viernes, 8 de enero de 2021

EL BICHO

                                                                              

                                                                         S/T- R. de Lege

………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimiera non si commove all’ira nel generoso cor………………………………………………...........................................................................................................................................................................................................................................................Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira nel generoso cor……………...............................................................................................................................................................................................................................................................................................................Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira nel generoso cor (El león que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve, su corazón generoso no lo incita a la ira). ¿Quién me llama? ¿Quién insiste en despertarme? Dejadme en paz, en esa paz que yo no supe dar, que no supe crear. Hace algún tiempo, sin concretar porque para mí éste carece de medida, oigo una voz que me reclama, que intenta despertarme de este letargo en el que la justicia de los hombres me ha sumido; no reprocho nada, bien merecido lo tengo, han sido demasiado generosos conmigo; la pena capital habría sido lo justo, todo habría terminado y esta perpetua agonía ya no existiría, mi tiempo habría caducado y yo con él, sería un recuerdo, un recuerdo no, una pesadilla cuyo principal mentor fui yo y de la que hice partícipe a parte de la humanidad……………Que nadie me llame, no existo, me niego a existir, no soy merecedor de la existencia, de ésa que convive y armoniza entre los seres humanos; fui, soy y seré una pesadilla, además de las gordas y como tal habita en el sueño, por lo tanto quiero seguir inmerso en él; es el lugar destinado a los tiranos: vivir su propia pesadilla, un espacio irreal en donde tiene cabida toda clase de excesos y arrastradas por las cegueras de éstos las limitaciones humanas son aplastadas, ignoradas……………No quiero seguir hablando, ya hablé demasiado y con mi palabrería engañé a todo ser vivo. Como mejor estaría es callado. Vivo en esta celda desde hace tiempo, es una celda que pertenece a una cárcel de alta seguridad, indudablemente el lugar idóneo para un peligro público como yo; todos los que aquí moramos somos de la misma calaña, de una especie innombrable, seres nefastos que hemos acarreado desgracias por donde hemos pasado; sé que soy el peor de todos ellos, además con mucha diferencia, soy la “joya” que aquí se custodia con más esmero, un ejemplar único e irrepetible digno de estudio, el bicho principal de una fauna que nunca debió haberse originado. Por antonomasia soy “el bicho”. Mi celda está apartada de las demás, en un pabellón distante, alejado de todo contacto con el resto de reclusos; soy observado día y noche por guardianes y cámaras; me da la sensación de que cualquier cosa que hago es reparada, analizada al máximo, pero yo no hago nada, me limito a vegetar, las funciones mínimas de una existencia: comer, dormir…y poco más. Comer, como poco, dormir mucho, duermo en mi pesadilla. A veces, a lo lejos oigo voces imperceptibles; lo normal es permanecer en silencio y en soledad. A decir verdad lo agradezco, después de haber vivido en el tumulto, en la apoteosis y gritos de delirio, en la puesta en escena de mis discursos y todo lo que éstos ocasionaban, un tiempo de paz me lo merezco…No, no, no, hasta ni eso, no me lo merezco, yo no merezco nada y lo que hago al pronunciar la palabra “paz” es mancillarla; no debería existir en mi boca, de por sí representa el logro del que cualquier mandatario podría sentirse orgulloso, éste no es mi caso. Vivo en ese silencio y soledad que me proporciona el sueño o un duermevela o un atontamiento…o…o…o…un alelamiento. Un a-le-la-mente. Un a-le-lo-mente. Un a-le-li-mente. Un a-le-le-mente. Un a-le-lu-mente. Mi mente se alela. Soy demencial, lo sé. No quiero que nadie se compadezca de mí, no lo merezco, ya me basto yo para eso. Llevaba tanto tiempo sin pronunciar palabra. ¿De dónde proviene esa voz que me llama? Nunca nadie se había dirigido a  mí cantando, con tanta dulzura y sosiego. El contacto con seres humanos, por lo que a mí respecta, es nulo; me refiero a una comunicación verbal: intercambiar frases, saludos o alguna fórmula de cortesía…con los guardianes no existe, es un lenguaje de signos, gestos e insinuaciones que adivino; nunca han tratado de hablar conmigo ni yo con ellos, lo deben tener prohibido, soy un proscrito. Del mundo exterior no recibo visitas, mis más allegados reniegan de mí, huyen despavoridos ante mi proximidad; antes en mi apogeo no me dejaban ni a sol ni a sombra, me camelaban, me ensalzaban y casi ni a solas podía mear sin estar rodeado de un séquito de ayudantes y aduladores; no me hacen falta, no nos hacemos falta y entiendo que me repugnen; el tiempo y la cordura me han desenmascarado, han sacado a flote mi política nefasta, mis engaños y con ellos mis crímenes; el pueblo se ha despojado de aquella venda que cubría sus ojos y ha visto con claridad “el bicho” que conducía sus destinos. Nunca quise a mi esposa, nunca quise tener hijos, en el fondo de mi psique sabía que yo no era trigo limpio, disfrazaba mi vileza con la apariencia del triunfo, de ahí la decisión secreta de no procrear, de no transmitir a mis vástagos la maldad que en mí subyacía. Mi esposa fue otra víctima, sometida a mis caprichos formaba parte del delirio, de esa pareja ideal que representábamos porque nuestras apariciones públicas eran auténticas actuaciones, rebosábamos felicidad, deslumbrábamos con nuestra pose, la luminosidad que desprendíamos desde nuestro podio cegaba a las multitudes, pero una vez que el telón  se bajaba y nuestra imagen no se  proyectaba hacia un auditorio sino uno ante otro, esa pareja se enfrentaba a la lasitud, a un rápido distanciamiento, hasta que uno perdía de vista al otro y cada cual volvía a sus andadas, la función había concluido. No sé cómo me aguantó, en realidad yo solamente amaba el poder, esa avidez de querer siempre más y más, el nunca estar satisfecho con lo logrado, pero la avaricia rompe el saco, es verdad. Aquí adentro el tiempo pasa según mis estados de ánimo, a veces lento y otras rápido, impera lo primero; la luz que penetra por la ventana me indica las fases del día, más o menos por su intensidad calculo si puede ser la mañana, el mediodía o la tarde, llegada la noche todo se convierte en boca de lobo, con la madrugada algo en mi interior se reaviva al estar en ciernes el día, pero una vez que soy consciente de mi ser y mis circunstancias la apatía reaparece y me dejo llevar por el tedio. En esta prisión hay un gran patio interior, casi todos los días, si el tiempo lo permite, me conducen a él para caminar y agilizar las extremidades; siempre estoy solo, los otros reclusos salen a otras horas, no puedo contaminarlos. Mi caminar es pausado como si portara sobre los hombros una carga pesada, si bien externamente no se nota ese fardo, mi conciencia sí acarrea el peso de mis crímenes; cabizbajo arrastro los pies, me cuesta levantarlos y cada paso que doy es como si en el intento impulsara el peso de mis víctimas. Soy un hombre cargado de  muerte. Soy un “bisho” cargado de muerte. Soy un “bisho” “cagado” de muerte…Ya está bien, quiero dormir, olvidarme de la realidad, volver a mi pesadilla; no debería haberle hecho caso a esa voz que me despertó, tampoco sé a ciencia cierta si estaba dormido porque a veces y en mi persona la realidad y el sueño se confunden; aparte de la insistencia y la dulzura de la voz al captar la palabra “león” algo en mi interior se sobresaltó, en otro tiempo habría rugido, ahora ni fuerzas tengo y si algunas quedan son para evocar recuerdos. Durante mis años de poder al principio me mostré suave y conciliador, más tarde mostré las garras y me convertí en un fiero león, despiadado, usurpador de almas y bienes, en mis ideas políticas me vi apoyado por una serie de fanáticos que ante cualquiera de mis delirios veían el cielo abierto para llevar a cabo aberraciones que se incubaban en sus mentes enfermas. El poder, la enorme avaricia que éste contiene, hizo borrar de mi mente criterios humanitarios, olvidando éstos, y dejándome llevar por un descontrol que rayaba en la locura……………..quiero dormir, no quiero seguir hablando………………………………………Leon, ch’errando vada  per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira mel generoso cor.( El león que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve, su corazón generoso no lo incita a la ira)…¡otra vez! Esa voz me conmueve, agita mi alma…No merezco usar ese término, yo carezco de alma, soy un desalmado, un “des-almado”, ¿un “des-armado” también?, ¿yo un desarmado? Jamás, siempre estuve rodeado de toda clase de artilugios destructivos, ¡cómo me gustaban!; mi ejército estuvo muy bien provisto de los últimos avances en armas mortíferas; y yo, personalmente, eso era mi debilidad, siempre portaba una. Según las circunstancias la hacía visible o no, me daba seguridad. El temor a un atentado rondaba mi persona constantemente, aparte de mi séquito de guardaespaldas, el llevar conmigo un arma formaba parte de mi ser, podía ser como la extensión de un miembro, en este caso de un brazo, al cual recurrir en situación de peligro. Siempre fui muy belicoso y nada mejor que un arma para manifestar mi agresividad. Recuerdo de pequeño cuando estaba en el colegio y había disputas o peleas, allí estaba yo enzarzado en ellas, sinceramente no sabía cómo, pero allí estaba en pleno fragor de la batalla; era como algo premonitorio de un futuro que se avecinaba. ¡Quién me vio y quién me ve! Los años han pasado, mis fuerzas han mermado y una mirada hacia el pasado hace tremer mi cuerpo y mi conciencia…a veces me he preguntado si la he tenido…Cambiemos de tema, decía que era un “des-almado”, hablar de alma en mi caso me da escalofríos, prefiero emplear el término “psique”, es más científico y no tan humano…La voz que me canta habla de un tal León que al ver a un corderillo, su corazón generoso no lo incita a la ira…  ¡Anda ya! No lo dirá por mí; mi corazón de generoso no tiene nada, ni un pelo, y que no me hable de corderillos porque me he zampado a miles de ellos y me quedo corto en la cantidad…estas últimas frases las he pronunciado con orgullo, aún sigo siendo cruel. Mi celda es cuadrada igual que el cuadrado que proyecta la luz sobre la pared al entrar por la ventana. Me pongo de espaldas a ésta apoyado contra el muro y me siento en el suelo extendiendo la manta de la cama que me aísla del frío de la piedra. Cuando me canso de estar en esa posición me acuesto o me acurruco; el hacer de mí una especie de bola me agrada, oculto el rostro entre mis manos y esto me induce al sueño o a reflexiones sin sentido entremezcladas con angustia y opresión del corazón, me sobresalto y respiro profundamente, la sensación de ahogo, en estos casos, nunca me abandona; mi psique vive en un constante tormento, por muy tranquilo que parezca, continúa trabajando, aunque no sea a pleno rendimiento siempre está maquinando algo. Muchas veces por la noche, cuando creo que es hora de irme a la cama, prefiero quedarme aquí sobre esta manta y me acuesto sobre ella, de repente me despierto sudoroso, angustiado y me doy cuenta de que ya no estoy en el lugar donde había quedado; inconscientemente y en mis pesadillas anduve reptando por este suelo de piedra, arrastrando mi cuerpo y con él todos sus remordimientos. De esta celda han retirado objetos contundentes con los que pudiera hacerme daño, todo está pensado para que yo no me agreda; la idea del suicidio alguna vez ha pululado por mi mente, pero en mi caso no me parece factible; el suicidio es huir de algo o de alguien, yo no tengo que huir de mí mismo: si soy un bicho, fui, soy y seguiré siéndolo; si soy una pesadilla otro tanto de lo  mismo; el suicidio es huir de la realidad y yo ¿qué realidad tengo? ¿En qué realidad vivo? Fui una realidad, ahora soy un mal sueño, para ser más plurilingüe, como demostraba en mis discursos con la facilidad y el dominio que tenía de lenguas extranjeras, pura farsa, diría que soy “un cauchemar”, “ein Alptraum”, “un incubo”, “a nightmare”; ¡qué aliviado me quedo después de pronunciar estas palabras esforzándome en su pronunciación correcta! Esa pronunciación que me trae recuerdos de sus respectivas naciones y la codicia de poseerlas. Poseer, poseer, poseer, poseer, poseer, poseer, poseer, poser, poser, poser, poser poser, pues ser, pues ser, pues ser…¿Qué ser fui yo? Ansiar seres y tierras y todo lo que eso conlleva de muerte y destrucción, ciudades arrasadas y familias aniquiladas…He sido una mancha negra en la historia, cada vez que se pronuncia mi nombre, antes de que éste se manifieste surge un pozo de silencio en donde yacen todos mis horrores y de él surge un nombre, el nombre de un innombrable; para el futuro y después de los años ya pasados de mi mandato continúo siendo la representación del mal, mi figura, mi persona, una foto mía son la presencia del maligno, del bicho…Dentro de mí ¿no habrá ni un ápice de bondad? Sí, así es, si la naturaleza o los dioses no me dotaron con la más mínima porción de esta cualidad, no debería haber nacido, ¡cuántos habrán dicho esto mismo!, mi madre debería haberme abortado, ¡de haberlo sabido!... Pero yo sé que ella no lo haría, no, seguro que no, me adoraba, de todos mis hermanos yo era su niño mimado, sabía distribuir su cariño entre todos nosotros, sin embargo, hacia mí mostraba una atención especial, una protección porque era consciente de mi frágil salud y sin su ayuda no habría salido adelante…Falleció cuando yo había cumplido la mayoría de edad, me alegro de que no conociese mi transcurso de vida; al principio se habría ilusionado con mis éxitos, pero una vez que la verdad aflorara y mis artimañas saliesen a la luz la vergüenza la habría matada, mejor así, descansa en paz…¿Habré querido alguna vez a alguien? Sinceramente no, un no rotundo, tanto de mi padre como de mis hermanos me aparté un vez que mi carrera política había empezado, ni yo ni ellos manifestamos un acercamiento mutuo; mi esposa me abandonó cuando estaba en mi declive político, hizo muy bien, no nos aguantábamos, solamente la utilizaba como florero, como algo bonito para hacerse una foto; carecíamos de vida conyugal, al principio de nuestro matrimonio nos habíamos “tocado” algo, nunca existió pasión entre nosotros, al cabo de poco tiempo nos enfriamos y nos convertimos en dos témpanos de hielo el uno para el otro, es decir, un paripé. De mis colaboradores no confiaba en ninguno, si bien nos mostrábamos como en familia, la sospecha de la traición  se presentaba en mi mente conteniendo mi intimación; mantenía las distancias y mostraba cierta camaradería porque sabía que dependía de ellos, éramos arpías de la misma ralea; no pongo en duda de que algunos me admiraban, lo notaba, pero aun así, mi afecto se contenía…por lo que he llegado a la conclusión que no he sabido querer, algo tan innato en el ser humano y ni siquiera me he enterado a lo largo de mi vida; he comprado y vendido, he traicionado, he engañado, he matado, he experimentado las sensaciones más potentes y más viles y lo más elemental que es el cariño ni me ha sacudido, ¿de qué me ha servido el poder si no he saboreado el pan de cada día? Y todo esto me lo cuestiono al final de mi vida cuando debería haber sido el buque insignia de mi existencia; si hubiera sido así, no habría sembrado tanta destrucción a mi paso…La boca se me ha llenado de amargura, tampoco sé por qué estoy hablando tanto, llevo años sin decir nada; hubo un tiempo en que los medios de comunicación rivalizaban por una entrevista mía; yo nunca abrí la boca para nada, nada tenía que aclarar, lo que había sembrado había germinado y dado sus frutos y éstos se rebelaban contra mí; nunca había aceptado mis errores, nunca tuve la decencia de decir “me he equivocado”, un orgullo rastrero negaba de inmediato la verdad, me regodeaba en el silencio como fuente de duda y así he permanecido parte de mi vida en él. Aunque hablara mis palabras carecerían de valor, estarían impregnadas de falsedad porque estoy acostumbrado a hablar en público, a las  masas… pero ahora me estoy hablando a mí mismo, no tengo que engañar a nadie, ya me conozco, por fin en mis últimos años creo que he logrado tener una idea clara de mí y si no está muy clara me importa un bledo, el silencio de esta celda acepta cualquier declaración de intenciones, ¡qué no habrán oído estos muros!¡ Qué seres y qué conciencias no habrán abrigado! No necesito mucha luz para estar aquí, me basta con la que entra por esa ventana, mi compañero de celda soy yo, mí frente a yo, yo frente a mí, yo mí, mi yo. La ostentación me obsesionaba, vivía rodeado de lujo: las mejores casas, los coches más veloces, la ropa hecha a medida por los sastres más renombrados y como sobre mi persona ya no podía añadir más complementos, las joyas se las regalaba a mi esposa; ella tampoco se quedaba corta derrochando; cuando salía de compras era un peligro, no escatimaba en gastos, llegaba cargada de bolsas, gastaba a ciegas; es posible que esa ceguera ocultara tras de sí su infelicidad. Si me aguantó fue gracias a la vida material que le proporcionaba. En nuestras casas, varias, aparte de la oficial, las paredes estaban cubiertas de cuadros comprados por expertos asesores, pues nosotros no teníamos ni idea de lo que era pintura. Nos asesoraban, bueno, es un decir, ellos decidían y nosotros pagábamos; nunca se me olvidara, tuvimos una época en la que habíamos decidido adquirir obras de artistas de vanguardia: aquellas abstracciones, manchas, rostros torturados procedentes de éstas, colores chillones causaban en mi psique una auténtica tortura, eran la representación plástica de mi interior; había un cuadro con el que siempre me topaba de narices cuando salía de mi dormitorio por las mañanas, ya me amargaba la existencia y en un rapto de cólera mandé todo aquel arte imposible al sótano. De la noche a la mañana sustituimos nuestros gustos modernos por los clásicos y en las paredes se empezaron a colgar pinturas de temas mitológicos y paisajes, sobre todo paisajes crepusculares, que eran del gusto de mi esposa; en ellos había toda clase de “fauna olímpica”, los dioses pululaban por aquellos lienzos a su gusto; yo creo que nunca los contemplamos detenidamente; a decir verdad, no eran tan impactantes como los anteriores, como los de vanguardia. En una palabra, nuestra convivencia con las deidades clásicas “se llevaba”; si comparamos, a fin de cuentas nosotros también pertenecíamos a esa clase superior, el pueblo así nos consideraba; cada vez que estábamos sentados en el salón, nos deleitábamos con estar rodeados por una presencia tan distinguida; había una Venus que a mi mujer le chiflaba, no estaba mal, algo metidita en carnes, eso sí, pero resultona, se veía proyectada en ella, se hinchaba y se pavoneaba; era el único cuadro al que prestábamos cierta atención, el resto creaba ambiente. Visto desde la distancia, me parece una fantochada, una pantomima a la cual nos habíamos habituado, pero sin base alguna, sólo por el mero hecho de disponer de posibles, jamás me había interesado por el arte; para mí fue una afición tan repentina que con la misma rapidez con la que vino así desapareció de mi vida, igual que con tantas otras cosas; el poder me aportaba espejismos a los cuales mi naturaleza no sabía cómo responder. Creo que nunca estuve hecho para la paz sino para la guerra… ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay León cómo te viste y cómo te ves!, ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay León cómo me veo!, ahora estoy apaciguado, ¡qué remedio!, llegaron los años y mi espíritu guerrero se sosegó; desde esta celda el mundo se ve desde otra perspectiva, el tiempo se me entregó para que yo pudiera reflexionar, analizarme y analizar el mundo que creé, al comprobar la estela de destrucción y muerte que dejé, me entraron una ganas súbitas de dormir, de entregarme al sueño, a mi pesadilla; si no llega a ser por esa voz que me despertó, que me cantó suavemente y me sacó de mi letargo, seguiría hibernando…Mis manos están vacías, no tengo posesiones, todo lo perdí en el sentido más amplio de la palabra; me hubiese gustado escribir o dibujar algo en las paredes, los reclusos siempre lo hacen, pero a mí me falta el ánimo, ese ímpetu imprescindible para iniciar algo; como mejor me encuentro es sobre esta manta, en el suelo, arrastrándome o encogiéndome, los bichos es lo que hacen, las alimañas también. Este “bicho” está cansado, está cansado de no hacer nada, pero sí de hablar, todo este monólogo ha supuesto un gran esfuerzo para mí, llevaba tiempo en un completo mutismo, ¿sería la voz que me despertó la que me extrajo de mi sueño? Quizá; quiero echarme otro poco, acostarme sobre el suelo, aunque nunca paro, cambio de posición constantemente, el desasosiego nunca me abandona. Ahora prometo que me callo…¿y si me inventara algunas palabras mágicas para que me indujeran al sueño? Bishito, bishito, bishito, bishi, bishi, bishi, bish, bish, bish, bishshshsh, bishshsh………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Ma se venir si vede orrida tigre in faccia, l’assale e la minaccia, perché sol quella crede degna del suo furor…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………… Ma se venir si vede orrida tigre in faccia, l’assale e la minaccia, perché sol quella crede degna del suo furor…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………… Ma se venir si vede orrida tigre in faccia, l’assale e la minaccia, perché sol quella crede degna del suo furor. (Pero si ve acercarse un terrible tigre, lo agrede y lo amenaza, porque sólo a éste lo considera digno de su ira). ¡Qué sobresalto! Me había cogido el sueño y otra vez esta voz, insiste e insiste, ahora con más ímpetu; yo le agradezco este empeño que pone en despertarme, pero esta vez sí que me asusté, de golpe pensé que pasaba algo…Pues claro que si veo un tigre lo agredo y lo amenazo ¡faltaría más!...y es que sigo siendo agresivo, si bien de hecho ya mis facultades físicas no me lo permiten, mi mente aún  está por esa labor pendenciera, dispuesta a avasallar a alguien, ¿la cabra siempre tira al monte? Me lo he preguntado muchas veces y en mi caso estoy por creérmelo. Mientras estuve en el gobierno y lleve las riendas, nunca dejé a nadie que me pisoteara, de palabra o de hecho. Aquél que contradecía mis decisiones sabía que iba a ser aplastado…No me sé controlar cuando hablo de mi vida pasada. Nunca he asumido la derrota y no ha sido por falta de tiempo. Durante estos años de encarcelamiento he tenido momentos de sobra para reflexionar sobre mi vida y lo que yo supuse para mi pueblo; cuando creía ver ciertos claros en el cielo, oscuros nubarrones ensombrecían mi intelecto, al ver que mis ideas se ofuscaban y no llegaba a nada concluyente opté por el camino más fácil: dormir, dormir en mi pesadilla, el estar despierto suponía estar atontado. Mi vida actual es el atolondramiento…tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón, tolón tolón…me suena a repique de campanas; hace tanto tiempo que no las oigo, ese sonido me transporta a la niñez, ¡qué lejana queda mi infancia!; mi vida ha pasado por tantos altibajos que aquella época me parece como borrada de mi mente, como si no fuera mía o yo no tuviera infancia y, sin embargo, sigue presente en mí; su imagen de inocencia, ingenuidad, deslumbramiento del mundo, fragilidad, torpeza…conceptos que me gustaría especificar, pero por el desuso y el pisoteo que pude hacer de ellos me suenan a lenguaje ficticio…y algo de ellos aún tengo, sobre todo de los dos últimos; por mucho León que quiera aparentar, mis rugidos ya no son los que eran, ni apetito para comerme un corderillo ni energía para enfrentarme a un tigre; estoy acostumbrado a la palabrería, a las ínfulas, de eso viví durante parte de mi vida, ahora ya no tengo que convencer a nadie, a no ser a mí y yo soy león viejo, de boca para afuera puedo decir lindezas, pero mi mente me contradice y se rebela contra mi autoengaño…Tampoco hace falta un gran esfuerza para contemplarme, estoy decrépito, me he abandonado a mí mismo, ni ganas tengo de cumplir las normas mínimas de higiene, lo hago porque me obligan, porque estoy sometido a unas reglas que rigen en la prisión, las acato y eso es todo…¡¡¡ay, ay, León, quién te ha visto y quién te ve!!! Tú sometido, tú obligado, tú acatado…tutú, tutú, tutú, tutú y ahora a bailar; hasta mi conciencia se ríe de mí, yo que nunca la tuve y ahora para mofarse se apunta la primera; sé que me lo merezco, sé que el papel de víctima, en mis circunstancias, es el que mejor me va, el de león se lo dejo a la historia. Si paso la mayor parte del día aquí en mi celda, en penumbra, ¿cómo pasaré la noche?...Adivina adivinanza…adivina adivinanza…adivina adivinanza. No sé cómo de vez en cuando me entran estos desvaríos, ahora que me solté a hablar después de tanto tiempo dormido; la soledad también mina los comportamientos; un bicho aislado reacciona de distinta manera ante la sociedad. Mi vida entre estos muros es de completa austeridad: no hago nada, dormir o lo que es lo mismo: olvidar; yo me olvido, tú te olvidas, él se olvida, nosotros nos olvidamos, vosotros os olvidáis y ellos se olvidan, soy un individuo que hay que olvidar; al no conseguir pena de  muerte para mí, la justicia sentenció cadena perpetua. Esta celda me conserva vivo, igual que un atún en aceite; me dejan vestir de calle y como lo que me dan, tiendo a la frugalidad, no tengo mucho apetito, todo lo contrario que en mis años de esplendor, entonces comía como un cerdo hasta reventar, hasta en eso me mostraba como un auténtico bicho. No hay olvido que valga, el mundo no logrará borrar mi recuerdo de la faz de la tierra; las hice muy, pero que muy gordas y sin embargo, sé que hubo y que hay hombres que han aportado al género humano, con su labor en todas las artes, un equilibrio cósmico, un entendimiento entre ellos, creando una armonía de mente y cuerpo…¡¡¡Ay, ay, León, pero qué hiciste!!! ¡¡¡ Arrasaste con todo lo que se te anteponía!!! ¡¡¡ Deberías haber tenido un poco más de sentido común!!! ¡¡¡Fuiste un cabeza loca y ahora te lamentas!!!...Mi conciencia vuelve a la carga; lo sé, lo sé, lo sé y lo reconozco, en parte estoy arrepentido, pero mi orgullo no me deja aceptar esa otra parte de derrota; he subido muy alto para caer tan bajo. Envidio a esos hombres, hubiese querido ser uno de ellos, pero ya es demasiado tarde y mucho el daño para enmendarlo; seguro que colaboré en su destrucción y con mi ejemplo huyeron despavoridos…No hice una cosa al derecho, la única solución es ir a la raíz de la causa: no haber nacido…Quiero quedarme dormido, la cabeza me da vueltas y vueltas, mi mente está llena de caos, hay tanta contradicción en mi ser que necesito huir a mi sueño y quedarme a vivir en mi propia pesadilla; yo quería ser bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, bueno, gueno, gueno, gueno, gueno, gueno, geno, geno, geno, geno, que no, que no, que no………………………………………………………………………………………………………………………………………………………bueno, bueno, bueno, gueno, gueno, gueno, geno, geno, geno, que no, que no, que no……………………………………….no, no, no, no, no, no, no, no………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commove all’ira nel generoso cor ( El león que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve, su corazón generoso no lo incita a la ira). ¿Por qué esa voz tanto insiste en despertarme? ¿Y si le dijera que de corazón generoso nada de nada? ¿Se callaría? Bien pensado, me resulta agradable, hay una dulzura en ella que me ayuda a equilibrar mi negatividad; si ésta no me llegase a despertar, yo no hablaría, y el hecho de hablar significa de alguna manera que estoy vivo; los hombres y su justicia me condenaron a cadena perpetua, yo la he aceptado como una muerte en vida, creyendo que con no decir nada me sumía en ese silencio que ésta conlleva y de repente una voz desconocida, con su insistencia me agita y me confirma que en esa voz humana hay algo de generoso, de entrega por un desconocido, me provoca y empiezo a hablar, poco a poco voy soltando esa ponzoña que envenena cada uno de mis pensamientos y que me impide ver el mundo con la suficiente claridad; si yo desprendí y desprendo negatividad, eso no significa de que otros seres puedan desprender positividad, afabilidad, cosa que desconocía o no supe dar. Lo que me canta esa voz amaina las tormentas que turban mi mente y se exteriorizan en la posición de mi cuerpo: unas veces apiñado sobre sí mismo y otras extendido en el suelo, arrastrándome inconscientemente. En lo mucho o poco de vida que me quede me gustaría conocer algo de paz; soy el menos indicado para desear tal bien, sé que no lo merezco, como también sé que esa paz que anhelo sólo puede provenir del prójimo, de otro semejante que me demuestre esa generosidad que yo no supe dar, alguien desconocido que con su voz haga surgir en mí esa envidia sana, ese reconocimiento hacia una cualidad humana que supere a todos mis errores; entonces sabré que mi guerra ha sido inútil, que el mundo no sucumbió ante mi engaño y que por mucho que intentara ahogar al ser humano con mis artimañas siempre surge  un hálito de aire limpio, una voz que con su melodía, suaviza la mente. Tuve pasado, carezco de presente y futuro, ya no poseo nada y la vida que llevo se mantiene en unas normas oficiales impuestas que simplemente hay que cumplir, cualquier otra debilidad humana hacia mi persona, como puede ser compasión, generosidad…está fuera de lugar; lo único gratuito y que me reconforta es esa voz; no sé la causa, no sé los motivos que pueda tener, me da lo mismo, pero me da serenidad, amaina al bicho, el bicho ya no brama, el bicho habla, el bicho se expresa y dice lo que siente, el bicho reconoce las animaladas cometidas por él y en su nombre, el bicho se descompone: bicho, bicho, bicho, bizco, bizco, bizco, bizcocho, bizcocho, bizcocho, biz-cocho, biz-cocho, biz-cocho…bisho, bisho, bisho, biso, biso, biso…beso, beso, beso…¡¡¡Ay, ay, León, León!!! ¿Supiste alguna vez dar un beso? ¿Alguna vez valoraste lo que éste significa?...Otra vez mi conciencia, siempre regodeándose con mi desgracia. Ya estoy harto, no espero nada de nadie, a ver si mi conciencia se calla de una vez, no he pedido nada, esa voz surgió por su propia iniciativa, no porque yo haya solicitado su colaboración…A veces cuando despierto en el suelo aparezco en posición fetal, entonces recuerdo a mi madre, evocarla significa perder esa tensión, distiendo mi cuerpo que durante el sueño se había contraído y un alivio inunda mi ser; sé que ella me entendería, o al menos lo intentaría, me juzgaría y aunque llegase a ser severa conmigo, sus juicios de valor estarían impregnados de esa cándida compasión que una madre transmite a su hijo; me regañaría, pero en la modulación de sus palabras se inmiscuiría el perdón; lo aceptaría en silencio porque venía de ella, pero sería consciente de que no lo merecía; sé que la capacidad de perdonar de una madre es inmensa, pero la maldad que yo he sembrado no puede ser absuelta por nadie aunque sea un colmado de virtudes. Hablaría con ella, sé que le haría mucho daño, pero le reprocharía el hecho de haberme traído al mundo; aquel feto que ella llevaba en su vientre nunca debió ver la luz, esa luz del día que él ensombreció con su presencia…ella lloraría, lloraría a mares y yo me ahogaría en una líquida verdad. A pesar de la crudeza de mis palabras, es el único punto de referencia que me queda y al cual puedo agarrarme. Cualquier otro ser humano está fuera del alcance de mis sentimientos, no sé si los tengo, hacia ella sí. Llevo tantos años aquí adentro sin saber qué ha sido del mundo exterior; no recibo noticias, si algo capto es por comentarios lejanos que oigo a los guardianes, es como si estuviera enterrado en vida, ellos cumplen unas órdenes y mi condena  es como vivir medio muerto; mi otra vida, en caso de que la haya, va a ser como una prolongación de ésta, es decir, no me va a pillar de sorpresa. Mi cadena perpetua también ha servido de ejemplo para mis congéneres, en el fondo soy un espécimen raro, la historia tiene que saber que se me ha castigado, que soy un punto de referencia de lo que nunca se debe hacer; lo reconozco, pero les falta algo: deberían exhibirme en una feria, en una feria de los horrores y de los errores también……………..No puedo ser tan malo cuando una voz que canta ha sabido conmoverme y sacarme de mi propio pozo, quizá algo bueno aún conserve, ¿y si esa voz en vez de venir del exterior morara en mi interior y proviniese de los primeros instantes de mi vida, de los arrullos de una madre para poner en consonancia a su bebé entre el mundo uterino abandonado con la realidad del nuevo? No sé qué decir, algo en mí ha cambiado, eso es cierto; también me alegro de haber descubierto, aunque parezca una nimiedad, una voz y su canción, debe pertenecer a alguien y alguien debe haber compuesto su música y letra; hubiese dado parte de mi vida por haber sido yo el autor; no obstante me reconforta el saber la mansedumbre que puede aportar una melodía; creo que el mundo está en buenas manos, a través de esa música todo se ve con otros ojos; el bicho ahora está más manso, ¡ojalá la hubiese descubierto en mis años de furor! Ahora creo que al ser humano se le brindan una serie de herramientas para trabajar durante su existencia, yo escogí las armas y con ellas la muerte, otros escogen una pluma y un papel y con ellos la vida, en fin, ya no hay nada que hacer, no puedo retroceder y enmendar mis errores, pero estoy contento por haber experimentado un poco de sosiego y saber que mi “psique”…voy a cambiarle el nombre…que  mi alma conoce algo de paz; creo que no tengo nada más que decir, si me quedo en silencio esa voz volverá y me cantará; antes la rechazaba porque me sacaba de mi sueño, ahora la invoco para que me conduzca de nuevo a él; mis últimas palabras confesarán que fui, soy y seguiré siendo una pesadilla, por lo tanto errante volveré a ella porque le pertenezco, pero ya sin sobresaltos, una ligera luz de sosiego iluminó sus tinieblas…………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………..Leon, ch’errando vada per la natia contrada, se un agnellin rimira non si commonve all’ira nel generoso cor……………………………………………………………………………………………………………(499) Valer Barna-Sabadus, Hasse, Leon ch'errando vada - YouTube

 

Leon, ch’errando vada            Ma se venir si vede

per la natia contrada,              orrida tigre in faccia,

se un agnellin rimira               l’assale e la minaccia,

non si commove all’ira           perché sol quelle crede

nel generoso cor.                    degna del suor furor.

 

                                      Didone abbandonata( Drama per música,1742). Aria:”Leon che’errando vada” J. A. Hasse.

León que errante anda por su región nativa, si a un corderillo ve su corazón generoso no lo incita a la ira.

Pero si se acercase un terrible tigre, lo agrede y lo amenaza, porque sólo a éste lo considera digno de su ira.