imposible al sótano. De la noche a la mañana sustituimos nuestros gustos modernos por los clásicos y en las paredes se empezaron a colgar pinturas de temas mitológicos y paisajes, sobre todo paisajes crepusculares, que eran del gusto de mi esposa; en ellos había toda clase de “fauna olímpica”, los dioses pululaban por aquellos lienzos a su gusto; yo creo que nunca los contemplamos detenidamente; a decir verdad, no eran tan impactantes como los anteriores, como los de vanguardia. En una palabra, nuestra convivencia con las deidades clásicas “se llevaba”; si comparamos, a fin de cuentas nosotros también pertenecíamos a esa clase superior, el pueblo así nos consideraba; cada vez que estábamos sentados en el salón, nos deleitábamos con estar rodeados por una presencia tan distinguida; había una Venus que a mi mujer le chiflaba, no estaba mal, algo metidita en carnes, eso sí, pero resultona, se veía proyectada en ella, se hinchaba y se pavoneaba; era el único cuadro al que prestábamos cierta atención, el resto creaba ambiente. Visto desde la distancia, me parece una fantochada, una pantomima a la cual nos habíamos habituado, pero sin base alguna, sólo por el mero hecho de disponer de posibles, jamás me había interesado por el arte; para mí fue una afición tan repentina que con la misma rapidez con la que vino así desapareció de mi vida, igual que con tantas otras cosas; el poder me aportaba espejismos a los cuales mi naturaleza no sabía cómo responder. Creo que nunca estuve hecho para la paz sino para la guerra… ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay León cómo te viste y cómo te ves!, ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay León cómo me veo!, ahora estoy apaciguado, ¡qué remedio!, llegaron los años y mi espíritu guerrero se sosegó; desde esta celda el mundo se ve desde otra perspectiva, el tiempo se me entregó para que yo pudiera reflexionar, analizarme y analizar el mundo que creé, al comprobar la estela de destrucción y muerte que dejé, me entraron una ganas súbitas de dormir, de entregarme al sueño, a mi pesadilla; si no llega a ser por esa voz que me despertó, que me cantó suavemente y me sacó de mi letargo, seguiría hibernando…Mis manos están vacías, no tengo posesiones, todo lo perdí en el sentido más amplio de la palabra; me hubiese gustado escribir o dibujar algo en las paredes, los reclusos siempre lo hacen, pero a mí me falta el ánimo, ese ímpetu imprescindible para iniciar algo; como mejor me encuentro es sobre esta manta, en el suelo, arrastrándome o encogiéndome, los bichos es lo que hacen, las alimañas también. Este “bicho” está cansado, está cansado de no hacer nada, pero sí de hablar, todo este monólogo ha supuesto un gran esfuerzo para mí, llevaba tiempo en un completo mutismo, ¿sería la voz que me despertó la que me extrajo de mi sueño? Quizá; quiero echarme otro poco, acostarme sobre el suelo, aunque nunca paro, cambio de posición constantemente, el desasosiego nunca me abandona. Ahora prometo que me callo…¿y si me inventara algunas palabras mágicas para que me indujeran al sueño? Bishito, bishito, bishito, bishi, bishi, bishi, bish, bish, bish, bishshshsh, bishshsh………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Ma se venir si vede orrida tigre in faccia, l’assale e la minaccia, perché sol quella crede degna del suo furor…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………… Ma se venir si vede orrida tigre in faccia, l’assale e la minaccia, perché sol quella crede degna del suo furor…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………… Ma se venir si vede orrida tigre in faccia, l’assale e la minaccia, perché sol quella crede degna del suo furor. (Pero si ve acercarse un terrible tigre, lo agrede y lo amenaza, porque sólo a éste lo considera digno de su ira). ¡Qué sobresalto! Me había cogido el sueño y otra vez esta voz, insiste e insiste, ahora con más ímpetu; yo le agradezco este empeño que pone en despertarme, pero esta vez sí que me asusté, de golpe pensé que pasaba algo…Pues claro que si veo un tigre lo agredo y lo amenazo ¡faltaría más!...y es que sigo siendo agresivo, si bien de hecho ya mis facultades físicas no me lo permiten, mi mente aún  está por esa labor pendenciera, dispuesta a avasallar a alguien, ¿la cabra siempre tira al monte? Me lo he preguntado muchas veces y en mi caso estoy por creérmelo. Mientras estuve en el gobierno y lleve las riendas, nunca dejé a nadie que me pisoteara, de palabra o de hecho. Aquél que contradecía mis decisiones sabía que iba a ser aplastado…No me sé controlar cuando hablo de mi vida pasada. Nunca he asumido la derrota y no ha sido por falta de tiempo. Durante estos años de encarcelamiento he tenido momentos de sobra para reflexionar sobre mi vida y lo que yo supuse para mi pueblo; cuando creía ver ciertos claros en el cielo, oscuros nubarrones ensombrecían mi intelecto, al ver que mis ideas se ofuscaban y no llegaba a nada concluyente opté por el camino más fácil: dormir, dormir en mi pesadilla, el estar despierto suponía estar atontado. Mi vida actual es el atolondramiento…tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón…me suena a repique de campanas; hace tanto tiempo que no las oigo, ese sonido me transporta a la niñez, ¡qué lejana queda mi infancia!; mi vida ha pasado por tantos altibajos que aquella época me parece como borrada de mi mente, como si no fuera mía o yo no tuviera infancia y, sin embargo, sigue presente en mí; su imagen de inocencia, ingenuidad, deslumbramiento del mundo, fragilidad, torpeza…conceptos que me gustaría especificar, pero por el desuso y el pisoteo que pude hacer de ellos me suenan a lenguaje ficticio…y algo de ellos aún tengo, sobre todo de los dos últimos; por mucho León que quiera aparentar, mis rugidos ya no son los que eran, ni apetito para comerme un corderillo ni energía para enfrentarme a un tigre; estoy acostumbrado a la palabrería, a las ínfulas, de eso viví durante parte de mi vida, ahora ya no tengo que convencer a nadie, a no ser a mí y yo soy león viejo, de boca para afuera puedo decir lindezas, pero mi mente me contradice y se rebela contra mi autoengaño…Tampoco hace falta un gran esfuerza para contemplarme, estoy decrépito, me he abandonado a mí mismo, ni ganas tengo de cumplir las normas mínimas de higiene, lo hago porque me obligan, porque estoy sometido a unas reglas que rigen en la prisión, las acato y eso es todo…¡¡¡ay, ay, León, quién te ha visto y quién te ve!!! Tú sometido, tú obligado, tú acatado…tutú, tutú, tutú, tutú y ahora a bailar; hasta mi conciencia se ríe de mí, yo que nunca la tuve y ahora para mofarse se apunta la primera; sé que me lo merezco, sé que el papel de víctima, en mis circunstancias, es el que mejor me va, el de león se lo dejo a la historia. Si paso la mayor parte del día aquí en mi celda, en penumbra, ¿cómo pasaré la noche?...Adivina adivinanza…adivina adivinanza…adivina adivinanza. No sé cómo de vez en cuando me entran estos desvaríos, ahora que me solté a hablar después de tanto tiempo dormido; la soledad también mina los comportamientos; un bicho aislado reacciona de distinta manera ante la sociedad. Mi vida entre estos muros es de completa austeridad: no hago nada, dormir o lo que es lo mismo: olvidar; yo me olvido, tú te olvidas, él se olvida, nosotros nos olvidamos, vosotros os olvidáis y ellos se olvidan, soy un individuo que hay que olvidar; al no conseguir pena de  muerte para mí, la justicia sentenció cadena perpetua. Esta celda me conserva vivo, igual que un atún en aceite; me dejan vestir de calle y como lo que me dan, tiendo a la frugalidad, no tengo mucho apetito, todo lo contrario que en mis años de esplendor, entonces comía como un cerdo hasta reventar, hasta en eso me mostraba como un auténtico bicho. No hay olvido que valga, el mundo no logrará borrar mi recuerdo de la faz de la tierra; las hice muy, pero que muy gordas y sin embargo, sé que hubo y que hay hombres que han aportado al género humano, con su labor en todas las artes, un equilibrio cósmico, un entendimiento entre ellos, creando una armonía de mente y cuerpo…¡¡¡Ay, ay, León, pero qué hiciste!!! ¡¡¡ Arrasaste con todo lo que se te anteponía!!! ¡¡¡ Deberías haber tenido un poco más de sentido común!!! ¡¡¡Fuiste un cabeza loca y ahora te lamentas!!!...Mi conciencia vuelve a la carga; lo sé, lo sé, lo sé y lo reconozco, en parte estoy arrepentido, pero mi orgullo no me deja aceptar esa otra parte de derrota; he subido muy alto para caer tan bajo. Envidio a esos hombres, hubiese querido ser uno de ellos, pero ya es demasiado tarde y mucho el daño para enmendarlo; seguro que colaboré en su destrucción y con mi ejemplo huyeron despavoridos…No hice una cosa al derecho, la única solución es ir a la raíz de la causa: no haber nacido…Quiero quedarme dormido, la cabeza me da vueltas y vueltas, mi mente está llena de caos, hay tanta contradicción en mi ser que necesito huir a mi sueño y quedarme a vivir en mi propia pesadilla; yo quería ser bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, gueno, gueno, gueno, gueno, gueno, geno, geno, geno, geno, que no, que no, que no………………………………………………………………………………………………………………………………………………………bueno, bueno, bueno, gueno, gueno, gueno, geno, geno, geno, que no, que no, que no……………………………………….no, no, no, no, no, no, no, no………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira nel generoso cor ( El león que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve, su corazón generoso no lo incita a la ira). ¿Por qué esa voz tanto insiste en despertarme? ¿Y si le dijera que de corazón generoso nada de nada? ¿Se callaría? Bien pensado, me resulta agradable, hay una dulzura en ella que me ayuda a equilibrar mi negatividad; si ésta no me llegase a despertar, yo no hablaría, y el hecho de hablar significa de alguna manera que estoy vivo; los hombres y su justicia me condenaron a cadena perpetua, yo la he aceptado como una muerte en vida, creyendo que con no decir nada me sumía en ese silencio que ésta conlleva y de repente una voz desconocida, con su insistencia me agita y me confirma que en esa voz humana hay algo de generoso, de entrega por un desconocido, me provoca y empiezo a hablar, poco a poco voy soltando esa ponzoña que envenena cada uno de mis pensamientos y que me impide ver el mundo con la suficiente claridad; si yo desprendí y desprendo negatividad, eso no significa de que otros seres puedan desprender positividad, afabilidad, cosa que desconocía o no supe dar. Lo que me canta esa voz amaina las tormentas que turban mi mente y se exteriorizan en la posición de mi cuerpo: unas veces apiñado sobre sí mismo y otras extendido en el suelo, arrastrándome inconscientemente. En lo mucho o poco de vida que me quede me gustaría conocer algo de paz; soy el menos indicado para desear tal bien, sé que no lo merezco, como también sé que esa paz que anhelo sólo puede provenir del prójimo, de otro semejante que me demuestre esa generosidad que yo no supe dar, alguien desconocido que con su voz haga surgir en mí esa envidia sana, ese reconocimiento hacia una cualidad humana que supere a todos mis errores; entonces sabré que mi guerra ha sido inútil, que el mundo no sucumbió ante mi engaño y que por mucho que intentara ahogar al ser humano con mis artimañas siempre surge  un hálito de aire limpio, una voz que con su melodía, suaviza la mente. Tuve pasado, carezco de presente y futuro, ya no poseo nada y la vida que llevo se mantiene en unas normas oficiales impuestas que simplemente hay que cumplir, cualquier otra debilidad humana hacia mi persona, como puede ser compasión, generosidad…está fuera de lugar; lo único gratuito y que me reconforta es esa voz; no sé la causa, no sé los motivos que pueda tener, me da lo mismo, pero me da serenidad, amaina al bicho, el bicho ya no brama, el bicho habla, el bicho se expresa y dice lo que siente, el bicho reconoce las animaladas cometidas por él y en su nombre, el bicho se descompone: bicho, bicho, bicho, bizco, bizco, bizco, bizcocho, bizcocho, bizcocho, biz-cocho, biz-cocho, biz-cocho…bisho, bisho, bisho, biso, biso, biso…beso, beso, beso…¡¡¡Ay, ay, León, León!!! ¿Supiste alguna vez dar un beso? ¿Alguna vez valoraste lo que éste significa?...Otra vez mi conciencia, siempre regodeándose con mi desgracia. Ya estoy harto, no espero nada de nadie, a ver si mi conciencia se calla de una vez, no he pedido nada, esa voz surgió por su propia iniciativa, no porque yo haya solicitado su colaboración…A veces cuando despierto en el suelo aparezco en posición fetal, entonces recuerdo a mi madre, evocarla significa perder esa tensión, distiendo mi cuerpo que durante el sueño se había contraído y un alivio inunda mi ser; sé que ella me entendería, o al menos lo intentaría, me juzgaría y aunque llegase a ser severa conmigo, sus juicios de valor estarían impregnados de esa cándida compasión que una madre transmite a su hijo; me regañaría, pero en la modulación de sus palabras se inmiscuiría el perdón; lo aceptaría en silencio porque venía de ella, pero sería consciente de que no lo merecía; sé que la capacidad de perdonar de una madre es inmensa, pero la maldad que yo he sembrado no puede ser absuelta por nadie aunque sea un colmado de virtudes. Hablaría con ella, sé que le haría mucho daño, pero le reprocharía el hecho de haberme traído al mundo; aquel feto que ella llevaba en su vientre nunca debió ver la luz, esa luz del día que él ensombreció con su presencia…ella lloraría, lloraría a mares y yo me ahogaría en una líquida verdad. A pesar de la crudeza de mis palabras, es el único punto de referencia que me queda y al cual puedo agarrarme. Cualquier otro ser humano está fuera del alcance de mis sentimientos, no sé si los tengo, hacia ella sí. Llevo tantos años aquí adentro sin saber qué ha sido del mundo exterior; no recibo noticias, si algo capto es por comentarios lejanos que oigo a los guardianes, es como si estuviera enterrado en vida, ellos cumplen unas órdenes y mi condena  es como vivir medio muerto; mi otra vida, en caso de que la haya, va a ser como una prolongación de ésta, es decir, no me va a pillar de sorpresa. Mi cadena perpetua también ha servido de ejemplo para mis congéneres, en el fondo soy un espécimen raro, la historia tiene que saber que se me ha castigado, que soy un punto de referencia de lo que nunca se debe hacer; lo reconozco, pero les falta algo: deberían exhibirme en una feria, en una feria de los horrores y de los errores también……………..No puedo ser tan malo cuando una voz que canta ha sabido conmoverme y sacarme de mi propio pozo, quizá algo bueno aún conserve, ¿y si esa voz en vez de venir del exterior morara en mi interior y proviniese de los primeros instantes de mi vida, de los arrullos de una madre para poner en consonancia a su bebé entre el mundo uterino abandonado con la realidad del nuevo? No sé qué decir, algo en mí ha cambiado, eso es cierto; también me alegro de haber descubierto, aunque parezca una nimiedad, una voz y su canción, debe pertenecer a alguien y alguien debe haber compuesto su música y letra; hubiese dado parte de mi vida por haber sido yo el autor; no obstante me reconforta el saber la mansedumbre que puede aportar una melodía; creo que el mundo está en buenas manos, a través de esa música todo se ve con otros ojos; el bicho ahora está más manso, ¡ojalá la hubiese descubierto en mis años de furor! Ahora creo que al ser humano se le brindan una serie de herramientas para trabajar durante su existencia, yo escogí las armas y con ellas la muerte, otros escogen una pluma y un papel y con ellos la vida, en fin, ya no hay nada que hacer, no puedo retroceder y enmendar mis errores, pero estoy contento por haber experimentado un poco de sosiego y saber que mi “psique”…voy a cambiarle el nombre…que  mi alma conoce algo de paz; creo que no tengo nada más que decir, si me quedo en silencio esa voz volverá y me cantará; antes la rechazaba porque me sacaba de mi sueño, ahora la invoco para que me conduzca de nuevo a él; mis últimas palabras confesarán que fui, soy y seguiré siendo una pesadilla, por lo tanto errante volveré a ella porque le pertenezco, pero ya sin sobresaltos, una ligera luz de sosiego iluminó sus tinieblas…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commonve all’ira nel generoso cor……………………………………………………………………………………………………………(499) Valer Barna-Sabadus, Hasse, Leon ch'errando vada - YouTube

 

Leon, ch’errando vada            Ma se venir si vede

per la natia contrada,              orrida tigre in faccia,

se un agnellin rimira               l’assale e la minaccia,

non si commove all’ira           perché sol quelle crede

nel generoso cor.                    degna del suor furor.

 

                                      Didone abbandonata( Drama per música,1742). Aria:”Leon che’errando vada” J. A. Hasse.

León que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve su corazón generoso no lo incita a la ira.

Pero si se acercase un terrible tigre, lo agrede y lo amenaza, porque sólo a éste lo considera digno de su ira.