lunes, 17 de agosto de 2015

HABAKKUK, HABAKK


HABACUC
HABACUC (IL ZUCCONE)
,DONATELLO
 



                                                                                                     
 

LA PIEDAD FLORENTINA
MIGUEL ANGEL,.
NICODEMO

 
                                                                                                                           
 





Debo darme prisa; tengo poco tiempo, entre avión y avión; quiero aprovechar ese intervalo para visitar a Habakkuk; cogeré un taxi, andando no llegaría nunca: “ Taxi, taxi, lléveme al Museo dell’ Opera, por favor”. Hace tiempo que no hablo con Habakkuk, he estado tan ocupado últimamente; mi profesión me ha mantenido tan alejado de estas tierras que lo he tenido un poco abandonado; siempre me ha gustado hablar con él, al menos puedo explayarme a gusto; desahogarme y si se da el caso contarle mis preocupaciones e intimidades; en el mundo de los negocios en el que me desenvuelvo nadie tiene tiempo para nadie; nuestras conversaciones se mantienen a niveles profesionales y burocráticos; tan pronto se adentra uno en ámbitos propios del ser humano, la gente huye o finge oír, y en el fondo hacen oídos sordos a las palabras. ¿Cómo estará Habakkuk? Pues tan calvo como siempre, la verdad es que nunca tuvo pelo y ahora con el paso de los años no creo que esté hecho un melenudo, iría contra natura. Yo tampoco puedo hablar de mí, mi cabellera no es muy abundante y una incipiente calvicie anuncia un futuro de una terrible escasez capilar. Nos consolaremos mutuamente. “Dése prisa, por favor, tengo poco tiempo”. Hay un tráfico muy denso e impide una circulación fluida. Recuerdo perfectamente la primera vez que vine a esta ciudad, hace ya tiempo de eso, estaba recién casado, no sé por qué motivo mi esposa decidió quedarse en el hotel, quizá por cansancio; habían sido unos días agotadores recorriendo museos e iglesias con un calor insoportable y yo, mientras ella descansaba,  volví a uno de aquellos museos que ya habíamos visitado y entré en él, era el Museo dell’Opera donde vive Habbakkuk, ¿por qué volví allí? No lo sé, el caso es que lo recorrí de nuevo y me paré instintivamente delante de él, nos miramos y aquella mirada selló nuestra amistad; fue nuestro primer encuentro, a partir de entonces sigo visitándole, no con la regularidad deseada, qué le voy a hacer. Mi vida, desde siempre ha estado unida a una especie de agitación, de prisas, de no concebirla si no hay un movimiento perpetuo; desde que era muy pequeño hasta hoy en día he estado ligado a una desazón que nunca he llegado a saber si era innata o adquirida por un estilo de vida que me implantaron cuando era niño; el caso es que nunca he estado a gusto conmigo mismo si no me comía el tiempo; y siempre tiene que ser un tiempo futuro, el presente no me vale y el pasado me ha parecido ya inservible. Mi profesión me exige proyectos a largo plazo, soy ejecutivo y pertenezco a una empresa multinacional; nunca estoy quieto, aunque parezca que tengo momentos de reposo porque mi cuerpo se encuentra en estado de relajación: sentado o recostado mi mente bulle y transmite a todo  mi ser, por medio del sistema nervioso, un desasosiego que hace que éste se rebele a través de unos síntomas más propios de una demostración pirotécnica que de un cuerpo humano. Aerofagia, meteorismo, flatulencia, dispepsia, todo esto puedo albergar en mi sistema digestivo por no tomarme la vida más relajadamente. Hoy por hoy esto sería imposible, además tampoco estoy dispuesto a que por cuatro pe-di-tooos, inoportunos e indiscretos, deba abandonar una brillante carrera profesional. “Dése prisa, por favor, a ver si llegamos pronto al Museo dell’Opera; siento instigarle de esta manera, pero tengo poco tiempo”. “Relájese señor, ya queda poco, estamos muy cerca”. Llevo una vida tan cronometrada y de aceleración extrema que no saboreo los instantes más simples que respiro; prometo que cuando esté con Habakukkk estaré sereno; mantendré la compostura como si fuera un niño obediente, de hecho el encontrarme con él me relaja; diría que me hace sentir más humano; me olvido de mi vida profesional que anula la normalidad de mi persona. “Ya hemos llegado, señor”. “Al fin, tome el importe y quédese con el cambio, gracias por su rapidez”. Nunca cojo el tique de entrada, o no me ven, o hacen que no me ven, o se creen que soy uno más de la familia de esculturas que aquí residen, o mi cara les resulta tan conocida que asimilan que pertenezco al edificio, y eso que hace algún tiempo que no vengo por aquí, sea como sea yo entro. ¿Dónde estará Hhhabakukkk? No lo encuentro, juraría que estaba en esta sala con las demás esculturas, ¿lo habrán cambiado? Voy a seguir buscando...Voilà, allí está; lo han dejado solo y tiene una nueva iluminación; es una sala grande para una única escultura; la luz proyectada hacia él hace que resalte en medio de la penumbra; posee una gran fuerza, es impactante. ¿Qué habrá en esta sala contigua? Voy a mirar; desde mi última visita ha habido algunos cambios que alteran la ubicación;  todo será cuestión de indagar. ¡Oh! Si han puesto a Nikkko; lo han dejado solo también, levantando a ese hombre y esas dos mujeres ayudándole; aún no lo han logrado, no han conseguido ponerlo de pie; mira que ya llevan años intentándolo y no hay manera. Estoy convencido de que necesitarán más ayuda. Me gusta como están iluminados, hasta la penumbra que los rodea resulta acogedora... Tengo una idea, si después de hablar con Habakuk me queda tiempo, les echaré una mano... Voy a dejarme de monsergas ya que el tiempo apremia y voy a hablar con él: Hola, Hablakukk, ¿cómo estás? Disculpa por no haberte visitado antes; he estado tan ocupado que no he tenido tiempo de venir por aquí; pensarás que esto no es disculpa y te lo creerás a medias, pero es la verdad. Estos últimos meses mi empresa me ha mantenido alejado de estas tierras y ahí  estriba el motivo de mi pequeña deserción; aprovechando el intervalo que tengo entre avión y avión he venido a verte; sé lo que me vas a decir: que debo dejar de andar por las nubes y fijar los pies en la tierra; es un buen consejo viniendo de un hombre tan terrenal. Echaba de menos nuestras conversaciones, bueno, llamar conversación a lo nuestro es mucho calificar, digamos monólogos porque llamarlo diálogo también me parece una exageración; al fin y al cabo tú sólo me escuchas y yo hablo y hablo y hablo y hablok y hablok y hablok y hhhablok y hhhablokkk y hhhablokkk... y tú no dices nada; también es cierto que hay interlocutores que son parcos en palabras por no decir mudos y el que lleva la conversación es el otro; sea como sea yo hablo y tú escuchas porque hablar los dos al mismo tiempo sería la incomprensión y además éste no es el caso. Tampoco entiendo mucho la razón de venir aquí a desahogarme; voy a serte sincero Haaabakukkk y que no te parezca mal, pero es la verdad, no eres más que una mole de piedra, muy bien esculpida, eso sí, y nada más. Me hubiese sido más sencillo tomarle simpatía a una pared para poder hablar con ella y mira por dónde no ha sido así. ¿No te habrá sentado mal lo que acabo de decir? La verdad es la verdad: tú piedra, yo carne; yo carne, tú piedra; tú piedra, yo carne... Además, creo que debes sentirte orgulloso de que muchas veces venga desde tan lejos a hacerte una visita; pocos visitantes lo harán con tanta asiduidad. El caso, Habbblakuk, es que a veces llego a la conclusión de que pertenezco a un mundo de locos; el tiempo transcurre con tanta aceleración o lo hago transcurrir con tanta aceleración que soy incapaz de asimilar los acontecimientos que me rodean  y lo que es más triste: mi propia vida. Esa aceleración origina un menosprecio hacia el pasado; éste queda relegado a un segundo plano y el mirar hacia atrás exige una dedicación que no vale la pena acometer. Y sin embargo, vengo aquí, me sitúo frente a ti, y creo que eres el freno, el punto de descanso y reflexión a mi vida acelerada. Tú, Hablakukkk, representas el tiempo pasado, la experiencia. Si hablases, cuántas anécdotas podrías contarme, porque no me dirás que no has conocido gente, además, siempre has sido un testigo mudo de  la sociedad de estos últimos siglos; por la forma en que te han mirado estoy seguro de que has sacado tus propias conclusiones sobre el ser humano, ¿hemos cambiado tanto?, ¿hemos mejorado o empeorado? Externamente es posible que hayamos avanzado; me refiero a la indumentaria, costumbres y avances científicos, pero en nuestro interior, nuestra persona, creo que aún nos seguimos moviendo por instintos primarios. Quizá no estés de acuerdo; ver el mundo desde un pedestal confiere a la persona cierto privilegio; contemplar a los demás desde las alturas puede interpretarse como una postura de desprecio; el que yo te mire desde un nivel inferior puede tomarse en un sentido de súplica; me da lo mismo la conclusión a la que se llegue, eso no nos concierne ya que no es nuestro caso, tanto tú como yo a pesar del nivel en el que nos encontramos nos hablamos de tú a tú. Tu expresión me indica que tienes y quieres decirme algo; tómate el tiempo que sea necesario... mejor pensado, no tanto porque hay que reconocer que llevas años para decir algo y aún no te has decidido, y sigues tan lozano y fresco como una lechuga; piensa que yo no dispongo del mismo tiempo y tengo tendencia a marchitarme, la materia de la que estoy hecho es caduca. No obstante, sigo hablando para que te animes. Hay poca gente hoy en el museo, tanto esta sala como las contiguas están prácticamente vacías, mejor así; la ausencia de público facilita la intimidad y ya no digamos esta penumbra. No sé de quién habrá sido la idea; el hecho de ubicaros a ti en una sala solo, en una sola sala, en una salo sola, en una losa sola, en una laso losa y a Nnniko en otra me ha parecido extraordinario. Hablando de frivolidades, Habbaqukkk, ¿puedo decirte algo? Me gusta la ropa que llevas puesta, no sé por qué, pero la encuentro... la encuentro...la encuentro... ¿cómo decir? Contemporánea, eso, contemporánea y  ¿qué me dices de tu corte de pelo? Moderno, muy moderno. Hay que andar con los tiempos, sería la frase idónea en esta situación; pero tú eres atemporal, eres una coincidencia del momento y del tiempo a lo largo de los siglos. Cambiando de tema, el pobre de Nikooo cómo se esfuerza en levantar a ese hombre y no lo consigue, pues no será por falta de tiempo; esas dos mujeres poco pueden ayudarle, además le falta una pierna, seguro que lo habrán herido en la guerra. ¿Sabes? Creo que nos juntamos tres víctimas de nuestras propias circunstancias: Niiikooo víctima de un esfuerzo inútil, tú incapaz de poder hablar y yo implicado en unas prisas que no me conducen a nada. Hablakkkuk, tengo cierta curiosidad desde la primera vez que vine a este museo; pude haberla satisfecho en mis anteriores visitas, pero la pregunta siempre se me iba y ahora me gustaría aclararla: ¿ por qué este museo se llama dell’ Opera? Porque aquí estáis todos mudos y yo no me voy a creer que por la noche os dedicáis a cantar o ¿sí?. Me llevaría una gran sorpresa. Si así fuera me gustaría participar, aunque me sería imposible, mis prisas me lo impiden. ¿ O este edificio fue en su momento un teatro dell’ Opera? No me lo parece, no tiene trazas de eso. De día fijo que no abrís la boca y ¿de noche? Puede que esto sea un misterio, lo dejaré como tal. Es agradable la temperatura que reina en el museo; por norma general las temperaturas que predominan en estos lugares de exhibición y de conservación, ¿por qué no?, siempre son medias, nunca llegan a extremas; os cuidan bien, aunque hay que decir que la pintura es mucho más frágil que la escultura; vosotros sois más duros, estáis hechos para vivir a la intemperie; apuesto que algunos de tus compañeros que aquí moran, quizá y no por gusto, han pasado más tiempo al aire libre, aguantando las inclemencias del tiempo, que bajo un techo protector, pero así es la vida. Hablakuqqq, ¿por qué me miras tan fijamente?, ¿qué me quieres decir? Soy muy torpe y no sé leer en la mirada o tal vez un poco, sacaría conclusiones erróneas; la palabra sería la solución más acertada, no te cohibas y habla, soy todo oídos. Admiro a alguna gente que pulula por los museos; admiro la interpretación que saben hacer de gestos, colores, sombras y que poseen ese toque especial de sensibilidad para con las artes plásticas; aparte de ese don innato a éste también hay que educarlo y para eso hay que tener tiempo, sobre todo esforzarse por tenerlo; yo soy un hombre muy ocupado, un hombre lleno de prisas, que quiere abarcarlo todo y que por avaricia apenas logra nada, pero el mundo, más concretamente mi vida que en él se desenvuelve, está montado de esta manera y me arrastra y me dejo llevar y no pongo impedimentos ¿ debería rebelarme aunque sólo fuera por un momento?... Nnnikkko toda una vida intentando levantar a ese hombre y no lo ha conseguido; da la sensación de haberse quedado congelado en un instante de esfuerzo; representa una generosidad hacia el prójimo paralizada, a punto de lograrlo o de desistir. Es tenaz y me consta que alcanzará su meta con o sin ayuda. Hablacuc, tanto tú como Nico, sois duros, estáis hechos de un material duro, el mármol; yo soy frágil, estoy hecho de carne, un material perecedero, si no se le insufla vida se deteriora y se corrompe; no estoy hecho para perdurar, soy caduco; vosotros estáis destinados para la eternidad, para resistir al tiempo, sencillamente os habéis quedado a punto de... y yo estoy a punto de...pertenecemos a futuros inmediatos, a lo que nos pueda acontecer dentro de cinco, seis, siete... segundos o dentro de un cuarto de hora, pero no más. ¿Cuánto mides? Calculo de uno noventa a dos metros más o menos, y ¿Niccco?  Él mide mucho más, unos dos metros, es corpulento, lo necesita para levantar un cuerpo muerto, yo mido menos ¡qué más da! ¡para qué entrar en detalles! ¿Sabes? Ni mi familia, ni mis amigos, ni mi empresa están enterados de estas visitas; las ignoran, y yo nunca les he hecho ningún comentario, es algo mío, personal, es un lapso en el tiempo, inexistente en una globalidad, ignorado entre los acontecimientos del día a día, de la cotidianidad. Vengo aquí cargado de prisas, pero sea como sea, intento venir. ¿Qué provecho saco de estas visitas? No lo sé; es lamentable el haber hecho esta pregunta, estoy pensando como hombre de empresa; éste siempre ve beneficios en todas partes y si no, abandona el objetivo y enfoca las miras hacia otros intereses; si mis allegados se enterasen me dirían que es una pérdida de tiempo y que no estoy para tales despilfarros; no lo considero así, no creo ni en tal pérdida y no me importa que lo llegasen a saber, creo que es mi secreto, por llamarlo de alguna manera, y aunque fuera un secreto a voces me daría igual, ¿ qué cuestionan la finalidad y la cordura de dichas visitas? Eso sólo me concierne a mí. Quizá venga aquí a encontrar respuestas a unas preguntas que en silencio me hago y que nadie me sabe responder, aunque aquí tampoco soluciono nada porque tú no hablas Hablllaqukkk y con Nikooo ya ni lo intento pues veo que está absorto en su tarea y sería inútil atraer su atención. Me conformo con el simple hecho de verme motivado a cuestionarme y a mantener la esperanza en lo de estar a punto de... “¿Dónde ha quedado mi prisa? Después de llevar un rato hablando me he tranquilizado y aquellas ansias por cumplir con un tiempo prefijado han amainado, como todo está a punto de... ¿Qué espero? ¿qué va a suceder? Si soy realista diría que nada, pero como en estos momentos me encuentro esperanzado diría que cualquier cosa de lo ya previsible: que Hablak hablará, que Miko logrará levantar a ese hombre y que yo me iré o me quedaré. Todo está a punto de suceder, quedan unos instantes nada más, a lo sumo minutos. Se me ocurre algo: ¿y si perdiera el  avión?, ¿y si estuviera a punto de perderlo? Podría pasar que tuviera que alterar toda una agenda de trabajo o sencillamente desdramatizar una situación a la que se le ha concedido demasiado interés y que sólo sería un retraso, una arritmia sin importancia en el latir cotidiano de una vida, pero de mí dependen muchas decisiones y la organización laboral de mucha gente; debo repetirme y convencerme de que no soy necesario, pueden pasar sin mí, me echarían en falta los primeros días, pronto cubrirían mi puesto con otro compañero. Tú ¿qué opinas, Jablakkk? No opinas nada  ¿no crees que sería interesante de que yo un hombre importante, de enorme responsabilidad, cumplidor de las normas laborales a rajatabla, exigente, cometiera un pequeño fallo y estuviera a punto de perder el avión, consciente de lo que eso significa, y transgrediera una rutina, un ritmo de aceleración y que pusiera como disculpa una excusa tan poco lógica como que  “he estado a punto de”? “ No, señores, estoy a punto de... Estoy a punto de... no, señores, seamos más internacionales, ya que somos una empresa multinacional, seamos más universales, hablemos en las lenguas en las que nos desenvolvemos, practiquemos el don de lenguas, repitan conmigo: “ estar a punto de” “être sur le point de” ‘to be about to’ ,drauf und dran sein zu’ “essere sul punto di”, señores, estoy a punto de..., a punto de...a punto de...de...”. Así me expresaría ante el comité general de empresa, pero me quedaría congelado en ese punto, en ese instante, en esa décima de segundo en el que la rabia se paraliza, se frena en la garganta y permite a las palabras que contengan su ira. Jablakkkuppp, ¿no estaré harto de todo esto?¿ No crees que debería dejarme de tantos remilgos y lo que es un futuro inmediato se convirtiera en un presente real y verídico? Decirles que ya está bien de exigencias, de majaderías y que, como un niño cuando se emberrincha, sólo quiere peace, peace, peace, pice, pice, pice, pi:s, pi:s, pi:s, pis, pis, pis. Seguimos erguidos, los tres seguimos erguidos, de pie, manteniendo el tipo y no desfallecemos y  ¿si cantáramos?, ¿qué te parece? No es mala idea, pero el único que terminaría haciéndolo sería yo, tú no estás por la labor y Mikkko  ¡ya ves! A lo suyo. Si supiera que cantándote te ayudaría a hablar, no lo dudes que lo haría, te cantaría en voz baja y, para no llamar la atención, al oído, a pesar de que estás tan alto me las arreglaría para que mi canto fuera como un susurro. Sabes que me encantaría; hace tanto tiempo que de mi boca no salen unas notas armoniosas; mi voz se ha convertido en una especie de máquina de dar órdenes, mis palabras configuran frases en códigos preestablecidos y empleados según las profesiones, la mía tiene los suyos propios. Día tras día, una serie de situaciones desencadena un vocabulario y una frases que sólo permanecen en la superficie, órdenes o decisiones siempre en beneficio de la empresa, claro está, y si en algún momento aparece una grieta por donde aflora un sentimiento rápidamente ésta es cubierta por un pase instantáneo de indiferencia. En casa que es el lugar en donde la confianza desnuda las manías y las anima a sincerarse, yo no tengo tiempo, miento, sí tengo tiempo; pero estoy casi siempre agotado, hablo con mi esposa sobre los acontecimientos diarios de la vida familiar y en el transcurso de la conversación, si me abandona el interés por lo comentado, un derrumbe interior se produce en mí causado por el cansancio, sumergiéndome en una somnolencia con la cual la lástima que por mí siente mi esposa no osa enfrentarse. Es chocante que venga aquí a reconocer que me gustaría cantar, que me gustaría que cantáramos, tal vez porque te veo inmóvil y  “a narices”, perdona por la expresión, me tendrías que escuchar, ¡a todo el mundo le gusta que le escuchen! O  ¿a ti no? Piensa que estás a punto de...a punto de...de...de... Piensa que aquí el único que está dispuesto a escucharte soy yo. Hace tanto tiempo que no canto, creo que desde que mis hijos eran pequeños; entonces aún disponía de tiempo y de ganas, ahora ya no me motivan; indudablemente han crecido y están en esa adolescencia en que la fantasía infantil se ha perdido y esa frágil e incipiente cordura les llevaría a pensar que su padre se ha vuelto un poco majareta. Siempre cantábamos algo antes de que se acostaran; ahora casi ni los veo y cuando por casualidad me topo con ellos en casa me resultan casi seres extraños, aunque instintivamente algo me dice que son mis hijos. Mi tiempo marcha a un paso más acelerado, su tiempo no alcanza al mío, nunca llegan a igualarse; yo no puedo ralentizar y ellos no pueden apurar; está visto que no sincronizamos, los pierdo y me pierden, nos perdemos; yo pierdo, tú pierdes, él pierde, nosotros perdemos, vosotros perdéis y ellos pierden. Siempre hay algo que perder. Hasta yo puedo perder mi avión  ¿por qué no? Ablakkkukkk  ¿por qué no me hablas? ¿Por qué te niegas a hablar? Yo sé que durante tu vida “activa” fuiste profeta y los profetas, no lo negarás, siempre han tenido mucho pico; disculpa por decírtelo tan clara y familiarmente, es verdad, ¿por qué ahora no decides romper con tu vida “pasiva” y volver a la  “activa”? Te lo digo por activa y por pasiva, o como quieras, por pasiva y por activa  ¿por qué carajo no hablas de una vez? ¡Mira que eres tozudo! Pues a eso no hay quien me gane. Ya sabes que recuperar las buenas costumbres, siempre sienta bien ¿o no? Además te pasaste tu buen tiempo profetizando ¿ ya no hay nada más que profetizar? ¿Está todo dicho? ¿El verbo profetizar ha caído en desuso? O ¿hay miedo a que el profe atice? Los pro-fetos o pro-jetas siempre han atizado con la palabra; en cierto modo habéis hecho vuestra revolución muy sutilmente; como quien no quiere la cosa habéis alzado vuestra arma, que ha sido la palabra, para anunciar un futuro más o menos próximo o lejano, pero no inmediato; el futuro inmediato lo tenemos nosotros: Nico, tú y yo. Querido amigo, estamos a punto de... estamos a punto de... a punto de...punto de...de... de...estamos a punto de caramelo. Si tú no hablas, si Nicko no levanta a ese hombre de una vez y si yo no pierdo el avión ahora, no lo lograremos nunca... Para que veas, daré yo el primer paso: ya he decidido perder el avión, me quedaré aquí, mi futuro inmediato se ha convertido en un presente real, ¿a qué esperas?, ¿a qué esperáis?, ¿tienes miedo a perder algo? Más no puedo hacer. Ya no me quedan recursos para hacerte hablar; creo que lo he intentado todo; no se me ocurre nada, o tal vez sí, a lo mejor necesitas unas palabras mágicas que te hagan salir de tu encantamiento y las que me vienen a la memoria son las de siempre, las que sin querer te he estado repitiendo durante este encuentro: “ Hablakuk hablak”  “Hablakuk hablak” “Hablakuk hablak”  “Hablakuk hablak” “Hablakuk hablak”  “ Hablakuk hablak”  “Hablakuk hablak” “ Hablakuk hablak” “ Hablakuk hablak”  “Hablakuk hablak”  “Habla, habla de una vez o te maldeciré para siempre”.

1 comentario:

  1. Superdivertidas las paradojas de este verborrágico e hiperactivo yuppie en su encuentro con el profeta Habacuc, muy silencioso él en su existencia pétrea. Me ha encantado tu tierno sentido del humor respecto al pobre Nicodemo, congelado en el esfuerzo permanente por el genio de Miguel Angel. La verdad es que tu destreza en enredar y desenredar las palabras, explorando las sus posibilidades ocultas a través de juegos de significado está alcanzando cotas memorables. Felicidades.
    ¡Ah!, yo también voy religiosamente al Prado a saludar a mis cuadros favoritos en todas las ocasiones.

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